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«[…] nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: ‘Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba’».

 

»Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla».

 

Así inicia Laudato si’ (sobre el cuidado de la casa común), la segunda encíclica del Papa Francisco, publicada el 18 de junio del año en curso. El tema del que se ocupa se ha vuelto prioritario en la agenda mundial.

 

De éste han surgido diversas controversias sobre el rol que cada individuo puede desempeñar y si sus acciones, en una escala muy pequeña, contribuirán de alguna manera a reducir lo que algunos grupos más radicales anuncian como una catástrofe inevitable y otros, como un ciclo más de cambios climáticos por los que la tierra pasó tiempo atrás. Esta edición no pretende desentrañar las distintas posturas, sino ubicarnos en la responsabilidad de cuidar el mundo natural sobre el cual se desarrolla la humanidad.

 

El artículo que da nombre a la portada repasa las principales tendencias en materia de energía como primera medida a resolver para, posteriormente, cubrir otras necesidades igual de apremiantes: alimentación, agua, educación, seguridad, pobreza…

 

En la misma línea, los contenidos que conforman la sección de «Alta dirección» identifican modelos de negocio en los que la Responsabilidad Social Corporativa, implícita en su estrategia, reinventa el entorno y crea oportunidades que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas.

 

Hacer conciencia, influir y enriquecer la cultura contemporánea exige una educación más profunda y comprometida. Por ello, el rumbo que tome la universidad y la formación de profesionales será de interés inminente para la empresa.

 

El docente es, a su vez, un profesional que decidió dejar a un lado la vida práctica y «escribir en las almas» de quienes crearán productos para satisfacer las necesidades humanas, generar trabajos donde exista colaboración e innovación y promover empleos bien remunerados en empresas rentables, que saquen de la pobreza a la población.