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Por cada nueva regulación debería eliminarse otra, por lo menos, para dejar a las empresas cumplir su papel en la sociedad, plantea el ex CEO de Nestlé.

 

CEO de Nestlé desde 1997 hasta 2008, presidente de 2005 a 2017 y ahora presidente emérito de la firma, Peter Brabeck-Letmathe es vicepresidente del Consejo de la Fundación del World Economic Forum y consejero en empresas como Credit Suisse, L’Oreal y ExxonMobil. Algunas de sus ideas sobre responsabilidad social corporativa dieron pie a la teoría del Created Shared Value, que sitúa a la empresa como un miembro activo de la sociedad en la que se inserta.

En entrevista con istmo, se muestra un tanto optimista respecto de un futuro con mayor desregulación y abundantes oportunidades de negocio. En su opinión, si las grandes empresas no lo ven de esta manera, de todas formas hay una nube de emprendedores dispuestos a tomar ventaja de estos beneficios potenciales.

 

Por el entorno geopolítico que vive México, podemos caer en una parálisis: que el empresariado piense que todo está estancado. ¿Cómo buscar oportunidades en este entorno incierto?

Si nos referimos a la situación global, más bien señalaría que estamos en una situación privilegiada y positiva. La economía, después de la grave crisis financiera, está creciendo en todas partes: Europa, Estados Unidos, América Latina y Asia. Yo no observo un problema de estancamiento.

Quizá en México puedan plantearse situaciones complicadas por las relaciones con el vecino del norte. He escuchado lo que el presidente Trump afirma, no sé lo que piensa; y lo que afirma no es tan negativo como la prensa lo reporta. Señala que los tratados de libre comercio no han sido favorables para Estados Unidos y eso es cierto. Como presidente, él debe asegurar un mejor equilibrio. No le he escuchado expresar que esté en contra de los tratados; quiere conseguir tratados más justos para su país. Si tomamos sólo lo que él señala, la situación no es tan grave y espero que en las próximas semanas tengamos un mejor resultado para México.

 

Algo que debemos aprender de Nestlé es su forma de pensar, colaborar y crear entornos con los stakeholders. Por ejemplo, la relación con el gobierno. Desde tu experiencia en América Latina, ¿cómo enraizar esa mentalidad de colaboración en el empresariado?

La primera cuestión es convencerse de que la tarea de una empresa no puede ser exclusivamente crear valor para los accionistas. Una empresa firma un contrato con la sociedad en la cual está inserta, mismo que no está asegurado.

Cuando comencé a trabajar, existían muchos países donde no era posible la actividad de la libre empresa. Cuando tienes el derecho de trabajar, estás obligado con la sociedad, de la misma manera que lo estás con tus accionistas. Por eso se integra la relación de valor compartido, esencial para que una empresa pueda florecer en el largo plazo.

 

En Nestlé, ¿qué hacías para que eso fuera una realidad?

Esto comenzó en Davos, Suiza, hace algunos años. El tema a tratar era el de la responsabilidad corporativa frente a la sociedad. Creamos valor social a través de nuestro trabajo. Ése fue el inicio de la idea del «valor compartido». Este concepto debe integrarse a la estrategia empresarial. Cada vez que hacemos algo –construir una fábrica, lanzar nuevos productos, pagar impuestos, generar puestos de trabajo–, forjamos valor para la sociedad.

Tuve la suerte de que el profesor Michael Porter se entusiasmara con la idea, la hiciera suya y, con mi consentimiento, elaborara el Created Shared Value, un concepto que se maneja ya en 47 países, donde muchas empresas lo han asumido como propio.

 

En México tenemos un serio problema: la brecha entre el mundo académico de los jóvenes y el mundo laboral. Cuando Nestlé México se sumó a la Iniciativa por la Juventud, hubo mucha inquietud de que no se tratara de Created Shared Value, sino que más bien se alejaran de esta creación de valor compartido. ¿Es así?

De ninguna manera. La idea de hacer algo por la juventud comenzó realmente en Europa, y eso sucedió cuando en España había 54% de desempleo juvenil; lo mismo sucedía en Portugal, Italia y Grecia. Sabíamos que si no se hacía nada, perderíamos una generación completa, porque si no encuentras trabajo mientras estás en el periodo de los 20 a los 30 años, difícilmente lo encontrarás después. Ésa fue la inquietud con la que inició todo. En Europa, la creación de valor más grande para la sociedad fue ayudar a encontrar empleo a un gran porcentaje de esos jóvenes. Ha sido una parte integral de la noción de valor compartido.

 

En México los resultados han sido extraordinarios…

No solamente en México. Lo que comenzó como la iniciativa de una empresa, creció para reunir a muchas otras. Al día de hoy se ha logrado una enorme alianza que ha creado cientos de miles de empleos alrededor del mundo.

 

En nuestra región, ¿deberíamos creer en la autorregulación de los empresarios?

La situación ideal es sin duda la autorregulación, pero reconozco que existen momentos e instancias donde ésta no es suficiente. De vez en cuando, hasta quien se encuentra en un nivel muy alto necesita un poco de presión para ser todavía mejor. Diría que si pudiéramos llegar a un acuerdo en el cual, por cada nueva regulación pudiéramos eliminar otra, éste sería un buen compromiso.

 

¿Cuáles debieran ser los temas prioritarios en materia de regulación?

No conozco la situación de México, por eso comentaré el asunto en general. Creo que la transparencia de las empresas debe asegurarse. Esto se refiere no únicamente a las cifras financieras, sino también al resto de lo que la empresa hace o no hace. Con esto regresamos al concepto de valor compartido. Si uno lo abraza, dispone de objetivos, metas y público con los cuales comprometerse. Después, hay que evaluar logros contra metas. Esto se traduciría en transparencia. Al mismo tiempo, es fundamental que exista más transparencia en la regulación misma. Contamos con muchas regulaciones que no sirven para nada y que asfixian al sector empresarial. De ahí mi propuesta de que, si se establecen más regulaciones, desaparezcan otras.

Donald Trump prometió que por cada nueva regulación se eliminarían dos. A la fecha, han eliminado 20 por cada nueva. Esto es lo que posibilita mayor oxígeno a la empresa, gran posibilidad de crecimiento, mejor ambiente para emprender. Es la primera vez que existe desregulación en Estados Unidos.

 

¿Cuáles crees que son las fortalezas de México, al momento de describirnos como casa de empresas globales?

No conozco el caso de México, pero en general el empresariado y también los políticos están hoy en día más preocupados por los problemas que por las oportunidades. Durante mi carrera profesional no había visto tantas oportunidades como hoy en día. Pero tampoco había observado tantas empresas a la defensiva, preocupadas, perdiendo el tiempo en consejos, reuniones, para ver cómo afrontar problemas y resolverlos, en lugar de ocupar ese mismo tiempo en aprovechar las oportunidades existentes.

 

¿Cómo modificar ese modo de pensar?

Lo interesante es que existe –en Estados Unidos, en América Latina– una enorme cantidad de jóvenes que sí perciben esas oportunidades. Advierto el surgimiento de muchas startups, sólo en el área de alimentos. Observo a jóvenes llenos de ideas, en contraposición a la mentalidad con visión problemática que noto en empresas ya establecidas.

Si revisas la lista de los Fortune 500 de 2000 a la fecha, puede constatarse que 53% de las empresas grandes ha desaparecido. Al mismo tiempo, existen cientos de miles de empresas nuevas que poseen ya un crecimiento absolutamente fantástico. Eso me muestra que quienes están pendientes de las oportunidades, las encuentran y los que ven problemas, se paralizan.

 

¿Cuál es la responsabilidad de las escuelas de negocios para formar empresarios con mentalidad de oportunidades y no de problemas y pesimismo?

Creo que tienen una responsabilidad formidable. Lo primero que le diría a un joven es que del pasado puedes aprender de las fallas, lo que no se hizo bien, para no repetirlo; pero no encontrarás ahí las soluciones ni los insumos para el futuro. El análisis hacia atrás debe ser simplemente un ejercicio intelectual. Es importante también que los jóvenes desarrollen y presenten proyectos para el futuro, y que alguien pueda revisarlos y criticarlos. Aquí habría material para trabajar con ellos.