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“No dejen de aprovechar una buena crisis”, aconseja el dean de Harvard Business School, en su disertación sobre el futuro de la globalización.

 

Es verdaderamente un honor para mí y un verdadero privilegio representar a Harvard Business School y a mis colegas del comité que trabaja con el IPADE. También me gustaría sumarme a todos los deans y colegas que vienen de otras escuelas de negocios –entiendo que de más de 31 países–, los exalumnos del IPADE y los amigos del IPADE que están aquí reunidos, para desearle un feliz 50 aniversario.

Cuando fui nombrado dean de Harvard Business School en 2010, fue poco tiempo antes de mi cumpleaños número 50. Estaba ansioso por celebrarlo, aunque me horrorizaba un poco mirarme en el espejo, porque había subido por lo menos unos 10 kilos y tenía que deshacerme de ellos. Sin embargo, cuando llegaron los 50 años, resultó ser un momento de profunda reflexión, en que me sentí más afortunado de lo que me hubiera imaginado porque, para un chico que creció en la India y que sólo pudo asistir a la universidad en Estados Unidos porque recibió una beca –presenté solicitud en 10 lugares y sólo conseguí una; sin ella, mi viaje a Estados Unidos nunca habría sucedido–, poder decir en mi cumpleaños número 50 que llegué a ser dean de Harvard Business School era algo que jamás habría imaginado posible en mi vida. Me sentí honrado por todas las personas de todo el mundo que me habían ayudado a llegar a esa etapa, así que fue un momento de profunda gratitud.

No tenía idea de que durante mi periodo como dean tendría el gran privilegio de celebrar muchos otros cumpleaños número 50, pero no de seres humanos, sino de instituciones. Porque resulta que, de manera consecutiva, un gran número de escuelas de negocio en cuya fundación Harvard Business School participó, también celebraron su 50 aniversario en los últimos siete años. Así que a menudo me he puesto a pensar en aquellas personas –hoy tenemos la suerte de tener en primera fila a quienes estuvieron involucrados en la fundación de la escuela–, en cómo se sienten hoy en día. Estoy seguro que deben sentirse aún más orgullosos de lo que yo me sentí cuando cumplí mis 50 años. Tan sólo vean este recinto, todo lo que han logrado, lo relevante que se ha convertido esta institución, así que los felicito. Felicidades por haber tenido la visión y felicidades a todos aquellos que están involucrados, que a sus 50 años sin duda han llevado al IPADE a ser la escuela de negocios líder en América Latina. ¡Qué logro tan extraordinario!

Afortunadamente, los aniversarios como este sólo ocurren una vez cada 50 años, porque si tuviéramos que celebrar así diario ya estaríamos todos en bancarrota; sin embargo, son excelentes momentos para hacer una pausa, detenerse a pensar. Pensar sobre el pasado, sin duda, pero también son excelentes momentos para reflexionar sobre el futuro.

Así que es una buena oportunidad para hablar sobre la globalización ya que, en varios sentidos, el IPADE representa una parte de la historia de Harvard Business School y nuestro compromiso con el mundo en su totalidad pero, al mismo tiempo, nos encontramos en un momento en que el mismo futuro de la globalización está en entredicho. Un momento importante para reflexionar no sólo sobre la historia de la globalización, sino también sobre hacia dónde podría dirigirse de aquí en adelante. Voy a intentar presentar la historia de Harvard Business School y nuestro compromiso con el mundo como una oportunidad para reflexionar sobre la globalización y voy a intentar conectarla con la historia de esta institución que hoy estamos festejando.

 

DE HARVARD PARA EL MUNDO
La historia y el compromiso con el mundo de Harvard Business School se remontan a nuestra fundación en 1908. En nuestra primera generación, tuvimos dos estudiantes internacionales. Aunque no lo crean, nuestra historia también está estrechamente vinculada a América Latina desde el comienzo. En 1910, tan sólo dos años después de la fundación de la escuela, el recién nombrado profesor Selden Martin necesitaba preparar material didáctico para un nuevo curso llamado “Recursos económicos y comercialización en América Central y América del Sur”. Visitó varios países de América Latina y viajó casi 40,000 kilómetros. Su informe condensado, en el que ofrece tanto una perspectiva económica como una serie de recomendaciones sobre cómo estimular el comercio, más tarde se convirtió en un modelo para la investigación de campo que le dio tanto prestigio a Harvard Business School.

Nuestra época moderna de globalización comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, en la década de 1950, y continuó hacia la década de 1970 en una fase que yo describiría como la etapa de vinculación. Durante esta etapa, así como Estados Unidos trató de ayudar a países de todo el mundo a reconstruirse después de la Segunda Guerra Mundial, los profesores de Harvard Business School también fueron al extranjero y ayudaron a establecer instituciones en países como Turquía, India, Nicaragua, incluso Irán, Japón, España, Suiza y Filipinas.

El IPADE, fundado en 1967, fue parte de esta ola, en la que trabajamos resueltamente en ayudar a abrir escuelas de negocios en todo el mundo. Gran parte de la contribución de Harvard Business School a estas nuevas escuelas tenía que ver con iniciarlas en nuestro método de estudio: el Método del Caso, que ha sido el sello de nuestro propio programa de estudios desde la década de 1920. En 1966, cuando el IPADE apenas se estaba formado, publicamos por primera vez una bibliografía especial que contenía anotaciones sobre 603 casos y 405 libros y artículos, que en ese entonces nuestros profesores consideraron útiles para la enseñanza de administración de empresas o el desarrollo de investigación en América Latina. También distribuimos una lista de 357 profesores que pertenecían a distintas escuelas de negocios de Estados Unidos –no sólo de Harvard Business School– y que recientemente habían tenido que realizar trabajos en América Latina, para que las escuelas que se estaban creando ahí pudieran aprovechar esta base intelectual y encontraran la manera de hacer que esto creciera.

Parte de nuestra motivación durante esta etapa de vinculación era ayudar a los países en desarrollo a constituir una base local de líderes empresariales calificados. La misión de la escuela dejaba muy claro que uno de nuestros objetivos era intentar ayudar a estos países a formar líderes a nivel local. Una nota que John F. Kennedy –entonces presidente de Estados Unidos– dirigió al dean de Harvard Business School, George Pierce Baker –quien estuvo involucrado cuando se creó el IPADE– destacó la importancia de un pronto desarrollo de recursos humanos en los países y agradeció a Baker por el papel que la escuela estaba teniendo para fomentar la educación que ayudaría a mejorar la práctica de la administración en todo el mundo. En un inicio, la atención se enfocó en Centroamérica, pero la Fundación Ford, que trabajó muy estrechamente con nosotros durante la década de 1960, aportó fondos para que Harvard Business School brindara apoyo a las instituciones y a la formación de profesores en todo el mundo.

A decir verdad, este fue también un momento en que nuestro esfuerzo de crear escuelas de negocio estaba dirigido a reforzar los principios del capitalismo, en una época en que el socialismo y el comunismo predominaban en muchas otras partes del mundo. De hecho, en 1956, antes de que comenzara esta etapa a nivel mundial, los profesores de Harvard Business School respaldaron la siguiente declaración sobre su trabajo de ayudar a crear escuelas en el extranjero: “la Universidad y la escuela tienen, sin lugar a dudas, la responsabilidad de participar en el esfuerzo de fortalecer el mundo libre para el desarrollo de líderes socialmente responsables y capaces, tanto en el país como en el extranjero”. Esa referencia al mundo libre deja claro que este fortalecimiento institucional tenía que ver, en parte, con lo que Francis Fukuyama llamó “la pregunta que movió al siglo XX”: ¿Sería el capitalismo o el socialismo el que se convertiría en el sistema económico dominante en el mundo?

 

DEL MUNDO PARA HARVARD
Durante las décadas de 1980 y 1990, se hizo evidente que el capitalismo estaba triunfando en este conflicto histórico. Había varias señales de ello, como la formación de la Unión Europea, la caída del muro de Berlín, la disolución de la Unión Soviética y el establecimiento de acuerdos de libre comercio como el TLCAN y la OMC. Las economías que se habían deteriorado durante la Segunda Guerra Mundial y que dependieron del apoyo de Estados Unidos durante los años posteriores se habían recuperado y empezaron a prosperar. El caso más destacable fue Japón, que pronto surgió como una potencia exportadora. El mundo ya no estaba sólo interesado en las prácticas comerciales de Estados Unidos. El dominio de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial había comenzado a ser alcanzado por países de otras partes del mundo. Los estudiantes tenían mucho interés en aprender sobre el sistema de gestión de Toyota, sobre cómo las empresas aprovecharían un mercado común europeo y cómo el sistema de comercio mundial afectaría la competitividad de los distintos países y sus empresas.

Como consecuencia, hubo un cambio en la postura de Harvard Business School ante la globalización. Kim Clark, quien era entonces dean y que llegó a visitar el IPADE, perfiló las premisas fundamentales y los principios básicos, destacando la confianza en la recién nombrada Iniciativa Global de la escuela, de la siguiente manera: “La misión de la escuela de formar líderes aplica a nivel mundial. Nuestras aspiraciones son influir en la práctica, la actividad académica y la educación en todo el mundo. No sólo nos corresponde brindar a los estudiantes de Estados Unidos, o en realidad a cualquiera de nuestros estudiantes, una mera exposición a los problemas mundiales. Más bien, nos corresponde crear experiencias educativas de clase mundial para los líderes del mundo de los negocios de todo el planeta. Debemos estar cerca de la práctica, para que nuestra enseñanza e investigación se basen en problemas importantes. Siempre hemos intentado trabajar en eso: las cuestiones y prácticas de administración más relevantes, las más interesantes, dondequiera que se produzcan. Hoy en día, las mejores prácticas y las cuestiones importantes no se limitan a Estados Unidos, sino más bien se están dando por todo el mundo.”

Estos principios pusieron en claro que el enfoque de la escuela ya no era de vinculación. En lugar de ello, empezamos a preguntarnos cómo podíamos importar el conocimiento sobre las prácticas de administración de todo el mundo a nuestras aulas. Se convirtió cada vez más en un intercambio entre iguales. Teníamos tanto que aprender del mundo como éste aprendía de Estados Unidos.

En mi opinión, fue un cambio muy necesario. Cuando empecé a dar clases en Harvard Business School en 1988, menos de 20% de nuestros casos del plan de estudios más amplio eran internacionales. La escuela emprendió un esfuerzo para aumentar eso. Creamos una red de centros de investigación a nivel mundial. El día de hoy contamos con 11 oficinas y centros de investigación por todo el mundo. Estas bases en el extranjero han tenido un impacto real sobre lo que sucede en nuestras aulas. Durante los últimos cinco años, más de 50% de los más de 200 casos que escribimos al año han sido en escenarios internacionales, y la gran mayoría de nuestros profesores realizan investigación a nivel mundial. El año pasado, Harvard Business School distribuyó 40 millones de casos en todo el mundo. 40% de esos casos se distribuyeron en mercados internacionales. Así que, nuestra investigación en los mercados mundiales no sólo nos está ayudando a aprender acerca de las prácticas de negocios en todo el mundo, nuestro deseo es que podamos ayudar a que todos los demás lugares –ya sea escuelas en México o de otras partes del mundo– también aprendan sobre lo que está sucediendo en el ámbito de negocios en África, China o Asia.

 

GLOBALIZACIÓN Y LIDERAZGO
Cuando asumí el cargo de dean en 2010, busqué darle continuidad a esta labor. Tracé cinco prioridades, una de las cuales era la continuación de la internacionalización de la escuela. Hicimos un esfuerzo mucho más vigoroso para que la escuela lograra un entendimiento de los mercados emergentes, que han crecido con gran rapidez desde que comenzó el siglo XXI. Cabe señalar que para 2050 se prevé que la población mundial sea de unos 10,000 millones de personas.

Sí, los beneficios de la globalización, que se han acumulado para muchos, han dejado atrás a otras personas. Esto es, sin duda, lo que ha generado ansiedad en Estados Unidos. Estoy seguro de que cuando empezaron a concebir este evento, no se imaginaban la presidencia de Trump, las guerras en Twitter con el expresidente Fox, los constantes rumores sobre el muro y sobre quién lo va a pagar o un replanteamiento tan dramático de las bajas barreras comerciales que todos llegamos a dar por sentado.

Pero el mundo cambia, y a menudo cambia de formas inesperadas. Recuerdo cuando nos estábamos preparando para nuestra celebración de 100 años en 2008; también habíamos colocado una carpa estupenda como ésta, estábamos listos para una gran ceremonia. Luego, un par de meses antes de nuestra celebración, se vino la crisis financiera. Lehman Brothers se derrumbó y nos vimos envueltos en una gran recesión. Visto desde la superficie, el momento en que llegaba esta situación era inconveniente e incluso incómodo, pero mientras más lo reflexionábamos, más nos convencíamos de que era una gran oportunidad para preguntarnos qué debíamos hacer de manera distinta, una oportunidad para hacer un mayor esfuerzo por renovar nuestro programa de estudios, una oportunidad para enfocarnos menos en lo que queríamos que supieran nuestros estudiantes y más en lo que queríamos que hicieran y lo que queríamos que fueran.

Al considerar su 50 aniversario, en medio de un momento tan agitado para la globalización, yo los instaría a recordar un simple aforismo: “nunca desperdicies una buena crisis”. Aprovechen esto como una oportunidad para reflexionar profundamente acerca de lo que una escuela como la suya debería estar enseñando a los estudiantes en el futuro y como una oportunidad y un motivo para hacer cambios que, probablemente, no habrían estado dispuestos a hacer en tiempos normales.

Créanme, yo he pasado mucho tiempo reflexionando sobre la naturaleza cambiante de la globalización. Soy dean de una institución en la que cada generación de 900 estudiantes de MBA que entran cada año normalmente incluye más de 350 estudiantes extranjeros que se trasladan a Estados Unidos. Más de 60% de los 10,000 ejecutivos que formamos en nuestro campus cada año son internacionales. Más de 40% de las publicaciones de nuestra escuela de negocios ya se distribuyen a nivel internacional. ¿Qué va a significar la hostilidad actual hacia la globalización para nuestra escuela? ¿Qué va a significar para el IPADE? Para mí, ésta no es sólo una pregunta intelectual: es profundamente personal. Yo mismo soy alguien que hace más de 30 años tomó la decisión de emigrar a Estados Unidos. Yo nací y crecí en la India y fui a Estados Unidos para realizar estudios de posgrado. Obtuve la ciudadanía y he vivido en Estados Unidos desde entonces. Y soy muy afortunado de tener muchos, muchos amigos inmigrantes que también llegaron para estudiar.

Así que, al reflexionar sobre este debate acerca de la globalización, yo instaría a todos los que estamos en esta sala a recordar que no se trata tan sólo de una cuestión de economía. También es una cuestión de liderazgo. Un liderazgo eficaz requiere generosidad, empatía, una postura que trascienda una mentalidad transaccional de ojo por ojo y de suma cero. El liderazgo requiere pensar en los demás, da prioridad a la creación de valor, en lugar de la reivindicación de valor.

La historia de Estados Unidos, sobre todo la del siglo XX, está plagada de ejemplos que muestran esta generosidad y liderazgo. Hubo iniciativas gubernamentales como el Plan Marshall, el Cuerpo de Paz, USAID y hoy en día está el trabajo de filántropos como lo es la Fundación Gates. Y sí, en menor escala, yo consideraría la labor misionera que llevó a cabo Harvard Business School para ayudar a apuntalar nuevas escuelas de negocios hace medio siglo, como un ejemplo de este tipo de liderazgo generoso.

Mi esperanza es que la gente de todos los países se vuelva más consciente de que trabajar bien más allá de las fronteras es una habilidad de liderazgo indispensable, ya sea que se trate de un individuo, una organización o una nación. Espero que la gente en todos los países adquiera una mayor sensibilidad para identificar las maneras en que una mayor libertad para viajar, migrar y comerciar los beneficia en lo personal, por la importación de productos de los que gozan, por las exportaciones que pueden realizar –que son útiles para la demanda en otras partes del mundo–, por la vitalidad y las contribuciones tan importantes que aportan los inmigrantes, no sólo en Estados Unidos, sino en todas las otras naciones que los aceptan dentro de sus fronteras.

Espero que, con el tiempo, muchas más personas reconozcan lo que Warren Buffet señaló recientemente en su carta a los accionistas: el dinamismo económico se alimenta en parte por una marea de inmigrantes talentosos y ambiciosos. Los felicito una vez más por este aniversario histórico, en un momento en que las relaciones entre México y Estados Unidos parecen estar tensas. Estoy aquí para decirles que hay muchos estadounidenses, como yo, que siguen deseando que ésta sea una magnífica relación.

Esperamos con gran anticipación que haya otro dean al que inviten para su aniversario número 100. Estoy seguro que el IPADE seguirá creciendo a pasos agigantados. El mundo en que vivimos tiene una enorme necesidad de mejores líderes. Hay una crisis de liderazgo en todo el mundo, y es nuestra responsabilidad, juntos como escuelas de negocios reunidas aquí –Harvard Business School, IPADE, IESE y todas nuestras otras escuelas hermanas, ayudar a formar a los líderes que habrán de responder a esta crisis de liderazgo y hacer del mundo un lugar mejor.


Discurso pronunciado por el dean de Harvard Business School el 31 de marzo de 2017, durante la jornada conmemorativa del 50 aniversario del Instituto celebrada en la sede Ciudad de México.