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Para el viajero experto que ha visitado Roma más de una vez, o para quien no se conforma con los puntos turísticos habituales, proponemos rentar un auto y dar un paseo por los alrededores de la capital italiana y vivir, por unos días, como un romano del siglo XXI.

AIRE VACACIONAL
A unos 23 kilómetros al sureste de Roma se encuentra el pequeño municipio de Castel Gandolfo. Cuenta con cerca de 7 mil habitantes y es conocido por ser el lugar donde se ubica la residencia de verano del Papa. Este precioso y tranquilo lugar emana en su atmósfera la esencia de las más relajadas vacaciones.

El Palacio Pontificio fue construido en el siglo XVII por Carlo Maderno a petición del Papa Urbano VIII; a partir de entonces, numerosos pontífices la han utilizado como residencia vacacional. En marzo de 2014 se abrió al público el acceso al Jardín Barberini, uno de sus espacios verdes. Ahora, los visitantes pueden admirar sus rosales, pasear por el camino de las hierbas aromáticas, admirar sus lirios acuáticos, o tomar un descanso en la Plazuela de los Robles. La visita dura aproximadamente 90 minutos y los tours se dan en inglés e italiano. Es importante tomar en cuenta que la reservación es obligatoria.

Uno de los innegables atractivos de Castel Gandolfo es la cercanía del Lago Albano. En sus aguas puedes hacer un paseo en kayak o alimentar a los patos de collar que nadan en las orillas y son amigables. En los alrededores también hay áreas arqueológicas interesantes, como por ejemplo el Emissario del Lago de Albano, un conducto artificial de 1,800 metros de largo que comienza en la costa occidental del lago de Albano y termina en el pueblo de Castel Gandolfo. Ésta es una de las mayores obras de ingeniería hidráulica de la época romana, y de acuerdo con el historiador Tito Livio fue construida entre los años 398 y 397 a.C.

No hay que perderse la visita a la Collegiata de San Tommaso de Villanova, una iglesia construida por el genial Lorenzo Bernini en 1661. El templo tiene una planta cuadrada y una cúpula sostenida por dos pilastras de estilo dórico, y en el interior resguarda importantes obras religiosas, entre las que destaca una pintura de la Crucifixión de Jesús realizada por Pietro da Cortona, artista del Barroco.

Otra gran opción es simplemente tomar un espresso o un helado artesanal en la terraza del café La Playa, que cuenta con un amplia terraza para contemplar el lago.

ARTE SACRO Y MÁRMOL
Una ciudad más que encontrarás en tu camino es Grottaferrata, conocida por resguardar la abadía de San Nilo, erigida en el año 1004 sobre los restos de una villa romana. Actualmente alberga al Museo dell’Abbazia, que exhibe algunos sarcófagos, retratos de Alejandro Magno y uno Constantino, además de una colección de pinturas medievales, cerámica islámica y vestiduras episcopales del siglo XIV hechas en seda y oro. Destaca una estela funeraria de mármol conservada en excelentes condiciones. La figura que tiene labrada es la de un joven sentado leyendo con una pantera a sus pies.

PLACERES DE LA CAMPIÑA
A poco más de 3 kilómetros encontrarás la ciudad de Frascati, enclavada en las Colinas Albanas. Su zona rural sorprende por sus olivares y viñedos, a través de los cuales es posible tomar un tour para conocer las técnicas tradicionales de elaboración de vino. Al final del recorrido se llega la mejor parte: una generosa cata de vinos dirigida por un experto sommelier. Por si el placer fuera poco, puedes acompañar tu copa con pan recién horneado y aceite de oliva prensado frente a tus ojos. Si lo prefieres, puedes probar una auténtica pasta cacio e pepe, un platillo muy común en los hogares romanos pero que para el viajero resultará delicioso y reconfortante.

UNIVERSO Y BUENA MESA
La población de Monte Porzio Catone no llega a los 3 mil habitantes, pero lo que le falta en pobladores le sobra en encanto. Uno de sus atractivos es el Observatorio Catone, que además de llevar a cabo investigaciones de alto nivel en las principales áreas de la astrofísica, también gestiona el extenso patrimonio alojado en el Museo Astronómico de Copérnico de Monte Mario. Ofrece actividades abiertas al público como visitas guiadas y observaciones en su enorme telescopio.

Paradójicamente, lo sobresaliente de los restaurantes de Monte Porzio es la sencillez. La experiencia aquí es de verdadera comida casera tradicional: todo se cocina según la temporada y la cosecha de los patios traseros de cada restaurante. Puedes probar, por ejemplo, una crema de zucchini, pasta fresca, pizza con los mejores ingredientes, así como embutidos de primera calidad. De postre, ciambelline al vino, unas roscas crujientes con anís, ralladura de naranja y moscatel que tradicionalmente se sopean en vino de la casa. Aunque en este pequeño poblado no están tan habituados a los turistas, su cortesía te hará sentir como un habitante más.

DE LAGOS Y DIOSAS
Para escapar de los tumultos turísticos lo ideal es visitar Nemi, a orillas del lago volcánico del mismo nombre. Esta localidad es conocida por su producción de fresas silvestres (no te pierdas sus conservas y postres) y por la belleza de sus vistas panorámicas. En verano tiene lugar un fenómeno natural conocido como el Speculum Dianae, que consiste en el espectacular reflejo de la luna justo al centro del lago.

Si recorres los alrededores encontrarás los vestigios del templo de Diana Nemorensis y el Museo de los Barcos Romanos, este último construido en los años treinta para albergar los vestigios de dos barcos del emperador Calígula extraídos del fondo del lago Nemi. Desafortunadamente, ambos barcos fueron destruidos por un incendio durante la II Guerra Mundial, y de ellos sólo sobrevivieron algunos maderos carbonizados. El museo consta de dos partes: la primera rinde homenaje a los dos barcos con la exposición de modelos a escala, copias de materiales hallados en las naves, como una bomba de pistones o un ancla de madera con tiras de metal, mosaicos o pavimentos de mármol con incrustaciones. La segunda está dedicada al Lago Nemi y al santuario de Diana. 

ANTIGUA FRESCURA
La ciudad de Tívoli está situada 25 kilómetros al noroeste de Roma, en el centro de Italia. Uno de sus principales atractivos es la Villa Adriana, un complejo palaciego donde el emperador Adriano trató de reproducir las grandes construcciones de Egipto, Grecia y Roma. En 1999, la UNESCO la nombró Patrimonio Mundial, y entre las obras aquí encontradas se hallaban las Ocho Musas de Cristina de Suecia (actualmente en el Museo del Prado de Madrid) y la Diana de Versalles (Museo del Louvre de París). 

Las ruinas del anfiteatro griego conservan parte de las gradas y junto a él se encuentra el templo de Afrodita, inspirado en el Templo de Cnido (Turquía). El núcleo del complejo está en torno al Teatro Marítimo, una estructura circular con columnas jónicas de mármol que rodea a la isleta central. Aquí se comprueba el extraordinario nivel que alcanzó la arquitectura romana.

Otra de las joyas que ofrece esta localidad es la Villa d’Este, construida en 1550 por encargo del cardenal Hipólito II d’Este. Este palacete es famoso por su jardín, adornado con un sinfín de fuentes y juegos de agua.