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Una pieza sinfónica inspirada en el management, hace frente al desafío de proyectar las similitudes entre el quehacer de un director de orquesta y uno de empresa.

 

La empresa es una comunidad de personas que desea alcanzar un proyecto valioso. Trabajar en ella implica ilusión, desafío, audacia, disciplina, apertura al cambio y realización de sueños y valores.
Dirigirla es un arte con múltiples facetas; exige personalidad y carácter, ambas son las mejores cualidades del hombre o de la mujer que hace cabeza en la empresa.

Ser empresario es una labor que exige el perfeccionamiento constante de la persona misma; además, se caracteriza por abrirse camino con determinación, magnanimidad y confianza, hasta conseguir que una oportunidad se convierta en una posibilidad de negocio. Asimismo, se le puede definir como una persona cuya tarea principal es liderar a otras personas en la consecución de objetivos de generación de valor económico y social.

En definitiva, el empresario orquesta recursos, voluntades, intereses, consigue que emerja lo mejor de cada persona para alcanzar un objetivo. Tiene la capacidad de incrementar, de ensanchar cauces y de proponer para ir a más. Su vocación natural es su desmedido atrevimiento de crear algo valioso y convocar a otros al proyecto común llamado empresa.
Ser empresario y director general no es una labor trivial, demanda arriesgar, invertir, dirimir conflictos, alinear intereses y, ante todo, superar adversidades y contrariedades.

 

ORQUESTAR Y DIRIGIR
El regalo de Zyman nace en el contexto del aniversario 50 del IPADE Business School en México. Este Instituto es una escuela de negocios para empresarios y directores generales; en búsqueda constante de perfeccionar al hombre y a la mujer que encabezan las organizaciones. En este entorno deseábamos un regalo para los empresarios, un obsequio de fuerte motivación que inspirara a esta comunidad: la primera obra sinfónica inspirada en el trabajo directivo del empresario.

¿Por qué una obra sinfónica? El trabajo del director de orquesta ‒muy dependiente del compositor‒ tiene grandes similitudes con el trabajo del director de empresa, puesto que en la labor cotidiana tienen como encomienda coordinar el talento de personas, dar secuencia correcta a las actividades, lograr lo mejor de las individualidades y alcanzar la optimización global a través de la suma de las partes. En palabras de Zyman: “el compositor, al igual que el director, toma decisiones en su quehacer diario. Se ve obligado a decir qué notas escribir, cuales sobran, etcétera”.

Unir la música con otro oficio, no es una labor nueva; la música no es un arte independiente, es, como afirma Dietrich Schwanitz, un componente de otras muchas formas artísticas. Unir la música con el management o inspirar una pieza sinfónica con los “momentos” de un empresario, parecía una buena manera de externar el quehacer directivo y consolidar el obsequio que anhelábamos.

A pesar de que la música, como arte interpretativo, no hace referencia a objetos materiales o acciones humanas específicas, sí es capaz de suscitar en los escuchas fuertes experiencias de sentimientos y emociones. Esto es, aunque la música por sí misma no ejemplifica de manera objetiva una acción directiva, sí puede representar emociones que se relacionen a los cinco momentos clave en la vida de un empresario. No son secuenciales, sino dinámicos, momentos donde se unen creatividad e intuición, método y espontaneidad, arte y ciencia:

1. Buscar oportunidades
2. Integrar personas
3. Generar resultados
4. Acometer obstáculos
5. Proyectar futuro

Se requería la participación de un compositor experimentado, sensible, prestigiado, con apertura a estas ideas e, idealmente, mexicano. Samuel Zyman es un médico convertido en compositor, nació en la Ciudad de México en 1956, en el seno de una familia de origen judío. Conjugó su carrera de medicina con la música, al estudiar piano y composición en el Conservatorio Nacional de Música de la Ciudad de México. Más adelante, Zyman recibió los grados de maestría y doctorado en composición en la Juilliard School de Nueva York, donde fue alumno de músicos de la talla de Stanley Wolfe, Roger Sessions y David Diamond, y donde actualmente es profesor titular.

Cada uno de estos cinco momentos clave, y encontrar un compositor con tales características resultaba un desafío, implicaba incorporar elementos propios de los sentimientos de la condición humana del director. Cada momento involucra el desarrollo de una serie de cualidades y virtudes que hacen que cada instante se desarrolle de manera eficaz.

 

EL CAMINO HACIA LA VIRTUD
La Real Academia Española define virtud con ocho variadas acepciones; desde aquella que la concibe como una “actividad o fuerza de las cosas para producir o causar sus efectos”, hasta la que la define como “disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza”. El perfeccionamiento directivo, propio de la labor de una escuela de negocios como el IPADE, exige la orientación hacia el bien, la verdad, la justicia y la belleza, es decir: hacia la virtud.

La labor empresarial mueve a las personas, a sus familias y a la economía, genera tejido social y es precisamente en la empresa, como en toda organización o comunidad de personas, donde no podemos eludir la vocación de aprender a servir a los demás. Por ello, destaco los cinco elementos clave del empresario que delimitan un perfil pero, ante todo, que determinan un itinerario de vida, un ejercicio de magnanimidad, de prudencia y de virtud:

1.Buscar oportunidades, tiene implícita una orientación a la creatividad, al optimismo, incluso a la alegría de saber que cada oportunidad es un medio para servir más y de mejor manera.

2.Integrar personas es un mandato presente en la raíz del humanismo empresarial. La persona es el fundamento de cualquier empresa y acoger a sus integrantes, es la labor del director. Por tanto se requiere generar confianza, exigir, liderar con sensibilidad humana y dirimir los conflictos interpersonales.

3.Generar resultados es la exigencia y el mandato de cualquier empresario y director; los resultados son el efecto de una acción eficaz, con audacia y con la constancia que requiere cualquier modelo empresarial.

4.Acometer obstáculos para superar las innumerables circunstancias que enfrenta el director de manera emergente. Demanda lo mejor de su personalidad y carácter, no hay cabida para pesimismos, sólo para la fortaleza y resiliencia que permita superar dichas adversidades. Implica noches de reflexión y de pensamiento, de serenidad y de arrojo para salir adelante.

5.Proyectar futuro para alcanzar un ideal magnánimo. Una empresa es un medio de perfección humana y personal; para conseguir vidas más plenas en todos sus integrantes y a la vez modelos de innovación y competitividad que perduren.

La idea de crear una obra sinfónica que plasmara la ardua y valiosa labor del empresario fue acogida con entusiasmo por Samuel Zyman. Después de una serie de diálogos entre el músico y nosotros, la idea comenzaba a tomar forma: sería un regalo para los empresarios con motivo de los 50 años del IPADE; sería una forma de expresar que los horizontes que busca en todo momento un empresario, son a la vez una invitación a una función empresarial más responsable, más social, y en todo caso, más virtuosa.

En Horizontes: reflexiones sonoras hacia la virtud, se enmarca la unión del trabajo directivo empresarial con el trabajo directivo artístico, la síntesis de empresa, cultura y sociedad, y la aspiración más alta de cualquier ser humano: servir con excelencia a los demás.