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Samuel Zyman, profesor de Juilliard School of Music y compositor de Horizontes: reflexiones sonoras hacia la virtud considera que la ardua labor del empresario puede inmortalizarse a través del arte sonoro.

 

Samuel es un mexicano capaz de armonizar la ciencia y el arte. En su juventud realizó estudios de medicina, sin embargo, convencido de la belleza y el poder emocional de la música, eligió dedicar su vida al arte sonoro. Desde hace 27 años radica en Nueva York, pero siempre se ha mantenido cercano a su país gracias a sus composiciones. En esta ocasión visitó México para presentar una obra dedicada a la tarea de los directores de empresa.

 

Pareciera que la labor del empresario, dado el aspecto económico de su quehacer, está alejada del arte. ¿Cómo consiguió plasmar las virtudes de la persona de la Alta Dirección y convertirlas en un producto artístico?
La primera parte de mi respuesta es que esto viene de la visión del doctor Gómez Nava. Él como director del IPADE, y como persona que ha dedicado su vida al perfeccionamiento de los directores de empresa, tiene la creencia de que todos los seres humanos deben participar de la cultura.

Por otro lado, el empresario es un ser humano, que no sólo se dedica a su empresa, sino que debe tener una conciencia social y cultural y el hecho de que se encargue la composición de una obra sinfónica, manda precisamente este mensaje.

En la obra hay momentos de introspección, de reflexión, como lo dice el título, pero al fin de cuentas, hay un espíritu de celebración, de optimismo y de proyección hacia el futuro.

 

Ha compuesto obras para conmemorar fechas relevantes de diversas organizaciones como el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Instituto Nacional de Nutrición, entre otras. ¿Cómo se inspira para crear la obra perfecta para cada institución?
Cada vez que hay un encargo hay un contexto, por lo general se compone una obra para una ocasión especial o para una institución o un solista específico.

Trabajar sin un marco de referencia es lo más indefinido del mundo. Yo puedo tener mis propias ideas, puedo pensar “siempre he querido hacer una obra para mandolina”, pero quizá no es lo que me están pidiendo que componga.

Cuando me encargan una obra me dan un argumento, me brindan las características, la duración, el tono, el tipo de orquesta, etcétera. Tal información empieza a mover los “jugos creativos” y se vuelve fuente de inspiración, pues enfoca la creatividad al exigir que se piense en términos concretos. Si me piden una obra de 10 minutos, sé que no escribiré algo de 50 minutos, si desean que sea una obra para celebrar, mi composición tendrá un carácter alegre y no dramático. Todas estas peculiaridades son fuente de inspiración y ayudan a que fluyan las ideas.

Considero que la mayoría de los compositores estaríamos de acuerdo en que escribir una obra con características definidas ayuda al proceso creativo, por ejemplo: Ravel, Stravinski y otros grandes compositores, decían que debemos restringir las opciones.

Estoy seguro que, en este sentido, componer es equivalente a la acción de tomar decisiones, tan propia del director de empresa, porque exige decidir qué notas escribir y cuáles no, para darle el carácter deseado a la obra en cuestión.

 

En el caso de la obra sinfónica del IPADE: Horizontes: reflexiones sonoras hacia la virtud, ¿cómo fue su proceso creativo?Conté con cuatro fuentes de inspiración:

  1. Recibí una carta y conversé con el director general del IPADE, el doctor Rafael Gómez Nava, quien sumamente entusiasmado me comentó su idea de incorporar una obra sinfónica compuesta especialmente para conmemorar los 50 años del Instituto (véase artículo: “Horizontes: reflexiones sonoras hacia la virtud. El regalo de Zyman”, pág. 74). Él deseaba que la música capturara la esencia de los principios que rigen al IPADE: la ética, la filosofía, el servicio a la comunidad, la conciencia de la sociedad dentro y fuera de las empresas, etcétera… Todos estos conceptos relacionados con la virtud, con tomar en cuenta cómo opera la sociedad y ser partícipes positivos en la misma, al ser honestos, buenos ciudadanos, etcétera. Claro que es muy difícil expresar eso en música, porque es un arte sumamente abstracto, pero yo creo que se logró capturar algo de esa atmósfera y de esa lista de ideales.
  2. El doctor Gómez Nava se apoyó en el doctor Gabriel Pliego para la construcción de este proyecto. Gabriel es director de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Panamericana, gran violinista, director y educador con quien he trabajado anteriormente en otros proyectos, por ello me recomendó para componer la pieza del IPADE, pues conocía mi música y mi trabajo.
  3. Desde el principio se me informó que la obra sería estrenada por la orquesta de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Panamericana, conformada por jóvenes estudiantes, para mí eso era fundamental. He tenido oportunidad de trabajar con jóvenes músicos anteriormente y los encuentro sumamente estimulantes porque ya sea que tengan o no la técnica más depurada, lo que sí muestran en general es amor y entusiasmo por la música, que es lo que buscamos. A fin de cuentas se requiere un dominio de los instrumentos, de hacer la música técnicamente correcta, pero también hace falta un aspecto emocional, de entusiasmo, de gusto y pasión por la música. Esa pasión la encuentro en los estudiantes. Soy educador, me gusta compartir mis ideas con los jóvenes instrumentistas. Saber que esta obra era para jóvenes fue otra fuente de inspiración.
  4. Ya existe una tradición de obras que se han escrito anteriormente para eventos de instituciones académicas, el ejemplo más claro es la Obertura del Festival Académico de Brahms que fue un encargó de la Universidad de Breslavia, Polonia, para una conmemoración o evento académico. Eso es lo que ahora vive el IPADE, un evento que celebra los logros académicos de una institución, por ello mi pieza presenta referencias rítmicas alusivas a la obra de Brahms.

 

¿Cuál es su formación musical?
Soy compositor desde hace muchos años, he escrito música sinfónica, de cámara, para cine, música vocal. También he compuesto obras por encargo, conciertos para solista y orquesta o sólo para orquesta. Mi instrumento principal es el piano.

Narraré un poco de mi historia: empecé como un músico intuitivo, en la infancia tomé clases de acordeón, piano… y descubrí que tenía cierta facilidad para improvisar. Aprendí un poco de jazz por mi cuenta pero más adelante estudié música clásica seriamente, al cursar la carrera de piano en el Conservatorio Nacional de Música de la Ciudad de México y al participar en el Taller de Estudios Polifónicos que dirigía el profesor y compositor mexicano Humberto Hernández Medrano (1941-2015).

Al terminar, viajé a Nueva York para realizar mis estudios de posgrado en Juilliard School, donde hice la maestría y el doctorado en Composición, y actualmente soy profesor de Teoría de la Música.
También doy clases de Composición a alumnos particulares. A la par de este desarrollo profesional, he trabajado mi carrera como compositor.