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Cuando no existe el trabajo en equipo ni congruencia de vida laboral y social caemos en el absurdo. Para que México crezca hace falta trabajar unidos, buscar el bienestar del otro, reconocer sus virtudes y compaginarlas con las nuestras para conseguir un bien mayor. Los directores de empresa, en su papel de líderes, tienen la obligación de propiciar el cambio, primero en ellos mismos y después luchar para que su ejemplo permee en la sociedad. 

 

Entrevista con Arnoldo de la Rocha

Socio fundador de Pollo Feliz México

Fundador de diversas empresas: Pollo Feliz de México, Operadora de Alimentos del Norte, Abastecedora Arni, entre otras. Autor de los libros Tierra perdida, Caminos de tierra perdida y Amores de tierra perdida. Ha sido conferencista en más de 500 recintos nacionales y extranjeros.

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Arnoldo de la Rocha es un empresario que conoce las dos realidades opuestas de nuestro país: el olvidado campo mexicano y la ciudad que promete ser tierra de oportunidades. Nacido en el corazón de la sierra Tarahumara, Chihuahua, está convencido de que el origen modesto jamás justifica la mediocridad, por ello busca y promueve la construcción de un país en donde las oportunidades lleguen a todos sus habitantes. Considera que el director de empresa tiene una misión para conseguir este cambio: generar cultura en su organización y establecer sistemas para conseguir que su gente sea mejor persona y por ende, mejor ciudadano.

 

 

En diversos foros ha mencionado que por mucho tiempo en México se formaron ejecutivos, pero lo que hoy necesitamos son emprendedores. ¿Por qué?

México necesita un millón 500 mil empleos cada año y sólo genera 700 mil. Esto quiere decir que 800 mil jóvenes con energías, ilusiones y sueños no hallan trabajo. Obviamente no todos son emprendedores; sin embargo es una pena que, los que tienen talento para emprender, terminen siendo ejecutivos. Urge que quienes tienen la oportunidad de cursar una carrera sean conscientes de que, al terminarla, deben ocuparse y ocupar a otros. De ejecutivos ya está saturado el mercado.

Gana más dinero quien toma riesgos, tiene visión y se pone en el mercado. En México los trabajos físicos, técnicos y ejecutivos se pagan mal. En ocasiones la señora de la esquina que vende quesadillas gana más que el ejecutivo con doctorado que todas las mañanas le compra su desayuno. ¿Por qué? Porque la señora tomó el riesgo, tuvo la visión y eligió una esquina.

Necesitamos generar empleos porque los que hay son escasos y mal pagados. México, como país y sociedad, tiene el reto de transformar este escenario.

 

Se dice que para innovar es necesario dejar de lado ciertas conductas aprendidas. ¿Cuál es el aprendizaje más arraigado en los mexicanos?

Como sociedad tenemos características que nos limitan al emprender. Los mexicanos somos muy individualistas, queremos el éxito propio porque no somos capaces de reconocer al otro cuando lo hace bien. En conclusión: no sabemos trabajar en equipo, ni somos capaces de complementar nuestras virtudes con las de los demás.

Una prueba de ello son las olimpiadas. México ha participado desde hace años, pero nunca ha brillado por sus medallas, mucho menos si se trata de competencias en equipo.

Nos aqueja el egoísmo, el individualismo, la negación a reconocer las virtudes de otras personas y también el esperar las soluciones de fuerzas externas a las nuestras. Solemos hacernos las víctimas, echarle la culpa a los demás, buscar lo rápido, gratis, fácil, etcétera. Todo ello nos aleja de la cultura del esfuerzo.

 

¿Cómo modificar tales concepciones en el imaginario mexicano?

Primero, cambiar uno mismo. Este paso permea en los demás pues es la muestra de que alguien ya lo logró. Después es necesario ser congruente, compartir e influir en las personas. Se dice que para educar a un hombre hay que comenzar con su abuelo, los cambios sociales no son masivos ni instantáneos, son generacionales.

 

¿Cuál es el poder de la empresa para formar mejores ciudadanos?

Con frecuencia estamos más preocupados por las cosas que hacen los hombres que por los hombres que hacen las cosas. El director de empresa no puede cambiar la mentalidad de un país, municipio, colonia… pero sí la de su organización. Su mayor reto es generar cultura en su empresa y establecer sistemas que hagan más productiva a su gente ayudándola a ser mejor persona. ¿Cómo lograrlo? Brindando un desarrollo integral mediante cursos, capacitaciones, talleres, etcétera. No debemos apostar por mexicanos intermitentes que sean buenos en el trabajo y malos en su hogar. La empresa necesita influirlos para que también sean mejores en su familia.

Los CEO deben comprender que las empresas que trascienden son las que desarrollan a su gente y para ello es necesario ir hasta el lugar más esencial de la persona, es decir, la familia, pues lo que ocurre en ella permea al resto de la sociedad.

 

¿Como socio fundador de una empresa familiar, cuál es su compromiso más importante con la sociedad mexicana?

Nací a principios de los años cincuenta, entonces todo el mundo hablaba de cambio, había guerras justificadas en ese concepto. Yo soñé con incorporarme en esa transformación del mundo y decidí que comenzaría por tener compromiso y convicción de ser un mejor ciudadano y ser humano. Estoy seguro de que eso se refleja en todo lo que trabajo.