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Algunos cafés de la ciudad de Buenos Aires fueron el punto de encuentro de grandes músicos, el espacio de debate de importantes escritores o lugares de tertulia de actores y políticos. Conocerlos y compartir la atmósfera de las charlas de café, disfrutando de un clásico «cortado», es ritual obligado para los viajeros que gustan de actividades sencillas para vivir la ciudad como todo un porteño.

En la ciudad de Buenos Aires decir «vamos a tomar un cafecito» tiene implicaciones mucho más allá que el hecho de beber una taza con un líquido oscuro y con cuerpo, proveniente de granos de café tostados. Significa pasar una tarde de amigos, reunirte con esa persona que te hace sonreír prácticamente por todo o ponerte al día con esa amiga que no ves en años. Para los porteños es algo tan especial que en 1998 crearon la Comisión de Bares Notables –en BsAs los cafecitos se conocen como bares– quienes se encargan de elegir a los bares que por su historia o arquitectura son considerados de gran valor para el patrimonio cultural de la ciudad.

Hacer un recorrido por estos cafecitos es una excelente manera de conocer la ciudad y adentrarse en ella como un local. Las experiencias de viaje que parecen más simples son las que se guardan más profundamente en la memoria.

 

TANGO, HISTORIA Y CAFÉ

En pleno centro, en la Avenida de Mayo encontrarás al Café Tortoni, un lugar de reunión que lleva 160 años vigente entre el gusto de los porteños y que ha ganado fama entre los viajeros que van de paso por esta ciudad. Este establecimiento con pilares, mesas de mármol, sillas de madera, candelabros y su emblemático techo de vitral es fundamental para la historia literaria argentina. Autores como Jorge Luis Borges, Federico García Lorca y Julio Cortázar se reunían a llenarse de café e ideas para posteriormente plasmarlas de la mejor manera en la que sabían expresarse. También se cuenta que Carlos Gardel, el símbolo máximo del tango, visitaba a menudo el café y siempre ocupaba la misma mesa. Hoy en día sigue siendo muy popular y es visitado tanto por los nostálgicos de épocas pasadas como por los que están escribiendo la historia contemporánea. El Tortoni es uno de los pocos lugares en donde se siguen sirviendo leche merengada, una bebida popular en el siglo XIX. Su textura es similar a la nieve y está preparada con leche, clara de huevo, azúcar y canela. Un sabor de antaño con la receta perfecta para crear tus propios recuerdos de viaje. Para que tu viaje esté completo, no dejes de reservar una visita nocturna en el sótano del Tortoni, donde se presentan espectáculos de jazz y tango.

 

SABORES LEJANOS 

El Alvear Palace Hotel lleva 86 años en la capital de Argentina como un símbolo de elegancia. Destaca la ceremonia del té, al más puro estilo europeo, que se lleva a cabo todos los días en L´Orangerie, uno de los restaurantes del hotel. Sus grandes ventanales, las flores naturales y los manteles largos son el escenario perfecto para el largo desfile de pasteles, mini pâtisserie, tartaletas de frutas frescas y scones tibios preparados por su Chef Pâtissier. Para acompañar y resaltar el sabor de estas pequeñas delicias encontrarás los más preciados aromas de los tés verdes, negros y blends. Inés Berton, una de las especialistas de té con mayor reconocimiento en el mundo, creó una mezcla exclusiva para el Alvear. El primer paso es elegir las hojas más nobles de cada planta de té negro para después secarlas con métodos artesanales y así crear las hebras de té negro para combinarlas con almendras, cítricos del Mediterráneo y pétalos de rosas. Sin duda un té que merece una visita especial y el lugar ideal es el Alvear. Vive una tarde de té, enmarcada por lujos visibles y sensibles para quienes saben apreciar los pequeños detalles.

 

EL CAFÉ DEL TANGO 

Otro de los cafés tradicionales más populares de Buenos Aires es Los Angelitos, está en pie desde 1890 y aunque estuvo abandonado por quince años, recobró su esplendor en 2007 tras su reapertura. A este café le compusieron su propio tango que a veces inunda en ambiente con sus notas y letra ingeniosa. Sus paredes están decoradas por 350 fotografías históricas de la época en la que se inauguró pues no quieren que los parroquianos olviden que están en un café de relevancia histórica. Los Angelitos cuenta con una sala de espectáculos en donde se puede disfrutar de una cena a la par que se admira un espectáculo de tango de primer nivel. En un mismo espacio puedes tener una tranquila tarde de café o una noche de fiesta porteña.

 

UN LUGAR PARA VOLVER

En el corazón de San Telmo, el barrio donde se encuentra el casco histórico de la ciudad, está El Federal, un café con dos salones donde exponen carteles y fotografías de los años 20 y 30, así como antigüedades que sin proponérselo narran miles de historias del pasado. El Federal, es un buen lugar para comer, allí mismo se elabora de manera artesanal el pan, las pastas y las cervezas. Lo más tradicional es pedir una picada, que es una tabla con cantidades pequeñas de distintos alimentos como jamón serrano, tortilla de papa, lengua a la vinagreta, berenjenas en escabeche, jamón cocido natural, aceitunas rellenas, queso de campo y más delicias. Todos los ingredientes que se sirven son de la más alta calidad. Si prefieres comer pasta la recomendación son los ravioles fritos rellenos de ricota, siempre frescos y en su punto. ¿Y de postre? Un strudel de manzana acompañado por una fresca y burbujeante sidra casera. Pide a los meseros que te hablen sobre el pasado de este legendario lugar. La tragedia y el romance también son parte de la historia de El Federal.

 

TOQUE DE ANTAÑO

En un edificio color naranja que se erigió en San Telmo en 1850 se sitúa el Bar Plaza Dorrego. Por las mesas de este café pasaron autores como Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges, de hecho en una de las paredes podrás ver la foto del encuentro de estos dos escritores. El café conserva los muebles, cuadros y la caja registradora original que le dan una atmósfera de bar tanguero de barrio, no dejes de pedir un cortado o un submarino, bebida de leche en la que sumergen una barrita de chocolate para que se derrita sin prisa, al tiempo que lo bebes. El paseo continúa fuera del bar pues está ubicado justo en la Plaza Dorrego denominada como Sitio de Interés Cultural de la Ciudad. Los domingos encontrarás la Feria de Antigüedades para pasear y comprar alguna pieza única para llevar a casa.

 

BILLAR, PIZZAS Y EMPANADAS

La reciente remodelación de Los 36 Billares le devolvió la vitalidad de sus mejores épocas a finales del siglo XIX. Se sabe que Federico García Lorca era asiduo asistente de este particular billar. Actualmente es un lugar para disfrutar en familia, en el sótano se encuentran 17 mesas de billar y pool y una mesa de tipo snooker de 120 años de edad. Por aquí desfilan los campeones de billar a nivel mundial y no es raro que impartan lecciones en este arte pues también funciona como escuela de billar y pool. En la parte de arriba las delicias van de mesa en mesa. La especialidad en bebidas es el Café los 36 Billares que está perfumado con cognac, crema y canela. Las pizzas a la piedra y las empanadas harán que la experiencia sea además de divertida, deliciosa. ⁄