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En la sociedad del siglo XXI no bastará con saber, sino con ejercer competencias intrapersonales e interpersonales que permitan seguir aprendiendo y trabajar en equipo.

 

Las dos figuras esenciales de cualquier experiencia de aprendizaje exitosa son el que aprende (educando) y el que enseña (educador); pero, en el contexto de una escuela exitosa, existe una tercera figura: un líder con visión, habilidades y amplio entendimiento sobre el ambiente de aprendizaje en su institución educativa.

Las instituciones educativas se encuentran en una constante búsqueda para mejorar su oferta, de tal forma que los padres de familia estén satisfechos con los métodos educativos y resultados académicos que sus hijos tengan. Aquí empieza una de las grandes batallas que confunden la práctica educativa actual.

Es sabido por todos que la nueva generación tiene características muy peculiares en cuanto a su proceso pensante, acceso tecnológico e impulsividad por el resultado inmediato. Esto provoca que se hayan buscado nuevos métodos que permitan, por un lado, tener claridad en los estándares mínimos de aprendizaje para todos y, por otro, satisfacer los intereses particulares que motiven el aprendizaje crítico y reflexivo de cada persona, basándose en sus propias capacidades y potencial.

Hoy en día, las organizaciones han tenido que modificar sus perfiles laborales, dado que el profesionista millennial –nacido entre 1981 y el año 2000– tiene aspiraciones personales y profesionales distintas a las de su anterior generación, la Generación X. Si se consideran modelos educativos para millennials, una de sus características esenciales es que exigen la personalización, no quieren ser como el resto y, por tanto, esperan que las organizaciones sean las que se adapten a sus necesidades (Gutiérrez-Rubí).

Se puede decir que estamos en una etapa de transición en la que, ya superada la sociedad de la información, se está migrando de una sociedad del conocimiento a una sociedad del aprendizaje. Parafraseando a la profesora de la Universidad de Stanford, Carol Dweck, ésta es una sociedad en la que es más importante basarse en el proceso, en el “todavía no” (not yet), que en el resultado (now); justo porque, en el pasado, se ha dado mucha importancia a los estándares basados en resultados y conocimientos adquiridos, más que en procesos en los que el aprendizaje es visto como un ciclo en sinergia constante; en el que el now es menos importante que el not yet.

Por ello, el currículum escolar debe construirse para formar a los profesionales que se guían por sus propios intereses y buscan tener un alto nivel de dominio en determinada área de experiencia (retando su not yet); dentro de un mundo que Sir Ken Robinson define como que exige creatividad y pensamiento interdisciplinario.

¿Conocimiento o aprendizaje?
Mucho se ha hablado en los últimos años sobre cambios de paradigma educativo en todos los niveles –familiar, escolar y laboral, principalmente– volcando la atención hacia el que aprende, hacia el educando –hijo, estudiante y empleado o colaborador–. Este cambio se ha dado bajo el paraguas de la sociedad del conocimiento y al parecer está migrando hacia la sociedad del aprendizaje, en la que el conocimiento es accesible a todos pero lo que hace diferenciarse a una persona de otra, es la capacidad de aprendizaje y la aplicación del mismo en situaciones cotidianas. En la sociedad del conocimiento se ha ponderado el potencial cognitivo de la persona; en cambio, en la sociedad del aprendizaje, se valora la capacidad de interconectar el dominio cognitivo con el interpersonal y el intrapersonal. Ésta es la base de la que parten las competencias para el siglo XXI, cuyo enfoque perfila el desarrollo de conocimiento transferible para la vida y el trabajo.

Si bien es cierto que la escuela, durante muchos años, premió el uso de la memoria y, en las últimas décadas, se ha ocupado de generar procesos de razonamiento que sustituyan el mero nivel memorístico, hoy en día lo importante es que el alumno, como centro del proceso, sea capaz de aprender por sí mismo, compartir su aprendizaje, aprender de los demás y de esta manera construir una “sociedad que aprende” de manera colectiva y reflexiva.

Para dar respuesta a la necesidad de formación en competencias para el siglo XXI, hace falta generar modelos educativos que promuevan estrategias personalizadas, superando así la época en la que se buscaba la estandarización del conocimiento. Actualmente lo importante es formar hijos y alumnos que sean los líderes del mañana, con capacidad de generar perspectivas de “aprendizaje profundo” (deeper learning) para la vida y el trabajo.

Aprendizaje profundo hace referencia al proceso por el cual la persona es capaz de tomar lo que ha aprendido en un momento determinado y aplicarlo a nuevas situaciones, por medio de transferencias de aprendizaje (Pellegrino et Hilton). Por medio del aprendizaje profundo, que generalmente implica aprendizaje colaborativo e interacciones con otros miembros de la comunidad, la persona desarrolla un nivel de experto en un área de dominio determinada. En esta etapa se entiende que la estandarización educativa es tan sólo una base de la cual partir para desarrollar, de manera personalizada, las competencias que se requieren en el siglo XXI.

En la actualidad se revaloran los principios de educación personalizada que varios pedagogos como García Hoz planteaban como necesarios desde hace ya varias décadas y que, en muchas ocasiones se consideraban utópicos y lejanos a la realidad educativa. Hoy por hoy,
un modelo educativo que no vincule el desarrollo de competencias en sus tres niveles de dominio –cognitivo, intrapersonal e interpersonal– con metodologías y estrategias que favorezcan la personalización del proceso de aprendizaje, no será capaz de responder al perfil de los estudiantes ni al que la sociedad actual está exigiendo.

Si escalamos nuestra mirada, podemos ver que países como Finlandia y Singapur han desarrollado su sistema educativo considerando maximizar el potencial de cada uno de los estudiantes, visto como individuo, con un proceso propio. En lo que difieren ampliamente, es en la manera de hacerlo, pues Singapur desarrolló un modelo sistémico y coherente en el que se concatenan la práctica educativa, las políticas y la preparación de maestros bajo un objetivo común. Los países asiáticos como Singapur, Corea del Norte y China, han mejorado su rendimiento educativo, “empoderando” al profesor con autonomía en el aula, pero a su vez exagerando en el tiempo dedicado al estudio –si se considera un balance de vida equilibrado: personal, familiar y escolar–, por lo que los efectos a largo plazo se consideran inciertos.

Por otro lado, el sistema educativo en Finlandia, comenzó a trabajar en su mejora educativa desde los años 70, sin estar en la búsqueda por encabezar ningún tipo de ranking, sino impulsando el trabajo conjunto entre la familia y la escuela, dando a cada alumno la posibilidad de aprender a su propio ritmo, dentro de un colectivo en el que la ayuda mutua sea la base para el éxito escolar y por ende mejora social. Esto, además de la excelencia formativa que tienen los profesores finlandeses –10,000 horas de práctica para considerarse profesionales– y el prestigio social que tiene dicha profesión.

A diferencia de los países asiáticos, Finlandia ha reducido las horas del profesor frente a grupo; menos horas de clase, menos tareas escolares y más tiempo para jugar y convivir en familia. Ha preferido la colaboración en lugar de la competencia, la personalización en lugar de la estandarización, la equidad en lugar de la selectividad escolar, la educación pública a la privada, la pedagogía a la tecnología.

Es decir, da más importancia al desarrollo personal integral de alto potencial, que a la generación masiva de estudiantes destacados.

Para concluir, cabe señalar que existen diversos métodos educativos y estrategias didácticas que una escuela puede adaptar, pero la pieza clave es un modelo educativo firmemente cimentado en raíces antropológicas que permita desarrollar un sistema curricular activo y personal, para desarrollar integralmente a sus estudiantes en los tres ámbitos esenciales: cognitivo, intrapersonal e interpersonal, de manera balanceada y coherente.

 

Notas finales
Chung, C. et F. Reimers. (2016) What Students Really Need to Thrive in the 21st Century. Leading Voices on Today´s Topics. Insights: Estados Unidos de América.
Dweck, C. (2014). The Power of believing that you can improve. TedTalk Video. Ted.com
Gutiérrez-Rubí, Antoni. Forbes México. Diciembre 22, 2014. Sección negocios. Forbes.com.mx
Pellegrino, J. et Hiltom, M. Education for Life and Work: Developing Transferable Knowledge and Skills in the 21st Century. The National Academies Press: Estados Unidos de América.
Robinson, Ken et L. Aronica. (2016). Creative Schools: the Grassroots Revolution That´s Transforming Education. Viking: Estados Unidos de América.
Sahlberg, P. (2012). Finnish Lessons: What can the World Learn from Educational Change in Finland? CIMO: Finlandia.