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En un mundo en el que las relaciones son cada vez más complejas, urgen líderes que sorteen las diferencias de opinión y creen un equipo alrededor.

 

Es un honor estar presente en esta celebración tan importante, tan significativa para el IPADE y para todas sus escuelas hermanas. Estoy aquí para representar al IESE, hermana mayor (se fundó en 1958) del Instituto. Me toca a mí de manera muy inmerecida, porque sólo llevo siete meses en este cargo. Estoy aquí con Eric Weber, vicedecano y, por supuesto, también mandan recuerdos Jordi Canals, director general (dean) del IESE en los últimos 15 años, quien siempre ha estado muy cerca del IPADE y lo tiene en su corazón. También de parte de Carlos Cavallé que en los 16 años previos dirigió el IESE y estuvo presente, el 30 de marzo de 1967, en el primer programa que ofreció el IPADE.

Hoy todos estamos ante una realidad impresionante: en estos 50 años el IPADE se ha convertido en el referente de escuelas de negocio en Latinoamérica. Se puede decir que se ha convertido en un referente y en una leyenda: muchísimas felicidades por todo lo que han hecho.

Quiero también recordar y ofrecer mi apreciación a los fundadores del IPADE: Alejandro Álvarez, Gastón Azcárraga, José María Basagoiti, Eneko Belausteguigoitia, Carlos Isoard, Carlos Llano, Baltasar Márquez, Carlos Rossell, Manuel Senderos, personas con las cuales el IESE ha trabajado de manera estrecha. Estamos orgullosos de esta relación que hemos tenido y que seguimos teniendo. También quiero mencionar a los directores generales del IPADE: Carlos Llano, Carlos Acedo, Sergio Raimond-Kedilhac, Jorge Gutiérrez, Alfonso Bolio y, por supuesto, Rafael Gómez Nava; quienes durante estos 50 años, con su capacidad extraordinaria de liderazgo, han llevado a esta institución a donde está ahora. Claro, también nos referimos a todas las personas que han trabajado con ellos durante 50 años.

 

ESCUELAS CON TRADICIÓN CRISTIANA
En el momento de preparar este saludo pensaba cómo podría contribuir hoy y se me ocurrieron dos cosas: la primera, una visita al archivo de IESE, para mirar alguna documentación que tenemos sobre el inicio del IPADE, en concreto algunas fotos y, segunda, una breve reflexión sobre lo que es ser una escuela en la tradición cristiana. Tenemos hoy muchos representantes de escuelas en esta tradición y cada momento tenemos que volver a preguntarnos qué quiere decir esto hoy para el IPADE, el IESE y otras escuelas en esta línea.

En el archivo encontramos imágenes de abril de 1966, posterior al viaje a Roma, donde el grupo fundador del IPADE se entrevistó con san Josemaría. Gastón Azcárraga, miembro fundador del IPADE, y Félix Huerta, profesor del IESE, paseaban por los pasillos del IESE, en unos edificios que eran bastante nuevos en ese momento, trabajaban en una sesión con el Consejo Directivo, delante de lo que hoy es el edificio B. También aparece don Pedro Casciaro, uno de los impulsores del IPADE.

Hallamos una fotografía de octubre de 1966, en la cual Carlos Llano se entrevistó con Félix Huerta. Esto ya es al inicio de la estancia de los primeros seis profesores mexicanos que, viajaron a Barcelona para formarse y ser profesores del IPADE a partir de 1967. Vimos una fotografía, es de la primera estancia de Antonio Valero en el IPADE quien intervino en el programa AD-2 en ese año.

También descubrimos imágenes del transcurso del tiempo, como una fotografía de los antiguos alumnos del IESE, que viajaron a México y a Boston. Algunas imágenes de reuniones del comité IPADE y la última reunión que celebramos en 2015, en Barcelona, en la biblioteca del IESE. Como pueden ver, es un orgullo para el IESE esta relación muy estrecha, que queremos que siga en el futuro.

Creo que todas estas escuelas tenemos una deuda importante hacia la persona de san Josemaría Escrivá, quien impulsó al IESE y también en cierto modo ha estado involucrado en la creación del IPADE. Él nos enseñó justamente que el trabajo de los empresarios era un trabajo noble, muy importante para toda la sociedad y, por lo tanto, una escuela de dirección de empresas podría ser un sitio donde se formaran empresarios y empresarias como personas –y en conocimientos, por supuesto, pero sobre todo como personas– y que a partir de esta formación pudieran ofrecer un servicio para toda la sociedad.

Todos hemos experimentado que, donde las empresas son muy fuertes y buenas, toda la sociedad va mejor. Cuando se trata de desarrollar un país, una manera muy potente de contribuir al desarrollo de una sociedad es seguramente empezar con la formación de empresarios, que a su vez crean empresas, buen trabajo y escuelas, porque la empresa es una escuela para todas estas personas.

Quiero muy brevemente ofrecer una reflexión sobre lo que puede brindar una escuela que, se entiende, está en la tradición cristiana. Cuando hablamos de lo que ofrece una escuela de dirección en sus programas, a veces utilizamos un modelo que divide entre conocimiento (knowledge), capacidades (skills) y atributos o actitudes. Es evidente que una escuela líder en el mundo tiene que ser líder en todos estos aspectos; por lo tanto, los conocimientos que se imparten tienen que ser, de verdad, los últimos conocimientos basados en la investigación relevante, incluso deben tener vocación de ir adelante y poder enseñar a las personas que participan en un programa a dónde irán las últimas tendencias, a dónde irá la profesión de la dirección de empresas.

Lógicamente, también cuando hablamos de las capacidades: de comunicación, de trabajo en equipo, por ejemplo; estos programas tienen que ser punteros en todo lo que se refiere al desarrollo, al entrenamiento de dichas capacidades. Finalmente, me parece que la contribución especial, distintiva que podemos hacer, comparada con muchas otras escuelas, está justamente en el ámbito de los atributos: un directivo o directiva, empresario o empresaria que contesta a la pregunta de por qué se hacen las cosas y se refleja en este porqué.

La filosofía de la vida se refleja en la actuación de este directivo. Estamos hablando de virtudes como la integridad, la humildad, el coraje, la capacidad de sacrificio, la apertura hacia los demás, el trato respetuoso hacia las otras personas de su equipo y todas aquellas que se ven tocadas por la empresa en la que trabajamos y por la disposición de antemano de perdonar las faltas o debilidades que pueden tener.

Todos estos atributos de cierto modo son virtudes cristianas, son estos aspectos en los cuales tenemos que insistir cuando nos proponemos ofrecer formación a directivos y directivas en el momento de hoy. Si miramos el mundo en el que vivimos, el mundo que mencionó el profesor Nitin Nohria, en el cual se hace más complicada la convivencia y es más complicado vivir entre países relaciones de paz y amistad, son más importantes que nunca estos atributos de un líder que sabe justamente pasar por encima de las diferencias de opinión y sabe crear un equipo alrededor.

Me parece que estos son aspectos en los cuales tenemos que insistir como escuelas en la tradición cristiana; pueden ser elementos distintivos en una escuela como el IPADE y sus escuelas hermanas como el IESE, que nos pueden preparar un futuro muy bueno y de mucha relevancia.

Quiero acabar mi intervención felicitando al IPADE por sus 50 años de esta actuación excelente, de los cuales vemos los frutos en las personas que están hoy con nosotros aquí y también todas estas personas que han visto su vida mejorada por el contacto con el IPADE.

El IPADE nos ha dado un gran ejemplo y una gran motivación de seguir haciendo las cosas muy bien y, si se puede, incluso mejor. Los felicito a todos y a todas por este 50 aniversario y espero que los siguientes 50 años sean igualmente muy exitosos. Muchísimas felicidades y muchísimas gracias.

 


Discurso pronunciado por el Director General (dean) del IESE el 31 de marzo de 2017, durante la jornada conmemorativa del 50 aniversario del Instituto, celebrada en la sede Ciudad de México.