Las casas de estudios más prestigiosas cuentan con museos gracias a la donación de célebres coleccionistas que buscaron trascender su propia vida difundiendo el conocimiento.

Las alma mater más prestigiosas del saber tuvieron su origen hace casi nueve siglos en Europa. La primera fue la Universidad de Bolonia (Italia) en 1088, donde se acuñó el término “universidad”; la segunda, la de Oxford (Reino Unido) en 1096; la tercera, la de París (Francia) entre 1096 y 1150; la cuarta, la de Cambridge (Reino Unido) en 1209 y la quinta, la de Salamanca (España) en 1218. Son instituciones que han acrecentado su marca de éxito y su reputación a lo largo de los siglos como casas del saber y todas tienen museo o museos.

MUSEOS UNIVERSITARIOS
Según los lineamientos del ICOM (International Council of Museums), un museo es una institución permanente sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público; que adquiere, conserva, investiga, difunde y expone los testimonios materiales del hombre y su entorno para la educación y el deleite del público que lo visita. Los museos universitarios se definen, además, como aquellas instituciones que dependen o están asociadas a universidades o instituciones de educación superior y se ocupan de proteger el patrimonio a cargo de las mismas. (ICOM Cahiers, 11, 2003). University Museums and Collections (UMAC) tiene su comité específico dentro de ICOM.

Los museos y colecciones universitarias se formaron para cumplir con las funciones propias de toda universidad: la docencia, la investigación y la difusión de la cultura. Se constituyeron recibiendo donaciones de archivos y colecciones o bien, adquiriendo obras y se caracterizan por resguardar una gran riqueza patrimonial y por fomentar nuevas formas de expresar las artes, las ciencias y la cultura, todo ello respaldado por especialistas de distintas áreas de conocimiento.

El University Museums Group UK declaró, en un estudio efectuado entre 1989 y 2001, que en Reino Unido eran más de 100 los museos universitarios abiertos al público, a los que se habían de sumar cerca de 300 colecciones universitarias que se utilizan, prioritariamente, para temas docentes y de investigación. Estos museos sólo representaban 4% del sector de los museos británicos, pero poseían y administraban 30% del patrimonio cultural de dicho país, considerado de interés nacional o internacional por su Department for Culture, Media and Sport. Es tan sólo un ejemplo de la existencia de este patrimonio cultural que debe rentabilizarse en todos los sentidos.

La posibilidad de acceder a las interesantes y variadas colecciones culturales que poseen las universidades, o que el sector de los museos tenga un papel más relevante en los distintos campos de la investigación científica, respetando el marco legal que garantice la protección, conservación y acceso al patrimonio cultural de dichos museos; supone un gran paso para la creación, desarrollo, transmisión y crítica de la cultura. Un museo universitario regenera y reestructura el tejido social de la ciudad, fomenta el desarrollo local y la identidad propias, y conforma ciudadanos.

ALGUNOS MUSEOS UNIVERSITARIOS EN AMÉRICA Y EUROPA
David Roberts –experto en innovación y miembro de Singularity University, de Silicon Valley– ha afirmado recientemente que en el siglo XXI sobrevivirán aquellas universidades que tengan una gran marca detrás (2016), tradición, historia y aquellas que estén vinculadas a una buena escuela de negocios. En mi opinión, las universidades que tienen esa marca de excelencia hoy, tienen también un museo o varios en sus campus, como espacios de aprendizaje, docencia e investigación, además de conservación y difusión del patrimonio al alcance de todos.

En el mismo sentido, el ingeniero venezolano Rafael Reif, presidente del MIT, acaba de lanzar una llamada a la comunidad universitaria para valorar la inteligencia, la pasión y la curiosidad en sus aulas. Los museos universitarios contribuyen a potenciar y despertar el interés por la identidad, la historia, la expresión artística y la estética a través de los siglos. Reif también ha realizado esta invitación: “el rol de la universidad para las próximas décadas es el de enseñar no sólo habilidades científicas y técnicas para hacer al mundo un lugar mejor, sino también educar para comprender la naturaleza humana” (2016). Todo un manifiesto que vuelve a corroborar la importancia y pertinencia de desarrollar las actividades de coleccionismo, preservación y conservación, investigación y docencia en el marco de las comunidades universitarias.

Podemos rastrear las magníficas aportaciones en calidad y en cantidad de algunos de los principales museos universitarios en América y Europa, y calibrar su repercusión en y desde sus sedes a las diferentes audiencias a las que se dirigen:

Ashmolean, Universidad de Oxford (Reino Unido)
Es el primer museo universitario del mundo, constituido en 1683. Surgió con la intención de albergar el gabinete de curiosidades de Elías Ashmole, político y anticuario. Entre otras piezas, destacan diversas estatuas y objetos del Antiguo Egipto; la colección minoica de Arthur Evans –la más grande fuera de Creta–; La Crónica de Paros Parian Marble, la más antigua tabla cronológica griega; pinturas de Paolo Uccello, Piero di Cosimo, Tiziano, Rembrandt, Willem Drost, John Constable, Pierre-Auguste Renoir, Édouard Manet y Pablo Picasso; dibujos de Miguel Ángel, Rafael Sanzio y Leonardo da Vinci; pinturas y acuarelas de Turner y El Mesías Stradivarius, un violín elaborado por Antonio Stradivari. En la actualidad, el museo se encuentra en otro edificio en Beaumont Street. Un ala del complejo está ocupada por la Institución Taylor, la facultad de lenguas modernas y por el Instituto Griffith, para el estudio de egiptología. Esta pinacoteca está enfocada a atraer audiencias diversas, no solamente las provenientes de la comunidad universitaria, sino sobre todo colegios, familias y adultos. Tras implementar un plan estratégico en este sentido desde 2004, en 2010 sobrepasaron el millón de visitantes. Actualmente la media anual se ha estabilizado en 800,000 visitantes.

Fitzwilliam, Universidad de Cambridge (Reino Unido)
Este centro de arte existe gracias a la generosidad del vizconde Fitzwilliam of Merrion, quien en 1816 legó a esta universidad británica su colección de arte, su biblioteca así como fondos para construir la sede. Fitzwilliam cuenta con una oferta variada y exhaustiva. La colección más relevante, al menos por su actual estimación y renombre, es la de pinturas. Entre las más famosas destacan un políptico de Simone Martini y dos óleos de Tiziano: Tarquinio y Lucrecia, pintado para Felipe II de España en 1571 y Venus con un organista (similar a dos versiones del Museo del Prado). Hay también una copia, pintada por Henri Fantin-Latour, del famoso Entierro de Cristo de Tiziano que se encuentra en el Louvre. El grupo de obras de Renoir es también relevante, con unas ocho pinturas y diversos bocetos y grabados. Se exhibe así mismo un paisaje temprano de Paul Gauguin e importantes pinturas prerrafaelitas, de Dante Gabriel Rossetti y John Everett Millais.

Yale Art Gallery, Universidad de Yale (EUA, Connecticut)
Es el museo más antiguo del continente americano. Nació en 1832, por la donación de parte de la colección del artista estadounidense John Trumbull, con más de 100 pinturas de la revolución americana. Destaca también por su colección de elementos decorativos estadounidenses, su pintura italiana temprana, escultura africana y arte moderno. En sus actividades busca la estimulación del aprendizaje sobre el arte y el proceso creativo. Recibe una media de 106.000 visitantes por año.

Fogg Art Universidad de Harvard (EUA, Massachusetts)
Abierto en 1896, es el más antiguo del grupo de museos de arte de esta universidad. Actualmente su nueva sede está en construcción: tendrá 19.000 m2 y 3.995 corresponderán a la zona expositiva. Su colección reúne pinturas occidentales, escultura, artes decorativas, fotografía, impresiones y dibujos, desde la edad media hasta la actualidad. Destaca por su programa de investigación; por la organización de eventos, que les permite atraer al público en general y por el programa de Miembros, con distintos niveles de participación en función del nivel de aportación económica.

The Wolfsonian Universidad Internacional de Florida (EUA, Miami Beach)
El coleccionista y filántropo de Miami Beach, Mitchell Wolfson, decidió fundar esta pinacoteca en 1986 para exhibir y preservar su vasta colección personal. En 1997, donó la colección y el edificio Art Déco de tres plantas a la Universidad Internacional de Florida. Desde ese momento, el museo está dedicado al diseño y propaganda de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. La colección alberga mobiliario, artes decorativas, objetos, libros, pósters y otros elementos que reflejan cambios políticos y sociales entre 1885 y 1945. De particular valor son los materiales sobre American Industrial Design, el British Arts and Crafts Movement y otras escuelas y tendencias como el Art Nouveau, Darmstadt, Vereinigte Werkstätten, Deutscher Werkbund.

MUAC Universidad Nacional Autónoma de México (Ciudad de México)
Premio Príncipe de Asturias 2009 de Comunicación y Humanidades. Inaugurado en 2008, posee la primera colección pública de arte contemporáneo mexicano. Ha sentado un nuevo paradigma en la creación artística, la generación de conocimiento y el aprendizaje de sus públicos, siempre en un marco de debate, experimentación y crítica. Sus programas y proyectos son un referente en el mundo de los museos universitarios. Entre otros espacios, el MUAC cuenta con un laboratorio para el encuentro de artistas, comisarios e investigadores y promueve el voluntariado de todos los alumnos del campus.

MAC Universidad de Sao Paulo (Brasil)
En 2013, el MAC de la USP celebró sus 50 años. Su origen se remonta a 1963 y tuvo lugar gracias al traslado a la universidad brasileña de las colecciones que formaban parte del antiguo Museo de Arte Moderno de la ciudad de São Paulo. La pinacoteca latinoamericana se compone, entre otras, de obras de Amedeo Modigliani, Pablo Picasso, Alexander Calder, Tarsila do Amaral, Anita Malfatti, Lygia Clark y una estupenda colección de arte italiano de principios del siglo XX. Su prioridad es la educación y la investigación, tanto para los universitarios como para el público en general. Incluso los profesores imparten asignaturas de libre elección en el propio centro. Por esta razón no sólo cuenta con salas de exposición, sino también con una biblioteca, un auditorio y un archivo documental.

Otros museos universitarios con amplias colecciones y estudios de investigación en Visual Arts serían Architecktur Museum de la Technischen Universität de Berlín; Universität für Angewandte Künste, en Viena; el Kunstsammlung der Ruhr Univeristät Bochum (Alemania) así como el Barber Institute of Fine Arts, de la University of Birmingham; el Sainsbury Center for Visual Arts, de la University of East Anglia y la colección de Arte de América Latina y el programa de doctorado correspondiente en la Universidad de Essex (UK).

EL MEJOR UBI PARA EL DEPÓSITO Y DONACIÓN DE COLECCIONES
La idea filantrópica de coleccionar para el propio disfrute primero y después –o a la vez– para el depósito y donación a una casa del saber, es el origen de muchos de los museos universitarios, tanto en Europa como en Estados Unidos o Canadá. Se demuestra en estos coleccionistas, eruditos y grandes empresarios el propósito de contribuir al conocimiento de muchas generaciones de egresados a lo largo del tiempo, a través de objetos artísticos, documentos, fotografías y archivos, que encuentran el ubi perfecto en una Universidad, puesto que la institución asegura que estas colecciones van a conservarse con profesionalidad en manos de especialistas y, sobre todo, van a destinarse a los fines de estas casas del saber, es decir: la docencia, la investigación y la difusión de la cultura.

Grandes coleccionistas, como el gigante de la industria farmacéutica Albert Coombs Barnes, quisieron que a su muerte, su colección se convirtiera en un centro de educación de las artes, como así se ha logrado. Coombs desarrolló una solución de nitrato de plata como antiséptico, comercializada como Argyrol y desarrolló una importantísima colección de pintura impresionista, postimpresionista y modernista, que legó y quiso que la Universidad de Lincoln (Philadelphia, EU) la administrara a través de la Fundación Barnes. Obras de Van Gogh, Tolouse Lautrec, Rousseau, Manet, Cézanne, Matisse, Picasso, Modigliani, De Chirico, Soutine, etcétera forman parte de su colección, que quiso expresamente destinar para permitir a los visitantes un enfoque directo, incluso “práctico” de la colección: una contemplación pausada y sincera de las obras. La creó no para los historiadores del arte, sino para los estudiantes. Expresamente contribuyó al “renacimiento de Harlem” a partir de 1925, buscando la formación de los jóvenes.

Se demuestra en este, como en otros muchos ejemplos de coleccionistas de arte, su propósito de autotrascenderse y trascender su propia vida, en bien de otros muchos que aprenderán, investigarán y difundirán la cultura desde las Universidades gracias a su impagable labor.