5 (100%) 1 vote

Los chinos entendieron hace décadas la necesidad de combinar una economía abierta con su pujante demografía y generaron 400 millones de personas de clase media. México requiere aprovechar sus últimos años de bono poblacional.

 

Difícilmente ha existido un año que conjugue tan grandes retos nacionales e internacionales en la historia de nuestro país como 2018. No sólo viviremos la elección de 3,643 cargos federales con el padrón electoral más amplio de la historia (alrededor de 88 millones de personas), sino que paralelamente daremos seguimiento a la incierta negociación del TLCAN y todos los eventos que puedan impactar a México desde Estados Unidos: la construcción del muro, los temas migratorios irresueltos y el futuro del DACA (Deferred Action for Childhood Arrivals) y los impactos de la Reforma Fiscal estadounidense.

No cabe duda que es un año decisivo que nos representa desafíos de corto plazo, pero no podemos sólo resolver los problemas del presente sin ocuparnos de trazar y preparar el México del futuro. Cuando volteamos al otro lado del mundo y vemos el asombroso crecimiento de China, que hoy ya cuenta con alrededor de 400 millones de personas clase media, más 350 millones adicionales para 20221, no podemos pensar que es un logro exclusivo del actual presidente chino Xi Jinping, elegido en 2013. Tenemos que regresar a 1978, cuando Deng Xiaoping se convirtió en el líder de ese país, dando un giro a la política nacional de Mao Zedong. Las historias de éxito de un país no se construyen en uno o dos años: pasan décadas para que se logren, pero en algún momento tienen que comenzar.

En tiempos de Deng, los chinos se dieron cuenta que venía la década en que la oportunidad clave de cualquier país sería la apertura económica. Hoy, esa visión conforma a la China que vemos, combinada con una población de gran tamaño que el país ha podido aprovechar.

En la actualidad, y al margen de las coyunturas inmediatas, el mundo experimenta como la gran megatendencia del siglo la recomposición demográfica. La mayoría de los países desarrollados envejecen y tienen proporciones importantes de población no económicamente activa, en tanto que los países en desarrollo muestran la tendencia opuesta. Por ejemplo, en 2016, Japón contaba con 43.91 personas en edad no económicamente activa por cada 100 en edad laboral; la tasa de edad de dependencia de México al mismo año era de 10.05 por cada 1002. Este indicador muestra la complejidad que puede vivir un país como Japón, con números muy similares a Europa Occidental, especialmente por las cargas de seguridad social que supone la gente en la punta de la pirámide.

En el otro extremo veremos a países como México, frente a la gran oportunidad del siglo, pero ésta sólo puede ser cristalizada si la juventud que tenemos en la actualidad logra obtener o desarrollar oportunidades de empleo.
El México del futuro, sin importar como sea, será resultado de lo que esta generación joven logre alcanzar. Esta generación es mayoritariamente pobre y carece de oportunidades laborales, pero aspira a que su esfuerzo lleve a nuestro país a convertirse en una nación clase media por primera vez en su historia, que sea capaz de ofrecer a las siguientes generaciones todos los beneficios de un país desarrollado.

 

UNA DOMINANTE NUEVA GENERACIÓN
Aprovechando la coyuntura electoral de este 2018, tomaré un indicador político para introducir el tema demográfico. Aproximadamente 35 millones de posibles votantes pertenecen al grupo poblacional llamado millennial, es decir, personas mayores de 18, pero menores de 34. Si incluimos al siguiente grupo, que considera personas de 35 a 39, alcanzaríamos casi 45 millones de posibles electores, lo cual rebasaría más de 50%3 del padrón electoral total.

La conclusión es evidente, si la juventud ejerce el poder de su voto, el próximo Presidente de México, así como los otros cargos de elección popular, serían definidos mayoritariamente por jóvenes. Pero las elecciones serán sólo una muestra del nivel de participación política de estos jóvenes, igual que lo fue el terremoto del pasado 19 de septiembre. El resultado nos dejará vislumbrar el México del futuro en cuanto a participación cívica.

Al igual que en países como Estados Unidos los frutos de la formación cívica de la infancia se ven cristalizados llegada la adolescencia, en México podríamos ver los frutos de una nueva sociedad participativa en los resultados económicos y políticos de 2030-2050. En Estado Unidos vemos cómo los estudiantes de primaria son animados a participar como embajadores en sus escuelas; algunos de ellos suben o bajan la bandera, otros apoyan a ordenar a los niños de kindergarten, algunos auxilian a las asociaciones de padres de familia y, claro, al final del año reciben un diploma y una mención extraordinaria por su contribución cívica. No es extraño que estos niños se conviertan en voluntarios de campañas políticas cuando viven su adolescencia. En México tampoco sería extraño que, a una nueva generación más participativa que las anteriores, la viéramos en el futuro redefiniendo la política y la economía.

El reto no será menor, especialmente porque las dinámicas de corrupción e impunidad pueden desincentivar el involucramiento de la población en la vida política de país. Adicionalmente, las condiciones económicas no son proclives al desarrollo de este joven segmento poblacional. Durante el sexenio de Felipe Calderón se crearon 2 millones 313,622 puestos de trabajo y, si bien en lo que corre de la presente administración ya se han generado arriba de 3 millones4, estos números, comparados con los más de 10 millones de jóvenes que llegaron a su mayoría de edad durante la administración del presidente Peña Nieto, presentan un déficit muy importante de oportunidades laborales, lo cual abre una inevitable oportunidad de crecimiento para la economía informal e, incluso, al reclutamiento de jóvenes por parte del crimen organizado.

En una encrucijada, entre la adversidad y las oportunidades, esta generación tendrá el poder de cambiar la historia de nuestro país: de un México que se ha posicionado como la eterna economía emergente, que para algunos nunca emergió a la estrella en ascenso que finalmente dejará atrás el subdesarrollo.

 

LA MUY PEQUEÑA CLASE MEDIA
Sería objeto de un libro completo mencionar y profundizar en todos los elementos que se deben cubrir para que México se considere un país desarrollado. Por ejemplo, tendríamos que hablar del nivel educativo, la libertad de prensa, seguridad, Estado de Bienestar, Estado de Derecho, transparencia, etcétera. Pero quiero enfocarme en un elemento muy particular que envolverá todos los factores mencionados, vinculado con esta nueva generación dominante a la que me he referido.

Esta generación tendrá dentro de sus deberes convertir a México en un país clase media. Sin embargo, ese desafío la convertirá en una generación heroica que en ocasiones tendrá que sacrificarse a sí misma. Por ejemplo, muchos integrantes de esta generación ya han pasado su etapa educativa. Ciertamente, algunos de ellos estudian sus carreras, otros siempre podrán estudiar postgrados si terminaron la etapa profesional, pero la mayoría se quedará con la base académica que tenga (sea cual sea) y tendrá que capacitarse y trabajar arduamente para que sus hijos se desarrollen en un nivel clase media que ellos no experimentaron.

Sólo el acceso educativo, cultural, político, etcétera, que la clase media facilita permitirá el salto de México hacia estadios del mundo desarrollado. Paralelamente, sólo una sociedad en donde la clase media predomina tiene la posibilidad de hacer contrapeso a los gobiernos corruptos que buscan el beneficio de las élites, lo cual es otra condición de posibilidad para el desarrollo.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2016, de INEGI, en México existen 33,462,598 hogares en los que habitan 122,643,890 personas (3.67 por hogar). En el análisis por deciles de ingresos, los hogares del primer decil (más pobre), obtuvieron un ingreso promedio trimestral de 8,166 pesos, lo cual representa 91 pesos por día o aproximadamente 37 pesos diarios por perceptor. En el lado opuesto, el décimo decil (más rico), obtuvo 168,855 pesos promedio por trimestre, es decir, 1,876 pesos por día, o casi 766 pesos diarios por perceptor5.

Estos datos evidencian claramente las desigualdades de nuestro país. ¿Cómo puede vivir una familia del primer decil con 2,722 pesos al mes? Mientras tanto, las familias del último decil viven en promedio con 56,285 pesos. Aún así, este último monto es prácticamente el mismo que recibe un hogar estadounidense de clase media baja, en tanto los hogares de clase media alta de Estados Unidos tienen un ingreso promedio de 168,000 pesos mensuales, es decir, tres veces los de la clase alta de México6.

Con base en la tabla «Cuadro completo de ingresos trimestrales por decil» podríamos (forzadamente) elegir como clase media a los deciles 6-9, obteniendo un ingreso promedio mensual de 16,891 pesos, contra el promedio de la clase media norteamericana de 96,400 pesos7. Adicionalmente, estamos considerando que la clase media mexicana es 40% del total de la población, mientras que la de EU se calcula puede alcanzar 80%. Estas comparaciones nos llevan a inferir que pensar en casi 50% de la población mexicana como clase media sería imposible.

De acuerdo con el estudio México: País de pobres y no de clases medias, desarrollado por el EQUIDE, Universidad Iberoamericana y la Fundación Konrad Adenahuer en abril de 2017, lo niveles adecuados para no considerarse pobre en México sólo están garantizados para poco más de 20% de la población, de modo que la población en pobreza supera 2.3% a la considerada clase media.

El mismo estudio señala que entre 1997 y 2014 los programas sociales como Prospera (antes Progresa y Oportunidades) se han quintuplicado en cobertura, pasando de ayudar 5 a casi 25 millones de personas en este periodo. Aun así, la pobreza por ingreso permanece sin cambios. Paralelamente, la clase media casi no ha tenido evolución, representando 21.3% de la población en 1992 y 26.6% en 2014. Adicionalmente, en México no sólo ha disminuido el salario promedio –de $5,575 en 2005 a $4,937 en 2016–, sino que la educación no ha logrado potenciar el ascenso de ingresos. Por ejemplo, en 2005 el salario promedio para una persona sin estudios era de 2,251 pesos, mientras que en 2016 fue de 1,990; pero, en la misma línea temporal, una persona con posgrado ganaba 24,181 pesos, mismo que disminuyó a 14,804.8

Como se puede ver, México no es un país de clase media, pero tampoco había sido un país con tan contundente juventud en edad productiva. Si estos jóvenes pueden desarrollarse en el mercado laboral, lograrán alcanzar un nivel clase media que sus padres no tuvieron y que ellos apenas comenzarán a disfrutar, pero que sus hijos podrán capitalizar en todo lo que a educación, seguridad, salud y desarrollo cívico se refiere. Al final, estos jóvenes que se convertirán en padres, junto con sus hijos, podrían cambiar la historia y esbozar un México clase media hacia la mitad de siglo.

 

EL MÉXICO DEL FUTURO
De regreso a 2018 y de cara a las siguientes elecciones en México y al impacto de los eventos en Estados Unidos, este año no sólo veremos la convergencia de los grandes retos nacionales e internacionales, sino de las acciones presentes y la construcción del futuro. Nuestro futuro exigirá crecimiento, pero no sólo económico, sino de las personas en más de un aspecto; requerirá que seamos mejores mexicanos de lo que hemos sido; confrontaremos a una herencia que no nos enseñó a desafiarnos a nosotros mismos cada mañana y tampoco nos preparó para competir en el mundo globalizado.

Como resultado de las mismas dinámicas demográficas que hoy nos ofrecen grandes oportunidades, no sólo competiremos contra la eficiencia y tecnología de diversos países, sino que cada vez veremos más extranjeros en territorio propio, compitiendo con el talento nacional. Nuestra respuesta a esta dinámica no debe ser el proteccionismo que limite a los nuevos competidores, sino un esfuerzo, preparación y entusiasmo sin precedentes que nos lleve superarnos a nosotros mismos y, en el camino, a convertir a México en un país de clase media que, gracias a esta generación heroica, pueda ser reconocido como uno de los países líderes y desarrollados hacia el año 2050.


 

Notas al pie
1 Homi Kharas: The unprecedented expansion of the global middle class. Global Economy and Development at Brookings. February, 2017.
2 https://www.indexmundi.com/facts/indicators/SP.POP.DPND.OL/rankings con datos de World Bank staff estimates based on age distributions of United Nations Population Division’s World Population Prospects.
3 Fuente: Estadísticas del Padrón Electoral y Lista Nominal de Electores: http://listanominal.ife.org.mx/ubicamodulo/PHP/index.php
4 «Creación de empleo formal «roza» los 3 millones en el sexenio». El financiero, 12/09/2017.
5 Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2016, INEGI.
6 Fuente: Pew Research Center, How middles class in U.S., Western Europe compare, 2017/06/05
7 Todas las conversiones de dólares a pesos son con base en un tipo de cambio de 19 pesos por dólar.
8 «México: País de pobres y no de clases medias», EQUIDE (Universidad Iberoamericana) y Fundación Konrad Adenahuer, abril de 2017.