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Cada día es más evidente que empresas, gobierno, ONG y las instituciones educativas deben colaborar para adaptar a la sociedad a los retos de la tecnología y la globalización.

 

Jonathan Doh es catedrático Herbert R. Rammrath en Negocios Internacionales y director docente del Center for Global Leadership en la Villanova Business School, además de profesor en Wharton School. Este prolífico académico formó parte del equipo negociador del TLCAN y es autor o coautor de más de 75 artículos publicados en las gacetas de negocios internacionales y administración, así como de nueve libros. También es un estudioso de la globalización y sus efectos en empresas y otras organizaciones sociales y políticas. Desde esta perspectiva comenta la necesidad de desarrollar un liderazgo dinámico.

 

¿El TLCAN ha sido un buen acuerdo para Estados Unidos? ¿Cuáles son las ventajas que ha tenido para los ciudadanos estadounidenses?

Sí considero que ha sido beneficioso para Estados Unidos. Pienso en los tres objetivos generales del TLCAN: primero, que las empresas estadounidenses tuvieran mejores condiciones de acceso a México y Canadá y, por supuesto, que las empresas mexicanas y canadienses tuvieran mejor acceso a Estados Unidos –algo que, sin duda, ha ocurrido–; el segundo era fortalecer y ayudar a racionalizar la manufactura en América del Norte, de manera que industrias como la automotriz pudieran competir a nivel mundial con las de otros lados, como Asia; el tercer objetivo, al que se le ha puesto menos atención, es crear un marco para que existieran mejores relaciones entre los tres socios de América del Norte en ámbitos distintos al comercio. Si consideramos algunas de las tensiones y conflictos que han surgido en el pasado entre los tres países, en mi opinión, el hecho de tener una relación comercial productiva hace más fácil abordar esos conflictos. En esas tres esferas considero que el TLCAN ha logrado su cometido para Estados Unidos y, de igual manera, para Canadá y México.

 

¿Qué futuro le espera al TLCAN? ¿Qué deberían aprender los actuales negociadores de las sesiones de 1994?

La pregunta es muy oportuna porque a unos pocos kilómetros de aquí los negociadores de Estados Unidos, Canadá y México se reúnen para abordar precisamente estos temas. Algunos tienen más que ver con una actualización técnica del acuerdo, para ponerlo a la altura de la forma en que han evolucionado nuestras economías desde principios de la década de 1990, que tienen que ver con las telecomunicaciones, el comercio digital, etcétera. Hay otros que considero que son temas más fundamentales y difíciles de abordar. Estados Unidos propuso incrementar las normas de origen en la industria automotriz, con el fin de seguir consolidando y asegurar que el valor que se añade en América del Norte esté en el nivel más alto que se pueda.

El riesgo que hay en ello es que, si el umbral es demasiado alto, perturbará las cadenas de suministro porque, aunque la industria automotriz de América del Norte está bien integrada, de todas maneras depende de partes y materiales de otras partes del mundo. Me siento optimista, los negociadores encontrarán una vía para avanzar en el asunto, pero creo que será una dinámica difícil.

 

¿Cuáles son las principales fortalezas y debilidades del entorno empresarial en México?

Yo pondría dos de las fortalezas en una categoría general, que tiene que ver con la productividad de la fuerza laboral. Tanto el TLCAN como las propias reformas internas en México trajeron como consecuencia que el valor agregado del trabajador mexicano promedio sea mucho más alto de lo que era antes. Es algo que podemos apreciar en una gran cantidad de industrias, pero yo regresaría a la automotriz como un ejemplo representativo. En México es una industria muy productiva, de alto empleo, de alto valor añadido y cada vez vemos más fábricas mexicanas que ascienden en la cadena de valor, de manera que Daimler y Nissan recientemente comenzaron aquí una empresa conjunta, con lo que reconocen que México es un lugar muy beneficioso para producir automóviles y productos de muchas otras esferas.

Sin embargo, como muchos mercados emergentes, tenemos interrogantes con respecto de la fragilidad institucional: la corrupción, el Estado de Derecho, la seguridad. No es algo exclusivo de México, son una serie de problemas que han afectado a muchos mercados emergentes en América y en todo el mundo. No será sino hasta que se logren resolver estos problemas, al menos de manera parcial, que México podrá desarrollar al máximo su potencial.

 

¿Qué trabajo podemos hacer para cultivar líderes con visión global? ¿Qué cambios puede hacer México para fomentar esta forma de pensar y actuar?

El ecosistema industrial mexicano sigue influido y dominado por las empresas familiares, y, en menor medida, por algunas empresas estatales –o su legado, como es el caso de Telmex– y aunque esos tipos de organización industrial tienen ciertas fortalezas, también tienen algunas debilidades. Una de ellas es que la innovación es relativamente lenta. Así que, a medida que la economía mundial se vuelve más dinámica y que el cambio y la rapidez se vuelven la norma, esas grandes organizaciones muchas veces no son tan efectivas para adaptarse o no logran moverse con suficiente rapidez. Por lo tanto, creo que transformar algunas de esas estructuras organizativas tradicionales en estructuras más dinámicas es, sin duda, una de las vías. Es algo que ya estamos viendo, ya hay evidencia de que está ocurriendo. La pregunta es si se da con suficiente rapidez.

 

Se está dando de nuevo un interés por la ética empresarial. Durante la última década, se han promulgado nuevas leyes para abordar esta cuestión; sin embargo, seguimos viendo gran cantidad de escándalos en el mundo empresarial a nivel mundial. Entonces, ¿qué es lo que no está funcionando con la ética empresarial? 

Es un tema escurridizo y de largo plazo. Da la impresión de que logramos un cierto avance y luego pareciera que ese avance se erosiona con los escándalos. Así que voy a separar por un momento la ética empresarial y la responsabilidad empresarial. En mi opinión, la ética empresarial es una cualidad individual, influida por la institución en donde la persona trabaje. En otras palabras, si una empresa es muy permisiva con respecto de la ética, sacará lo peor de la gente, de modo que hay una relación entre los dos aspectos. Creo que las empresas deben ser muy claras e inequívocas con respecto de lo que van a tolerar y actuar en consecuencia. Muchas veces esto requiere sacrificios: despedir gente para demostrar y mandar un mensaje tanto a los trabajadores como a los ejecutivos que eso simplemente no se va a tolerar.

Por el lado de la responsabilidad social empresarial, considero que es más un atributo de la organización. Es lo que involucra todo aquello que las empresas pueden hacer de manera positiva. Entonces, la ética es para evitar el mal comportamiento, y la responsabilidad empresarial es para promover el buen comportamiento. Yo soy un gran partidario de la idea de que las empresas vean más allá de sus obligaciones con los accionistas.

Sé que esto es parte esencial del espíritu ético del IPADE. Lo que me parece muy emocionante es que haya investigadores como yo que están empezando a demostrar los beneficios estratégicos y económicos de obrar bien. Así que, por supuesto, viene de una consideración moral y el reconocimiento de las obligaciones de la industria y de las empresas para con la sociedad, pero resulta que también es benéfico para el aspecto comercial. Resulta positivo para el negocio porque los clientes y los proveedores quieren establecer relaciones comerciales con empresas que contribuyen de manera positiva a la sociedad. También constituye una suerte de póliza de seguro ya que, cuando las cosas salen mal, quizá no se castigue a la empresa con tanta dureza, ya que la gente diría: «bueno, se trata de una empresa con una buena esencia en la que quizá una persona cometió un error». Por tanto, creo que esto está aquí para quedarse. No me parece que se trate de una moda pasajera. Esto es cada vez más parte de lo que representa ser un buen ciudadano corporativo.

 

Podríamos decir que hay esperanza. ¿Cómo se integran las ONG en toda esta interacción entre las empresas y el capitalismo? ¿Qué papel tiene este tipo de organizaciones?

Como sabes, es una de mis áreas de interés en la investigación, y también creo que es muy emocionante. Veinte años atrás, cuando empecé a reflexionar sobre las ONG y los grupos de promoción de políticas, había mucha tensión y conflictos entre las empresas y estos grupos. De hecho, creo que si hablaras con la mayoría de los ejecutivos, dirían que esos grupos son antagónicos, críticos y quizá interfieren con el buen desempeño de las empresas. Sin embargo, creo que ambos sectores han cambiado desde entonces. Las empresas se están abriendo y se dan cuenta de que, de hecho, nos gustaría hacer más por la sociedad, pero no siempre sabemos qué hacer. Creo que las ONG se han dado cuenta de que las empresas no son el enemigo. Podemos trabajar con los mercados y utilizar incentivos económicos para intentar lograr metas en los ámbitos social y medioambiental. Es así que empezamos a ver acuerdos de colaboración entre las empresas y las ONG, alianzas que pueden lograr cosas que ninguna de las dos partes podría lograr por sí sola.

Un ejemplo: Coca-Cola, sin duda una empresa enorme aquí en México, y el World Wildlife Fund han sostenido una alianza de largo plazo, que involucra temas vinculados al agua y al cambio climático a nivel mundial. El World Wildlife Fund tiene mucha experiencia en la protección del agua potable y ayuda a Coca-Cola a utilizar sus recursos hídricos de manera más eficiente. Coca-Cola ayuda a WWF en temas de marca, comercialización y algunos de los aspectos que involucra el ser una ONG de alto reconocimiento. Se trata de una alianza en la que cada una de las organizaciones puede aportar algo, como las alianzas en el ámbito empresarial.

 

¿Podemos y deberíamos trabajar de manera conjunta para tener una mejor sociedad?

Así es. En el ámbito empresarial, sabemos que la colaboración puede ser muy eficaz si se estructura bien, y la colaboración entre distintos sectores también creo que puede ser muy eficaz y tener un gran impacto. Además, creo que hay un beneficio adicional en el hecho de que a la gente del sector empresarial le entusiasma trabajar con las ONG. Les da un nuevo sentido de propósito. Les da una razón para ir a trabajar que no involucra sólo lograr números, sino tener oportunidad de hacer algo que quizá sale de los alcances de su trabajo cotidiano. Así que me parece algo ventajoso para todas las partes.

 

El contexto no siempre es tan favorable. Con el auge en los movimientos contra la gobalización y los sentimientos nacionalistas, ¿qué medidas podemos adoptar para avanzar hacia un capitalismo mundial más equitativo?

Creo que todo se reduce a la educación. Entre ciertos sectores de la sociedad simplemente hay desacuerdos fundamentales sobre la migración, el comercio, la inversión, la globalización y la inmigración. Muchos economistas han demostrado que el problema, o la dificultad para la industria tradicional en Estados Unidos y Europa, no radica en la globalización, sino en la tecnología. La tecnología nos está ayudando a ser más eficientes, así que necesitamos menos trabajadores para producir la misma cantidad de bienes. La idea de que la producción en Estados Unidos ha disminuido es un mito; estamos produciendo más que nunca, pero estamos utilizando menos trabajadores para producir más. ¿Qué tenemos que hacer? Tenemos que capacitar a los trabajadores para otros tipos de empleos: en los ámbitos de la atención sanitaria y de la tecnología.

La educación es importante en términos de ayudar a las personas a entender mejor las realidades y las dificultades que representan la globalización y otros problemas derivados de ésta en temas de migración. La educación también es importante para atender la situación de aquellas personas que se han visto desplazadas tanto por la tecnología como por la globalización. La clave para intentar trascender las dificultades en que nos encontramos radica en la información, el conocimiento y la educación, en términos de impulsar el comercio, la globalización y la apertura.

 

Sí, quizá es uno de los mayores desafíos que hay por delante para la economía mundial: qué hacer con la tecnología, con el nuevo entorno empresarial, con la economía de la información. Es importante el papel de las empresas, las ONG, los gobiernos. Todos deberíamos de caminar juntos…

Estoy de acuerdo, y la educación superior, las universidades en lo general y las escuelas de negocios –como el IPADE y Wharton– en lo particular, tienen un papel que desempeñar en todo esto. Nosotros representamos un tercero que es neutral, no tenemos una agenda política, ni favoritos. Podemos no sólo ser árbitros independientes de la información, a través de nuestro análisis empírico, para revelar qué impactos tienen el comercio, la inversión y la migración, sino también reunir a las partes involucradas en programas como el Wharton – IPADE International Executive Development Program, para discutir estos problemas y llevar estos temas tan importantes a la agenda de nuestros líderes. Además, podemos hacerlo de forma equilibrada, sin que necesariamente se dé un sesgo en alguna dirección. Por tanto, considero que la educación superior tiene un papel fundamental en estos debates y que las grandes escuelas de negocios como Wharton y el IPADE están a la vanguardia.

 

Usted mencionó que los fundamentos históricos son diferenciadores en los países en desarrollo. ¿Qué hay de la cultura y los valores?

Me parece que la cultura es un arma de doble filo. Puede ser una gran fuente de fortaleza, recursos y capacidades, pero también puede representar un freno para las sociedades. La clave está en tener la capacidad de integrar y aprovechar lo mejor de las distintas culturas. En una de mis presentaciones habló un poco acerca de Carlos Ghosn, el presidente y director general de Nissan y Renault. Es un tipo con un trasfondo multicultural que dirige dos empresas automotrices distintas: Nissan en Japón y Renault en Francia, y lo que dice es: «Quiero sacar y aprovechar lo mejor de lo que la ingeniería, la excelencia operativa y la eficiencia japonesa tienen para ofrecer; por el lado de Francia, el diseño, la creatividad y el futuro. Si puedo lograr que esos dos componentes funcionen juntos, tendré la mejor combinación. Tengo lo que necesito para crear productos automotrices de clase mundial para el siglo XXI».

Eso representa una buena lección para todos nosotros. No es que una cultura sea mejor o peor que otra. Cada una tiene algo que contribuir, pero en ocasiones tenemos que tomar aspectos de distintas culturas para lograr los mejores resultados.