IS337_Dilemas_originalHace unos meses me contrataron en una empresa de producción y comercialización de postres que pasa por el proceso de adoptar nuevas tecnologías con el fin de reducir costos de operación.

El área que superviso la conformaban ocho personas, quienes durante tres meses me capacitaron y llegué a tomarles estima. Al concluir ese periodo, su trabajo fue reemplazado por el de una máquina y un operador. El personal me comentó que no se le ofrecería liquidación a pesar de su antigüedad laboral, debido a que al momento de su contratación la empresa los exhortó a firmar –con engaños, según argumentan– una carta de renuncia.

Demandaron a la empresa y ahora solicitan mi apoyo para que funja como testigo de estas condiciones en que fueron finiquitados. Por otro lado, el director está enterado de la demanda y me exigió testificar en favor de la empresa.

Me perturban las circunstancias por las que pasan mis antiguos compañeros, no obstante mi situación laboral es diferente, estoy muy contento y motivado. ¿Negarme a apoyarlos me convierte en cómplice por omisión?

 

 

Los asesores sugieren

 

 

1

Testificar ¿o chismear?

 

Con los elementos que aporta usted solamente cuenta con versiones que hablan de una injusticia y no necesariamente con pruebas de la misma. Es decir, las personas dicen que las obligaron a firmar una carta de renuncia con engaños. ¿A usted le pidieron que hiciera lo mismo? Si no es el caso, pareciera al menos que tiene un elemento que difiere de la versión que le cuentan, si también firmó la carta entonces tiene una experiencia que favorece el dicho de sus excompañeros.

Si los empleados no fueron finiquitados es muy simple demostrarlo y no hace falta el testimonio de nadie. Ahora bien, no me queda claro, qué es lo que la empresa le exige testificar. De cualquier modo lo que no sería ético es testificar lo que no le consta ni a favor, ni en contra de nadie. No puede testificar solamente basando su dicho en lo que otros expresan, pues en ese caso su testimonio no es fuente de verdad sino apoyo a una de las partes por creer en lo que le dicen.

Con estos elementos pienso que lo ético sería declarar exclusivamente respecto de aquello que tenga conocimiento de primera mano. Decir de más no sería testificar sino propalar un chisme.

 

Felipe Jiménez

Filósofo dedicado a la docencia

 

 

2

«Enseñar el cobre»

 

Ser testigo es una cosa seria; es comprometer tu persona con el testimonio que das y, por eso, debe hacerse siempre con verdad y con juicio. Es decir, piensa bien lo que vas a expresar.

Lo que no me queda claro es qué puedes testimoniar, en verdad, de lo que se estará ventilando en ese tribunal. Ni a favor ni en contra de la causa. Es cierto que tú los has visto trabajar, y que ellos han sido leales contigo y les has tomado estima. Si firmaron una carta de renuncia con o sin engaño, a ti no te consta, y sobre eso sólo tienes su palabra. El hecho de que hayan sido reemplazados por una máquina tampoco significa nada, pienso, en orden al tema, que es un finiquito sin indemnización, aunque la empresa tiene en su poder cartas de renuncia firmadas.

Lo que sí me preocupa es lo que te exige el director. Eso es inaceptable. Pienso que de hecho es una extorsión en contra tuya, y tal vez manifiesta que esos trabajadores han sido injustamente tratados. Nadie puede ser un testigo prejuiciado o inclinado en alguna otra dirección que al respeto a la verdad. No participar como testigo no te convierte en cómplice. Pero testimoniar en falso, contra la verdad, sí que lo hace.

Además hay otro tema. La empresa se ha devaluado éticamente ante ti. Han «enseñado el cobre» y esto sí exige que te preguntes si realmente vas a vincular tu carrera profesional con personas así. O bien, procuras hacer entrar en razón al director invitándolo a un arreglo con las partes demandantes, o pienso que deberás empezar a buscar trabajo…

 

Armando Reygadas

Abogado especialista en ética de empresa

 

 

 

3

Lealtad contigo mismo

 

La primera impresión que ofrece el planteamiento es la de un conflicto de lealtades: por una parte, hay una deuda de gratitud con las personas que te prepararon para el trabajo; por otra, está tu empleador de quien depende tu actual situación laboral. Sin embargo, la respuesta al dilema depende de otros factores sobre los que es preciso discernir antes de resolverlo.

Primero, sería necesario tener la certeza de que las personas despedidas efectivamente firmaron dicha carta de renuncia, bajo las circunstancias que ellas aducen. Aunque es probable que esto haya sido así, pues lamentablemente es una práctica deplorable que está muy extendida en el medio, podría no haber sucedido de esa manera y entonces estarían queriendo servirse de tu testimonio con falsedad. En esta última situación la amistad o agradecimiento con esas personas no puede obligar a rendir un testimonio falso o, al menos, basado sólo en conjeturas o en lo que los afectados afirman. Si personalmente no te consta en qué condiciones fueron efectivamente contratados, no puede haber obligación moral para testificar a su favor.

Sin embargo, en cualquier circunstancia existe, eso sí, una obligación de estricta justicia por parte de la empresa de proceder a la liquidación de cualquier empleado que sea despedido, cuando no existe una causa justificada para ello, y eso con independencia de que, desde una perspectiva legal, se pueda esquivar esa obligación. Por consiguiente, testificar a favor de la empresa sí que te convertiría en cómplice de estas malas prácticas. En ese sentido mi recomendación sería la de simplemente abstenerte de fungir como testigo para cualquiera de las partes en conflicto. Por último vale la pena considerar que, aunque de momento estés satisfecho trabajando para esta empresa, no hay garantía alguna de que algo similar te pueda suceder ya que quien la dirige parece dar muestras claras de carecer de ética en el trato con los empleados.

 

Tomás Viracocha

Consultor de ética empresarial