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IS343_Miscelanea_01_principalHay personas que dejan una huella imborrable en quienes las conocieron. María Pliego Ballesteros fue una de ellas. Se le recuerda como una maestra, artista y amiga que transmitía con sus acciones el amor a la verdad, el bien y la belleza.

 

Era 1979, entonces tenía 24 años y estudiaba el máster del IPADE. El grupo estaba constituido por 50 hombres y una mujer. Todos éramos ingenieros, contadores o administradores; no había ningún egresado de una carrera humanista. Compartíamos edad y perfil: gente combativa, estudiosa, con ganas de destacar en el mundo de los negocios y algo rudos… Como parte del programa tendríamos una sesión extra sobre apreciación del arte con la profesora Mary Pliego. ¿Su material? una pieza musical, un texto y transparencias.

La pieza era la 9ª sinfonía de Beethoven, lo que le permitió hablar del genio musical alemán. El texto literario, la Oda a la alegría (An die Freude) de Johann Friedrich Schiller, poeta, dramaturgo, filósofo e historiador germano. Muy conmovida leyó el poema en alemán, lo tradujo y lo explicó; incluso lo cantó transmitiéndonos toda su emoción. También se apasionó hablando de Beethoven y aprovechó la ocasión para narrar la famosa anécdota de Lejeune1. Por último, nos mostró transparencias muy bellas con paisajes, rostros humanos y atardeceres. Han pasado ya varios años desde aquella sesión, pero el recuerdo sigue vivo, y por comentarios que he hecho con muchas personas que tomaron sus cursos puedo afirmar con certeza que todos vivimos esa experiencia de descubrimiento, pues provocaba un cambio de enfoque para ver las cosas con ojos nuevos, de atreverse a desvelar (que aprender es eso: desvelar) con pasión, con gusto, haciendo que el recorrido sea muy agradable. Y así aprendimos de Rivera, Siqueiros, de su querida Remedios Varo; nos hacía descubrir mundos emocionantes, interesantes, atractivos, muy satisfactorios. Mary siempre lo lograba en sus sesiones.

 

APASIONADA DE LA EDUCACIÓN
María Pliego Ballesteros estudió para ser profesora de educación primaria en la Escuela Nacional de Maestros (México). Obtuvo la maestría en Filosofía en la UNAM, y la especialidad en Comunicación y Desarrollo Humano en la Universidad Panamericana. Fue miembro fundador del Instituto Panamericano de Ciencias de la Educación (que más tarde sería la Universidad Panamericana) y participó también en la fundación de la licenciatura en Pedagogía, del diplomado de Filosofía y Pedagogía, de las especialidades en Comunicación Social y de la maestría en Educación Familiar de la Universidad Panamericana. Colaboró muchos años en el IPADE en el Programa Empresa y Familia e impartió cursos de apreciación del arte. En la Universidad Panamericana fue titular de las materias de Didáctica, Teoría Pedagógica, Metodología de la Educación, Ética y Educación Familiar.

Pilar Urbano2 afirma que hay personas que nacen adelantadas a su tiempo:

Los grandes hombres, por una parte, son hombres de su tiempo, contemporáneos de la mentalidad, de los usos y de los sucesos de su propia época; por otra, son hombres anticipativos, animados por una clarividencia del futuro. Van por delante de su tiempo vital, a contracorriente de las modas de pensamiento, a contrapelo de las masas gregarias, a contra de las inercias de su generación. (…) Ante los problemas, ellos proponen soluciones audaces, imaginativas, atípicas. Saben ver en lo invisible. Por eso se atreven con lo imposible. Son, por anticipados, proféticos. Y, por desinstalados, rebeldes. (…) Un hombre grande jamás se arrellana, jamás se instala, jamás se conforma, jamás se solaza en la autocomplacencia de la tarea realizada.

Mary Pliego fue una mujer de esta naturaleza; en una época en que la pedagogía se enseñaba exclusivamente en las escuelas normales dependientes directamente de la Secretaria de Educación, hizo equipo con un grupo de personas para darle forma a la licenciatura en Pedagogía, la primera del Instituto Panamericano de Humanidades –institución predecesora de la Universidad Panamericana– desafiando el monopolio estatal de la enseñanza de la Pedagogía. También se adelantó a su tiempo en lo referente a la educación estética, que consideraba esencial para un proceso educativo completo.

En el que quizá sea su libro3 más leído, Valores y autoeducación,4 afirmaba algo que ahora es universalmente aceptado: la primera educación es la de uno mismo (la autoeducación) y, cuando se es adulto, ya no se puede «echarle la culpa» a los padres; se trata de una responsabilidad que cada uno debe asumir, sin olvidar que, para que las cosas cambien, se debe empezar por uno mismo.

 

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LO MÁS IMPORTANTE: APRENDER
Paradigma significa prototipo, ejemplo o modelo. Mary Pliego era el paradigma del maestro. La palabra «educar», según algunos pedagogos, viene del latín (educere) que significa extraer o sacar. Pero, ¿qué cosa es la que se obtiene? El alumno tiene sus propias características, habilidades y limitaciones. La tarea del maestro es utilizar ese «material» para formar a su pupilo y extraer lo mejor de él: valores y virtudes como la fortaleza, la voluntad, el autodominio, la generosidad, la perseverancia y demás. No es como se cree, llenar la cabeza de datos e información no basta.

Mary era muy buena educadora, creaba una «experiencia de aprendizaje», un ámbito donde todo estaba dispuesto para que el alumno fuera por sí mismo descubriendo y aprendiendo, siempre con el apoyo del maestro. No enseñaba en el sentido ortodoxo; más bien conseguía que sus alumnos aprendieran.

 

EXPERTA EN EMPATÍA Y CREADORA DE EXPERIENCIAS
El «hombre o mujer del renacimiento» es una figura útil para calificar a alguien que es versado en diversos temas. Éste era el caso de Mary, quien poseía una enorme sensibilidad creadora y grandes cualidades de artista: tocaba muy bien varios instrumentos musicales, redactaba con mucha pulcritud y elegancia y cantaba magníficamente. Fue miembro del Coro de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), y cantó el Réquiem de Verdi en la Catedral Metropolitana al fallecimiento de la madre del director de la OSN, el maestro Carlos Chávez.

Dibujaba de maravilla, recuerdo muy bien cuando imitó a Pablo Picasso en el pizarrón para que entendiéramos por qué los cubistas pintan así; sin mencionar que también era una ávida lectora. Con todas estas cualidades podría haber sido prepotente, distante o pesada, lo que probablemente la habría alejado de sus pupilos, pero no lo era. Practicaba muy bien la empatía, sabía ponerse en los zapatos (en la piel del otro, diría el doctor Carlos Llano) para entender sus anhelos, carencias, ideales, deseos… todo ello para ayudar a sus alumnos a que aprendieran bien y mejor.

Está de moda el concepto de experiencia. Ir a Starbucks no es sólo ir a comprar un café, es vivir una «experiencia» de atención, hechura a la medida, alternativas, ambiente. Comer en un restaurante moderno, al estilo de Ferran Adrià no es simplemente ir a probar un buen platillo; es experimentar (y vivir) una experiencia de sabores, texturas, presentaciones, variedad, y hasta de sorpresas. En este sentido, las sesiones de Mary estaban perfectamente «coreografiadas» para que los participantes vivieran «experiencias» y a la par descubrieran ideas y conceptos. En ello también se adelantó a su tiempo; además ella misma lo decía cuando señalaba las ventajas de viajar. Afirmaba que los viajes brindan una experiencia que, para poder disfrutarla, es necesario prepararla bien, vivirla intensamente y recordarla con cariño y ternura, es decir, un buen viaje se disfruta «antes, durante y después» (en ocasiones afirmaba que se disfrutan más después que antes, más antes que durante). En resumen, el secreto de un buen viaje era haberlo preparado, disfrutado y recordado para que se volviera una experiencia agradable e interesante. También decía que el dinero mejor gastado no es en cosas (ropa, bolsas, zapatos…) sino en experiencias: un buen viaje, una lectura enriquecedora, un buen concierto, una película interesante.

Por otro lado, Mary Pliego sabía crear magistralmente estas «experiencias» en una época en la que aún no existía el concepto de «multimedia» como lo entendemos ahora. No contaba con PC, PowerPoint o cañones para proyectar y, a pesar de eso, a través del despliegue de los recursos que existían entonces (proyectores de transparencias, grabadoras de casetes, proyectores de acetatos y ante todo pizarrón y gis), Mary creaba experiencias inolvidables.

 

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POR UNA VIDA LOGRADA
Quienes tuvieron el privilegio de asistir a sus sesiones de sensibilidad artística coinciden en señalar que lo que aprendían de la maestra Pliego no era sólo arte. Les enseñaba también a pensar, les hacía descubrir, aprender, ir a más y no quedarse en lo superficial, en la primera impresión. Pero adicionalmente (y ella misma lo afirmaba) les proponía centrarse en valores que estuvieran alrededor de los trascendentales del ser: la verdad, el bien y la belleza. En una ponencia que presentó en un congreso afirmaba:

Los trascendentales del ser, verdad, bien y belleza, son unificados en nuestra vida por el amor. El objeto de la inteligencia es la verdad…, no una ni muchos millones, sino la Verdad infinita; la voluntad está asimismo proyectada no a innumerables bienes, sino al Bien supremo… Nuestra personalidad tiende a descansar en la contemplación gozosa de la Belleza inmarcesible, el esplendor del Ser. (En conclusión) una vida sin verdad, bien y belleza, no vale la pena ser vivida: conduce al suicidio, a la drogadicción o a la clínica psiquiátrica (que los niños lo aprendan es responsabilidad de los padres de familia). La educación familiar, para serlo, ha de huir de la ignorancia y de la falsedad; de la corrupción, deshonestidad, vileza, maldad; de la vulgaridad y la fealdad. El Amor a Dios nos une a la Verdad infinita, al Bien supremo y a la Belleza inmarcesible: los cuatro trascendentales del Ser Subsistente, que es nuestro fin natural y sobrenatural. 5

El doctor Alejandro Llano Cifuentes (quien fuera rector de la Universidad de Navarra) en su libro La vida lograda afirma: Quienes tienen vida lograda son mujeres y hombres que se han convertido en un tarea para sí mismos, que son autores de su vida… Buscadores implacables, se lanzan a comprometerse en cuestiones culturales y sociales que les implican y les trascienden… son jóvenes; claro que es joven toda aquélla, o todo aquél, para quien el futuro presenta mayor interés que el pasado».6 Todos los que conocieron a la maestra María Pliego no dudarán en aseverar que, desde la perspectiva del doctor Llano, siempre fue joven, siempre se lanzó a comprometerse en cuestiones culturales y sociales, con un profundo sentido de esperanza y alegría invariable, de exigirse a sí misma, de hacer las cosas muy bien, para también ser maestra por el ejemplo. Su vida sin duda fue una vida lograda.

 

Agradezco a la doctora María del Carmen Bernal González la valiosa ayuda que me proporcionó para escribir este artículo.

 

Notas finales
1          El doctor Jérôme Lejeune fue un médico francés, descubridor de la causa del síndrome de Down (la trisomía 21), experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y director del Centro nacional de Investigaciones Científicas de Francia. Al final de su vida, en 1994, el Papa Juan Pablo II lo nombró Presidente de la Pontificia Academia para la Vida. Todos estos logros lo perfilaban claramente para recibir el Premio Nobel de Medicina, pero, por su apasionada defensa de la vida nunca se lo otorgaron. Cuando en 1997 Juan Pablo II hizo una vista a Francia, en París se tomó tiempo para visitar y rezar en su tumba. La anécdota contada por la maestra Pliego es la siguiente: en una ocasión Lejeune fue invitado por el Senado de Francia para que ofreciese su documentada opinión sobre el tema del aborto. Una de las opiniones fuertemente arraigada en dicha cámara era la que sostenía que hay embarazos que deben ser interrumpidos, cuando los antecedentes o el pronóstico parecen ser irreversiblemente malos. Cuando se le otorgó la palabra al doctor Lejeune planteó un caso: tenemos un matrimonio en el que el marido es sifilítico terciario incurable, y además decididamente alcohólico. La mujer está desnutrida y sufre tuberculosis avanzada. El primer hijo de esa pareja murió al nacer; el segundo sobrevive, pero con serios defectos congénitos. Al tercer hijo le ocurre lo mismo y se le suma el hecho de ser infradotado mentalmente. La mujer queda embarazada por cuarta vez. ¿Qué aconsejarían ustedes hacer en un caso así? Un senador del bloque socialista manifestó categóricamente que la única solución para evitar males mayores era practicar un «aborto terapéutico» inmediato. Lejeune hizo un largo y notorio silencio; bajó la cabeza por unos segundos en medio de su expectante mutismo; volvió a alzarla y dijo: «Señores Senadores, pónganse de pie, porque este caballero acaba de matar a Ludwig van Beethoven».
2          En su libro El Hombre de Villa Tevere. Madrid: Planeta, 2008.
3          María Pliego Ballesteros es autora de varios libros entre los que destacan: Tu familia merece libertad, Valores y Autoeducación,  Los valores y la Familia y Éxito o plenitud; publicó además numerosos artículos y notas.
4          Pliego Ballesteros, María, Valores y Autoeducación. México: Editora de revistas, 1986.
5          «Los valores y la familia» en Congreso Hispanoamericano Hacia una educación más humana: en torno al pensamiento de Josemaría Escrivá, San José, Costa Rica, 2001.
6                Llano, Alejandro, La vida lograda, Barcelona: Ariel, 2002.