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Un aroma es una cápsula del tiempo: puede invocar nuestros recuerdos y sueños más profundos, al igual que abrir puertas a mundos lejanos. Ésta es la máxima bajo la que se guía Carlos Huber, quien se define a sí mismo como un arquiste, es decir, alguien que fusiona los saberes y quehaceres de un arquitecto, un perfumista y un artista.

Estos conceptos están estrechamente relacionados entre sí y con la filosofía de su marca, Arquiste, una colección de fragancias para hombre y mujer confeccionada después de una larga investigación y que se precia de utilizar sólo los ingredientes más raros. Ejemplo de ello es la coroupita, una flor sudamericana que abre por sólo un día y crece en un enorme árbol conocido como balas de cañón, por sus enormes frutos. Brillantes, coloridas y grandes, estas flores son los principales componentes del perfume Ella, caracterizado también por sus toques de jacinto, petunia y rosa, además de por su nota verde característica de la salvia.

Si las líneas anteriores buscan evocar el ambiente de una selva tropical, esta sensación se convierte en realidad con cada fragancia de Arquiste. El objetivo de esta línea, además de brindar aromas agradables, es la de restaurar la experiencia olfativa de un momento y un lugar en particular, permitiendo que cada quien viva su propia historia.

Lo anterior se confirma con uno de los perfumes de más reciente creación de la marca, llamado L`Etrog. Para crearlo, Huber se basó en una historia medieval de Calabria, Italia, cuya protagonista es una familia que se reúne para celebrar una buena cosecha. La escena se lleva a cabo dentro de una cabaña construida con hojas de palma y otras ramas leñosas, por lo que el aroma de la cidra Etrog –una especialidad regional– forma parte esencial de la fragancia, a la que se suman olores del dátil dulce para trasladarnos por completo al calor de una noche mediterránea.

www.arquiste.com