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12_emociones_cineIntensa-Mente (Inside Out)
Año: 2015
País: Estados Unidos
Dirección: Pete Docter, Ronaldo Del Carmen
Guion: Michael Arndt (Historia: Pete Docter)
Productora: Pixar Animation Studios /
Walt Disney Pictures

 

La historia de los retos emocionales a los que se ve sometida Riley, la joven pre adolescente, protagonista del nuevo filme de Disney Pixar, Intensa-Mente (Inside Out), se ha convertido en una de las propuestas mejor recibidas de la productora de la lámpara, desde que nos sorprendió hace dos décadas con Toy Story.

Con una lectura que recuerda la célebre teoría psicológica de Paul Ekman, quien habló de un catálogo fijo y universal de emociones humanas, el filme convierte a Alegría, Tristeza, Temor, Desagrado y Furia en las emociones sobre las que gira la experiencia y la respuesta humana ante el entorno. Alegría funge como directriz y tiene como misión generar en Riley suficientes recuerdos apacibles que le sirvan de referente en su memoria biográfica para una vida sin sobresaltos. Pero todo se complica cuando Tristeza busca el sentido de su presencia en el conjunto de las demás emociones, y comete una serie de tropiezos provocando un desajuste global, que Alegría intenta arreglar sin éxito. Todo ello da pie a una trama llena de obstáculos por los que deben pasar las emociones para regresar a Riley a una vivencia ordenada y sin riesgos en su emotividad.

La comunidad neurocientífica y psicológica ha celebrado la afortunada apuesta de Disney al reflejar la complejidad emocional a la que se ve sometido un ser humano desde su crecimiento y desarrollo. Sin embargo, conscientes de que sólo se trata de un filme y no de un documental, se han apurado a señalar algunos equívocos en que podría caer el espectador a partir de la propuesta de Intensa-Mente.

No existe en el ser humano algo parecido a una consola central o centro de mando desde el que se genere, coordine o evalúe el protagonismo de nuestra emotividad, como el que sirve a los personajes de la película para operar las reacciones de Riley.  En todo caso sería el lóbulo frontal cerebral, ocupado de las funciones ejecutivas, las valoraciones lógicas y la planeación estratégica y de largo plazo, quien pudiera hacer las veces de «mando central», pero las emociones no residen en él sino en el sistema límbico, menos periférico, más primitivo y básico, ocupado de la sobrevivencia reactiva en el aquí y el ahora.

Con todo, más allá de la interpretación ciertamente mecanicista de nuestra operación mental, donde un conjunto de homúnculos gobiernan nuestra percepción y respuesta exterior, el acierto de Intensa-Mente hay que buscarlo en su inteligente sugerencia de que nuestra personalidad, construida en el tiempo, requiere apuntalarse en experiencias significativas que hagan de referencia al conformar nuestra identidad. La cohesión familiar, el descubrimiento de nuestras habilidades culturales o deportivas, los lazos de amistad, etcétera, paulatinamente abren camino, según la película, a nuestra convivencia con los demás seres humanos, como una condición para nuestro crecimiento, perfeccionamiento y maduración.

La sociedad actual ha priorizando la alegría (diferente a la felicidad) muy por encima de la vivencia natural de otras emociones; con lo que desdibuja, como muy bien lo muestra esta película, la idea de lo que ha de entenderse por una vida armónica y bien vivida.

Disney acertó al reivindicar el papel de la tristeza, que ha de estar coordinada con el resto de las emociones; frente a un protagonismo castrante y a ultranza de la alegría, cuyo logro frustrado puede llevar a su desaparición en nuestro horizonte vital.

Algunos echan de menos en la propuesta de Pixar un personaje que represente a la razón y su papel frente a las emociones. Pero al convertirlas en personajes de la trama, la película supone un ejercicio racional en las decisiones que las emociones toman a lo largo del filme. Un costo menor a pagar al atribuir voluntad a lo inanimado.