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En una casa junto a las vías del ferrocarril, en una familia dedicada al algodón y otros procesos agrícolas durante la Gran Depresión, nació Johnny Cash, un 26 de febrero de 1932. El futuro «rey del country» –nativo de Kingsland, Arkansas– tenía 6 hermanos y se dedicó primero al campo, además de trabajar ocasionalmente en una fábrica de automóviles, operar radios para la Fuerza Aérea y vender de puerta en puerta.

Cash resumía sus creencias espirituales con una frase: «Aún soy cristiano y lo he sido durante toda mi vida». Eso no significa que su relación con la fe no fuera dinámica, intensa e incluso contradictoria. Un periodista había escrito al respecto: «[Cash] cree lo que dice, pero eso no lo hace un santo». Otros incluso se atrevían a definirlo como «una contradicción ambulante».

Pero aunque la epifanía para vencer su adicción al alcohol y las anfetaminas ocurrió en una gruta de Tennessee en 1968, donde el cantante expresó sentir la presencia de Dios en su corazón gracias a una luz que lo guió fuera de la oscuridad, la espiritualidad de J.R. –como lo llamaban en casa– tenía profundas raíces familiares. El abuelo de Cash fue granjero y predicador itinerante a fines del siglo XIX en el sur de Estados Unidos. Cash lo recordaba como «un hombre que montaba a caballo y llevaba un arma, y que nunca ganó un centavo por sus prédicas».

Johnny Cash vivió una infancia nutrida de canciones góspel y radio. La primera que recordaba era «I Am Bound For The Promised Land», un himno sobre una tierra donde no habría pena, llanto, enfermedad ni muerte, y Jesucristo reinaría para siempre. Además, muchas canciones seminales de los músicos sureños que alimentaron el blues, del hillbilly y del rockabilly provenían de la cultura algodonera. El joven intérprete fue influido por las habilidades musicales de su madre (quien tocaba la guitarra y cantaba) y el gusto de ella por la música religiosa, así como por el recuerdo de su otro abuelo, John L. Rivers, maestro de música y cantante principal de su iglesia.

Cash acompañaba con su voz a su madre desde los cuatro años, en el porche frente a su casa. De hecho, antes de vender más de 90 millones de discos globalmente, Cash se había planteado ser cantante de góspel. El anhelo nunca lo abandonó y, tras su renacimiento en la fe, Johnny grabó un álbum de espirituales tradicionales titulado My Mother’s Hymn Book, como homenaje a los himnos que aprendió en su niñez.

En este disco, cuarta parte del boxset Unearthed, lanzado en 2004 luego del fallecimiento de Cash, se incluyen su versión de esa primera melodía de infancia («What would you give?»), espirituales negros como «I shall not be moved» (sobre la fe inquebrantable), clásicos de southern gospel como «Where we’ll never grow old» (sobre la vida eterna), populares himnos protestantes como «I’ll fly away» y otras como «I am a pilgrim» (con referencias a la mujer que tocó el manto de Jesús).

Cash era voz y ritmo desde pequeño. Cantaba en la casa, en el porche, en el campo, en todas partes. Cantaba con su hermana Louise. Cantaba hillbilly, novelty y góspel. Cantó al mudarse a Dyess, a 250 millas de su primer hogar, siguiendo el sueño familiar de la política agraria del New Deal y sus esperanzas de trabajo para los campesinos del sur estadounidense. En recuerdo de su hermano Jack, la familia cerraba la tarde de trabajo agrícola con «Life’s Evening Sun is Sinking Low». La primera vez que su madre escuchó su voz de adulto barítono le dijo a Johnny: «Suenas exactamente como tu abuelo. Dios ha puesto su mano sobre ti, hijo. Nunca olvides el don». Desde entonces, Cash se consideró más un portador que un poseedor de su voz.

Pero no sólo las reminiscencias de su infancia dan cuenta de la espiritualidad de Cash. Algunas de sus grandes canciones, largamente vivas en la música del siglo XX, se sostienen en la vida, la fe y los milagros experimentados por el intérprete. Resalta especialmente «Man in Black» (1971), una melodía de protesta en el contexto de la Guerra de Vietnam que enlistaba las razones del color de su atuendo e incluía en el corazón de su letra: «I wear the black for those who’ve never read/Or listened to the words that Jesus said/About the road to happiness through love and charity (…) Why, you’d think He’s talking straight to you and me.»

También sobresalen la emblemática «God’s Gonna Cut You Down», un potente tono confesional que llama a la redención y la justicia con base en el mensaje de Jesús; «Why me, Lord», nacida de la inquietud por las bendiciones recibidas o «Just as I am», sobre la expiación del pecado. Entre los afamados covers que Cash cantó, destaca su homenaje más contundente a los himnos tradicionales protestantes, «Amazing Grace», una pieza compuesta en el siglo XVIII por John Newton, un antiguo marino y traficante de esclavos que se convirtió en poeta y clérigo tras salvarse milagrosamente de un naufragio.

Cash grabó su propia versión de este himno de redención basado en los Evangelios de Lucas y Juan en su álbum Sing Precious Memories, dedicando la canción a su querido hermano mayor Jack, quien había fallecido por un terrible accidente con un molino cuando ambos eran niños en Dyess. La familia Cash solía cantarla en los campos de algodón y el intérprete la incluyó en su repertorio mientras recorría las cárceles estadounidenses a fines de los 60, porque la consideraba un himno liberador para el espíritu de la gente.

Al final de su vida, cuando Cash pasaba lista para agradecer las bendiciones que había recibido, la restauración de su vida tras sus adicciones y el fuerte vínculo con la naturaleza que sintió desde niño, escribió: «Puedo sentir los ritmos de la tierra, el crecimiento y el florecimiento y el decaimiento y la muerte en mis huesos. Cuando apretamos nuestras manos de noche en la mesa y pedimos a Dios el descanso y la restauración, ése es el tipo de restauración de la que hablo: Mantenernos como uno con el Creador. Descansar en los brazos de la naturaleza.»