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Apenas van tres ciclos electorales desde que se hizo posible que los mexicanos en el extranjero pudieran votar, algo a lo que aspiraban desde 1930.
¿Lo harán?

 

Este año, según el cálculo del Instituto Nacional Electoral (INE), más de 500,000 connacionales en el exterior votarán en las elecciones presidenciales.1 Este derecho se implementó por primera vez durante el Proceso Electoral Federal 2005-2006, cuando se contaron 32,621 votos desde el extranjero. Para el ciclo 2011-2012, este número aumentó a 40,714.2 Aunque ésta es sólo la tercera vez que se considerarán los votos de mexicanos que radican en los Estados Unidos, ¿sabías que desde 1930 la comunidad mexicana en el exterior quiso participar en las grandes decisiones políticas de México?

 

MEXICANOS EN ESTADOS UNIDOS
La historia de la lucha por el derecho de votar en el extranjero se originó a principios del siglo XX, cuando miles de mexicanos empezaron a emigrar a Estados Unidos. Dos causas impulsaron esta migración: la primera fueron los conflictos en México, específicamente la Revolución Mexicana de 1910. Esta década de guerra, inestabilidad social y caos revolcó al país por completo. Otra crisis fue la Guerra Cristera, entre 1926 y 1929, cuando el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles armó una guerra contra miembros del clero y la Iglesia Católica, resultando un éxodo hacia el norte y la pérdida de miles de vidas.

La segunda razón está ligada a las necesidades laborales del gobierno estadounidense. Al concluir la Primera Guerra Mundial, en 1918, se implementaron cuotas severas de inmigración. El número de inmigrantes europeos disminuyó y la mano de obra en los campos agrícolas del sur y medio oeste de Estados Unidos decayó. Por otra parte, durante la década de 1920 se restringió la migración de personas de origen japonés y filipino. La mayor parte de esta población también trabajaba en los campos agrícolas del sur. Consecuentemente, en los estados de California, Texas e Illinois, los sectores empresariales y agropecuarios reclutaron a mexicanos para trabajar en fábricas de acero, campos agrícolas y otros negocios en donde se necesitaba mano de obra.

Para 1930, más de un millón de mexicanos vivían en Estados Unidos.3 Desgraciadamente, muchos no escaparon dificultades o conflictos. La década de 1930 también fue difícil para ellos por la inestabilidad económica durante la Gran Depresión y por las redadas de deportación masiva a principios de la década. En 1931, por ejemplo, la población mexicana de Los Ángeles disminuyo 25% por causa de deportaciones y repatriación a México.4 Algunos se fueron a México por su propia cuenta, ya que el gobierno estaba facilitando y en ocasiones hasta apoyando el viaje de regreso a la tierra natal.

 

EL «MÉXICO DE AFUERA»
No toda la población mexicana se fue de los Estados Unidos voluntaria o involuntariamente. Algunas comunidades mexicanas permanecieron ahí, viviendo en pequeños poblados del sur y medio oeste, o en urbes más grandes como Los Ángeles, San Antonio, Nueva York, o Chicago. En 1930, por ejemplo, más de 150,000 personas de origen mexicano vivían en Los Ángeles, convirtiendo a esa ciudad del sur de California en la comunidad más grande de mexicanos fuera de su país.5 Las poblaciones mexicanas en ciudades grandes se consolidaron, crecieron y establecieron una conexión con la cultura y la política de México.

Pero también surgieron diferencias generacionales. Es decir, emergieron conflictos entre los hijos de los mexicanos que emigraron a Estados Unidos en las décadas de 1910 y 1920 y sus padres, abuelos y otros miembros de su familia. Los primeros, a veces conocidos como «pochos», «pachucos» o simplemente «mexicanos nacidos en los Estados Unidos», nacieron fuera de México y crecieron en una relación distinta con la historia y el país de sus padres. El nacionalismo de los pochos, por ejemplo, estaba en medio de ambos lugares. Ellos se consideraban, como dice la famosa frase, «ni de aquí, ni de allá». Los pachucos, en comparación, eran jóvenes que habían crecido en el sur de Estados Unidos y la zona fronteriza.

Aunque los padres de los pochos y pachucos eran el «México de afuera», también querían que sus hijos adoptaran ese nombre, ya que eran la generación «de la cual tanto espera México para el futuro». Eran personas que, «a pesar de nacer en tierra extraña» conservaban y deberían conservar las costumbres y la cultura mexicana en el exterior.6 La identidad cultural de la primera generación que había salido de México a causa de conflictos políticos, religiosos o para ir a trabajar en una fábrica en Chicago durante la década de 1920 era muy clara. Ellos habían nacido en México y, generalmente, tenían la ilusión de regresar ahí después de que se tranquilizara la situación política.

 

EN BUSCA DE UN HIMNO
Durante siglos, las migraciones han sido más que movimientos masivos de personas de un país a otro, también implican el traslado de costumbres, tradiciones, comida y manifestaciones culturales. Una de las maneras en que muchos mexicanos inmortalizaban su patria era celebrando sus días festivos como el 16 de septiembre o las posadas navideñas. También organizaban fiestas, festivales y eventos culturales en parques y espacios públicos. En la década de 1930 fue muy común invitar a grupos musicales, orquestas, artistas y cantantes de México para celebrar una fiesta en Estados Unidos. Uno de los grupos más populares de esa época fue la Orquesta Típica de Miguel Lerdo de Tejada, que visitó muchas ciudades de Estados Unidos. El «teatro hispano», como fue conocido, también fue muy popular por todo el país. En el sur de California, por ejemplo, la ciudad de Los Ángeles apoyó a cuatro teatros entre los 1910 y 1930.7

Otra manera de perpetuar las tradiciones mexicanas fuera de México era con música. La música mexicana, especialmente cuando era entonada por orquestas y bandas, reiteraba sentimientos patriótico. Para muchos miembros de la comunidad del «México de afuera» –padres e hijos– su identidad como mexicanos era evidente cuando, a través de una canción, recordaban y honraban a la patria, a México. En 1937, la comunidad de Los Ángeles y San Antonio organizó un concurso para el «Himno del México de afuera». Según las bases, «Los versos… deberán hablar de los anhelos y sentimientos de los mexicanos que viven fuera de la patria y desarrollan labor mexicanista en el extranjero».8 Con canciones vernáculas y corridos, comunidades mexicanas en todas partes de la unión americana contaban historias que glorificaban a México –particularmente la provincia y la vida rural– y tenían que ver con el deseo de regresar ahí en el futuro.

Los medios masivos, especialmente los periódicos en español, jugaron un papel muy importante para la comunidad mexicana. Además de ofrecer noticias locales e internacionales, publicidad, novedades, y artículos sobre la situación política y cultural de México, el periódico fue una herramienta para cerrar la brecha entre México y los Estados Unidos. Los periódicos de Ignacio E. Lozano, La Prensa de San Antonio, Texas, y La Opinión, de Los Ángeles, fundados en 1913 y 1926, respectivamente, tuvieron la mayor circulación en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX.

Para Lozano, fundador, editor, empresario y, para 1940, «defensor y patriarca del México de afuera», era sumamente importante usar las columnas de sus periódicos para recalcar la importancia de la Revolución entre la comunidad mexicana del extranjero.9 Su visión era utilizar La Prensa y La Opinión como portavoces para que los mexicanos pudieran «conservar no solamente la nacionalidad legal, sino todas y cada una de las características de su raza, que no están reñidas con el natural avance de la Civilización Occidental».10

A lo largo de 1930 y 1940, en discursos o eventos culturales, Lozano insistió en que los padres de familia que vivían en Estados Unidos impartieran lecciones nacionalistas a sus hijos y, más que nada, que a pesar de estar lejos de la patria, los esfuerzos de la comunidad fuera de México también eran importantes. A Lozano le importaba mucho que los mexicanos en Estados Unidos sintieran que su gobierno en México se preocupaba por ellos. Pero también, que el gobierno estaba interesado en que los ciudadanos mexicanos pudieran participar en el proceso electoral desde fuera.

 

ASPIRACIÓN PARA VOTAR
Un tema que se cubrió frecuentemente en los periódicos de Ignacio Lozano fue la posibilidad de extender el voto a la población del «México de afuera». Durante la primavera de 1930, líderes empresariales y miembros de la comunidad mexicana en Texas y California convocaron juntas para discutir el proyecto del voto de los mexicanos residentes ahí. «Los mexicanos residentes en este país –explicó La Prensa– tienen gran interés en las elecciones presidenciales de México y consideran que los cientos de miles de ciudadanos mexicanos que residen en Estados Unidos, deben gozar de las mismas prerrogativas que los mexicanos de México». Desde Estados Unidos, algunos de ellos estaban en contacto con un diputado, Gonzalo N. Santos, para que presionara al gobierno mexicano a modificar las leyes.11

Este movimiento no dejó de ser significativo para la comunidad. Casi una década después, en 1939, en un editorial titulado «Los derechos del México de afuera» se expresó claramente que, tomando en cuenta que el deseo de los mexicanos radicados en el exterior era regresar a México, deberían tener el derecho de votar en las elecciones nacionales. Ofrecerles esta garantía, según La Prensa, sería beneficioso porque en el futuro podría facilitar «una reintegración lógicamente orientada hacia el aprovechamiento de sus fuerzas.»12

Trágicamente, aunque los periódicos editados por Ignacio E. Lozano durante 1930 y 1940 informaron a la comunidad sobre sus derechos en el exterior y ayudaron a organizar y juntar personas que quería luchar por esa oportunidad, pasaron más de seis décadas hasta que este derecho fuera una realidad.

Hoy en día no se habla del regreso voluntario a México desde Estados Unidos, un tema que era común durante la primera mitad del siglo XX. A pesar de eso, la comunidad mexicana allá sigue teniendo muchos de los deseos que tuvieron en 1930: ser parte del proceso democrático de México y ejercer un voto que podría cambiar la vida de familiares y amigos que viven ahí.

No cabe duda que durante este ciclo electoral los medios masivos y las redes sociales jugarán un papel muy importante para la comunidad de mexicanos en el extranjero. Ayer como hoy, los medios de comunicación han ayudado a que la población del «México de afuera» se sienta conectada con el país de sus padres, abuelos y bisabuelos. Ojalá pueda seguir siendo así.

 


1 http://www.excelsior.com.mx/nacional/2016/04/12/1086013
² http://www.votoextranjero.mx/web/vmre/historico
³ Douglas Monroy, Rebirth: Mexican Los Angeles from the Great Migration to the Great Depression (Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1999); David G. Gutiérrez, Walls and Mirrors: Mexican Americans, Mexican Immigrants and the Politics of Ethnicity (Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1995).
⁴ Francisco E. Balderrama and Raymond Rodríguez, Decade of Betrayal: Mexican Repatriation in the 1930s Albuquerque: University of New Mexico Press, 2006), 136.
⁵ Albert Camarillo, Chicanos in a Changing Society: From Mexican Pueblos to American Barrios in Santa Barbara and Southern California, 1848-1930 (Cambridge: Harvard University Press, 1979); Ricardo Romo, East Los Angeles: History of a Barrio (Austin: University of Texas Press, 1983); Matt Garcia, A World of its Own: Race, Labor and Citrus in the making of Greater Los Angeles, 1900-1970 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2001); William Deverell, Whitewashed Adobe: The Rise of Los Angeles and the Remaking of its Mexican Past (Berkeley: University of California Press, 2005).
⁶ La Prensa. 18 de octubre, 1937. página 3 «Un ‘Himno del México de afuera’»
⁷ Nicolás Kanellos, A History of Hispanic Theater in the United States: Origins to 1940 (Austin: University of Texas Press, 1990), 21.
⁸ La Prensa. 18 de octubre, 1937. Página 3 «Un ‘Himno del México de afuera’»
⁹ La Prensa. 28 de enero, 1940. Página 1-2.
10 La Prensa. 23 de enero 1936. Página 3 «El próximo mensaje presidencial».
11 La Prensa. 14 de mayo, 1930. Página 1. «Se apoya aquí el proyecto del voto al ‘México de Afuera’»
12 La Prensa. 29 de marzo 1939. Página 3. «Los derechos del México de afuera».