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Durante años, el origen de nuestros alimentos no fue tema de debate, y por esa razón proliferaron métodos de producción industrial de proteína animal. Las reses, pollos y cerdos comenzaron a ser tratados con hormonas; se modificaron grandes extensiones de tierra para producir monocultivos para ingesta de ganado; a la vez comenzaron a utilizarse poderosos químicos e insecticidas sobre frutas y vegetales comestibles. Y lo cierto es que estas y otras prácticas todavía se llevan a cabo. Es indispensable que en la actualidad reflexionemos sobre estos temas pues, más allá de una moda, necesitamos exigir métodos de producción saludables para decidir todos juntos nuestro futuro.

La periodista y escritora argentina: Soledad Barruti, no sólo ha dedicado su carrera a conocer la procedencia de los alimentos, sino también a develar cómo influyen en nuestra salud, medio ambiente y cultura. En dos años realizó una rigurosa investigación periodística; recorrió todo su país para conocer productores e interpeló a empresarios y científicos, todo para obtener valiosas conclusiones en torno a la industria alimentaria argentina; cabe mencionar que lo que se lee en esta investigación bien puede aplicarse a muchos países latinoamericanos.

El resultado de esta ardua labor se ve reflejada en su libro: Mal comidos, que sigue generando debates y ya cuenta con una octava edición.

En Mal comidos, Barruti expone a la industria alimentaria, una de las más poderosas del mundo. En sus páginas describe cómo las empresas involucradas han invertido grandes sumas de capital para conseguir credibilidad entre los consumidores, y para ejemplificarlo, menciona cómo se destina más presupuesto a la publicidad que a la calidad de los ingredientes de alimentos procesados; es decir, la apuesta está en convencernos que son buenos más que en invertir en la calidad del producto.

En entrevista para istmo, la investigadora apunta que en los supermercados 70% del espacio lo ocupan los alimentos procesados, los cuales básicamente están hechos de tres ingredientes: aceite, harina y azúcar, productos que al consumirse en exceso afectan nuestra salud, empobrecen nuestra ingesta de nutrientes, y en segundo término, atentan contra la biodiversidad del planeta pues se consiguen por medio de prácticas de explotación ambiental.

Respecto al incremento de programas de televisión dedicados al tema de la cocina, Soledad Barruti comenta que las personas, por más que se desprendan de la cocina, no se pueden separar por completo, y para ilustrarlo utiliza el término de “comensalidad”, el cual hace alusión a que los seres humanos estamos siempre comiendo o viviendo situaciones relacionadas con la comida. Al respecto, la argentina exhorta a quitarnos de la mente la idea errada de que cocinar es una pérdida de tiempo, pues además fue impuesta con el objetivo de vender comida casi lista. “Si mides el tiempo en el que haces un puré de caja y lo comparas con el que duras haciéndolo con papas frescas, verás que la diferencia de no es tanta, sin embargo, el segundo proceso lleva ventaja en cuanto a sabor y nutrientes”, comenta en entrevista.

Mal comidos también profundiza en la malnutrición infantil que aqueja a muchas sociedades contemporáneas. Sobre el tema, Soledad Barruti opina que, para combatir esta situación, la primera acción es cocinar en familia y valorar los alimentos naturales; llevar a casa comida que sabemos que no es sana genera confusión. El siguiente paso es dejar a los niños en claro qué es un alimento (animales y vegetales) y qué es un comestible (dulces, por ejemplo). Además, la autora pone especial énfasis en no llenar el refrigerador de alimentos infantiles. “Los niños no son de otra especie, pueden y deben comer lo mismo que el resto de la familia”, puntualiza.

En su libro, Barruti nos recuerda la importancia de retomar actos sencillos para mejorar nuestra alimentación, como cocinar en casa incluyendo a todos los miembros de la familia al menos una vez a la semana, y elegir alimentos naturales, frescos y sanos. A todos nos gusta comer, y es importante comenzar a ver estos actos como tiempo ganado e invertido en nuestra salud. Cada bocado importa.