Rate this post

11_robinsoncrusoeRobinson Crusoe
Daniel Defoe
Prólogo de J. M. Coetzee.
Traducción de Julio Cortázar
Debolsillo. México, 2013
604 págs.

 

Como el Quijote a Cervantes y Sherlock Holmes a Conan Doyle, Defoe es eclipasdo por el intrépido marinero, quien se hizo famoso por forjar su madurez en la soledad de una isla, por casi 30 años.

El Sudafricano J.M Coetzee, autor de la novela Foe que evoca las andazas de Robinson, prologa esta bella edición de Debolsillo que recoge la traducción de Julio Cortázar.

Robinson Kreutznaer, oriundo de Bremen y víctima de la corrupción de las voces inglesas que lo rebautizaron como Crusoe, es el hombre que se perdió para encontrarse. Tras leer sus aventuras, no es difícil sentir admiración por el ingenio que lo llevó resolver cientos de problemas prácticos al verse despojado de las herramientas y objetos a las que estaba habituado.

Robinson vive un interesante ejercicio del back to the basics, por ejemplo, al fabricar las herramientas con las que posteriormente elaborará otros utensilios para recuperar lo que ahora parece un lujo, como comer carne cocida. Además, el hombre se ve obligado a buscar la arcilla adecuada para construir un horno que le permitirá cocer el barro y fabricar las ollas, que le serán indispensables para preparar una exquisita sopa de cordero o bien, para almacenar las semillas que plantará en las próximas temporadas.

Y en un ejercicio más bien interno, Robinson descubre la felicidad en la carencia: se vacía para luego llenarse y, en su soledad, encuentra la plenitud: «Vivía ahora de un modo mucho más confortable que al comienzo […] Aprendí a estar reconocido a la parte buena de mi situación y a olvidar la mala; […] aquellos que no saben gozar alegremente lo que Dios les ha dado, sólo ven y envidian lo que Él no ha querido concederles». Tres siglos después, aún combatimos a la plaga más grande de la humanidad, en palabras de Robinson (o de Defoe): la insatisfacción.

¿Qué haría un individuo del siglo XXI si se encontrara en una situación similar? ¿Cuánto tiempo le tomaría construir un smartphone del que aparentemente hoy depende?

 

Andrea Moreno Herrero