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El arte de dirigir personas hoy
Santi García García
Libros de cabecera.
Barcelona, 2016
228 págs.

 

Los directores de empresa en este mundo globalizado, que se caracteriza por la velocidad y la obsolescencia, enfrentan un gran desafío: formar a su capital humano para que funja como una ventaja competitiva.

 

Conocí a Santi, autor del libro El arte de dirigir personas hoy, hace ya unos 16 años cuando me entrevistó en una multinacional de consumo masivo. Trabajamos juntos por un tiempo y entablamos una amistad que me permitió descubrir cuánto puede aportar al desarrollo de una empresa un buen profesional de Recursos Humanos.

Desde entonces hemos coincidido en diversas ocasiones. Si miro hacia atrás, no tengo duda de que él es responsable de mi afición por los temas relacionados con la gestión de personas y de que siempre procure tener al área de Recursos Humanos bajo mi cargo directo. Entender el mercado y adivinar las tendencias del entorno competitivo es sencillo, lo verdaderamente complicado es ejecutar el plan diseñado; para ello hay que involucrar a las personas que forman parte de la organización y lograr que nos lleven en la dirección deseada. Esta tarea es compleja, pero interesante y justifica el papel del directivo y del líder de equipos humanos.

El nuevo libro de Santi García aporta ideas desafiantes, que llevan al lector a replantearse diversas creencias sobre el management, al brindar conceptos novedosos para el arte de gestionar personas.

Me sorprendió su practicidad y formato ágil estilo blog, donde cada tema invita al debate. Enuncia las tendencias que nos acechan, incitando al lector a analizar cómo una propensión puede impactar la empresa y cómo aprovechar las oportunidades que de ella emanan. Meditar al respecto resulta excelente para dar pie al diálogo con nuestro equipo y armar una estrategia para enfrentar posibles amenazas. De igual forma que hago con The Daily Drucker de Peter F. Drucker, El arte de dirigir personas hoy es ideal para compartir en pequeñas dosis con mi equipo directo e invitarlos a un tiempo diario de reflexión.

 

NO BASTA CON SER CAPACES
En un mundo tan cambiante como el nuestro, no se trata de prever lo que sucederá, sino adaptarnos a un futuro que no se puede predecir. Ante este panorama Santi García sugiere analizar el papel del área de Recursos Humanos para enfrentar tales desafíos.

Ya no basta con que dicha área sea la voz de ortodoxia, los tiempos exigen cambiar este cariz y conseguir que la organización transforme su estructura, sea menos jerárquica y más abierta.

Este cambio de paradigma sin duda genera o generará conflictos con diversas políticas y filosofías aún vigentes en RH, que suelen ser más tradicionales o administrativas. Las empresas que deseen mantenerse a flote demandan cambios, adaptación y mantenerse alertas para enfrentar el futuro.

El nuevo modelo de negocio ya no admite empleados o colaboradores que sean obedientes, diligentes y posean el expertise. Hoy hace falta iniciativa, creatividad y, sobre todo, pasión. Tal idea es sumamente disruptiva, sobre todo para las sociedades latinoamericanas, donde la gestión de personas se caracteriza por un enfoque sumamente conservador. Erradicar ideas erróneas que se encuentran bastante enraizadas cuesta trabajo, pues es una zona segura, conocida y cómoda. Las empresas y las personas tendemos a centrar nuestros esfuerzos en el ayer, en lugar de preocuparnos por construir el mañana.

Contar con personas adecuadas en la empresa y conseguir que den lo mejor de sí mismas –según Santi– se convertirá en la última fuente de competitividad. Diversas organizaciones aún gestionan su capital humano como lo hacían hace más de medio siglo, mientras que otras, pese a haber tomado conciencia de que es necesario adaptar sus prácticas de gestión de personas a los nuevos tiempos, no se deciden a actuar o, cuando lo hacen, los ajustes que introducen son más superficiales y lentos que los que exigen los cambios del mundo.

 

DEL KNOW-HOW AL KNOW-WHY
El arte de dirigir personas hoy aporta interesantes recomendaciones para cambiar el entorno actual y avanzar en la dirección correcta:

  • Favorecer valores como la colaboración, la confianza, la transparencia, la reciprocidad… y fomentar una visión compartida del propósito de la empresa. Del know-how al know-why.
  • Tolerar que la gente se equivoque en la empresa, incluso fomentarlo.
  • Favorecer la diversidad y la desobediencia, así como el espíritu crítico.
  • Rehumanizar las compañías y restaurar un clima de confianza.
  • Ayudar a los empleados a que asuman el papel de dueños de su desarrollo profesional.
  • Invertir en adaptabilidad y aprovechar la inteligencia colectiva de la organización.

 

El objetivo de todo ello: «lograr que los empleados se entusiasmen con su trabajo y, de esta forma, puedan lograr un mejor desempeño». De hecho, el gran reto es competir mejor en la guerra por el talento; atraer y retener a los mejores profesionales para que ayuden a la dirección general a afrontar con éxito los desafíos que se le avecinan.

Los profesionales con perfil y potencial no tienen problemas en encontrar buenos empleos y en recibir buenas compensaciones. Muchas veces nos vemos obligados simplemente a pagar más para atraerlos. Pero también estoy seguro que la retribución económica no es la única variable decisiva para la retener al talento y que una buena filosofía de empresa en general y de RH en particular puede ser una excelente herramienta para competir en esta guerra.

¿Qué papel juega el director en esta metamorfosis? Los cambios no ocurren sin que él los apruebe, por ello Santi sugiere nuevos caminos y líneas, tales como:

  • Diseñar organizaciones más planas y dejar menos tiempo para la supervisión.
  • Crear estructuras más permeables.
  • Dirigir las organizaciones conforme el principio de que menos es más.
  • Aceptar que, ni todas las ideas, ni todas las soluciones surgirán necesariamente en la dirección.
  • Crear mecanismos que permitan establecer expectativas claras de desempeño individual, así como sistemas de recompensa asociados a resultados.
  • Implantar estructuras y procesos que favorezcan la innovación, el flujo de ideas, y la asunción controlada de riesgos.
  • Y todo para evitar situaciones donde los buenos profesionales se evaporan, mientras en la empresa sólo permanece el sedimento.

 

En conclusión, cuál es el perfil del líder que se requiere en estos tiempos: una persona con visión de futuro, mérito, autenticidad, apertura, diálogo, confianza, valentía, humildad, humanismo.

Ambicioso, ¿verdad? ¿Estamos preparados para ello? La respuesta queda en cada uno de nosotros. El camino es desafiante, pero no tengo ninguna duda de que es el correcto y que será divertido recorrerlo.