Rate this post

Lograr grandes cambios no necesariamente requiere de grandes decisiones, sino de la determinación y fuerza suficiente para desterrar de la rutina aquellos viejos hábitos que obstaculizan nuestro crecimiento. Para comenzar, eliminemos el «algún día»
de nuestro vocabulario y adoptemos el «hoy».

 

Small Move, Big Change

Caroline L. Arnold

Penguin Books (también disponible en e-book)

272 págs.

 

El hombre es esclavo de sus hábitos buenos (virtudes) o malos (vicios). Small Move, Big Change de Caroline L. Arnold  identifica a aquellos que representan un obstáculo para hacerlos a un lado y liberar el camino a la mente (inteligencia). 88% de las personas fracasamos en cumplir las metas planteadas. ¿Por qué es tan difícil mantener nuestros propósitos?

Incumplirlos se transforma poco a poco en un hábito y nos convierte en seres frustrados o conformistas. ¿Cómo romper con este círculo vicioso? El eje del libro es transformar las grandes metas personales en micro-decisiones que puedan manejarse, medirse y, sobre todo, cumplirse.

Tales se refieren a cambiar una conducta específica, que traiga beneficios inmediatos y sobre todo, nos programe un entrenamiento para seguir en el camino, en la lucha. Este nuevo hábito, por pequeño que sea, nos inyectará más seguridad, optimismo y esperanza. Nos convertirá en mejores personas en el día a día y veremos cómo el éxito sustituirá al fracaso. Las micro-decisiones pueden clasificarse en cualquier categoría: perder peso, mejorar una relación, leer más… se convierten en auténticos soportes para la vida.

El primer paso es la voluntad. Dicha facultad nos mueve a ejecutar, actuar y reenfocar los objetivos cada vez que los perdemos de vista en medio de las múltiples actividades.

 

CUANDO LOS DESEOS SE DISFRAZAN DE PROPÓSITOS

Los buenos propósitos, como aquellos que algunas personas establecen cada fin de año, suelen tratarse de deseos que jamás se concretan. El error es enfocarlos en ser y no en hacer. Deseamos ser más ordenados, pero no actuamos en consecuencia. Una alternativa es primero identificar lo que hacen las personas ordenadas para enfocar nuestras micro-decisiones en hacer; el ser viene después.

Desear corresponde a la fantasía de un yo futuro, que no llegará a menos que pongamos los medios para que suceda. Y el principio de la acción es precisamente la voluntad, pero hay que ser conscientes de que ésta puede ser arrastrada rápidamente a nuestros viejos hábitos. La tenacidad de nuestras actitudes y rutinas se nos puede revertir si sólo funcionan como en piloto automático; vencen a la voluntad. Este actuar tan mecánico fortalece la resistencia al cambio. Por ello, cualquier transformación exige que cada tarea se examine con cautela.

Sin duda, actuar para el cambio nos hace mejores y nos procura autocontrol. Es fácil decirlo, pero por increíble que parezca, esta premisa resulta lejana al momento de establecer un propósito. A priori pensamos en fallar, anticipamos el momento en que vamos a caer en nuestros viejos hábitos. Incluso hay quien se consuela con el fracaso.

 

EL OBSTÁCULO SOMOS NOSOTROS

Experimentar los beneficios de las micro-decisiones nos demuestra la capacidad del ser humano para cambiar conductas arraigadas que inhiben el éxito. La práctica de implementar un cambio conductual otorgará la habilidad para transformar metas abstractas en micro-decisiones concretas.

Arnold hace énfasis en la estructura de valores, actitudes y preferencias que conforma nuestra personalidad, muy a menudo inculcada por nuestros padres. Asegura que cualquier cambio nos genera estrés, pero una vez superada la prueba, sentimos cierta liberación.

¿Qué quieres mejorar de tu vida? Reflexiona y envía mensajes a tu mente, la inteligencia se encargará de informar a la voluntad los motivos para cumplir con la micro-decisión. Un pequeño cambio positivo tendrá un efecto multiplicador, pero mantente alerta porque el cambio negativo funciona de la misma manera. No tomes micro-decisiones que no estés dispuesto a mantener.

 

7 reglas al adquirir, preservar e impulsar micro-decisiones

 

1.   Cuando la selecciones, inclúyela rápidamente en tu rutina. Al tomar una micro-decisión no la negocies, maquilles o difieras, y asegúrate de activarla a manera de «piloto automático».

 

2.   Debe ser medible y concreta. No se trata de un deseo, sino de una acción para construir un cambio, eliminar una conducta específica o una actitud. Ubícala en un contexto y señala detonadores para ella.

 

Detonador: cuando alguien hace algo por mí

Micro-decisión: decir gracias

 

Más adelante estos detonadores se adherirán al nuevo hábito que, además, puede organizarse en categorías ya sea por tiempo (caminar los lunes) o contexto (después de comer y lavarse los dientes, usar hilo dental). Por otro lado, resulta más efectivo conectar detonadores a hábitos ya arraigados.

 

Hábito arraigado: lavarse los dientes por la noche antes de ir a dormir

Nueva micro-decisión: no sólo lavarse los dientes, también usar hilo dental

 

Los mensajes que resulten de las micro-decisiones funcionarán después como nuevos detonadores para reforzar las conductas. Ese cambio demuestra el éxito del nuevo hábito.

 

3.   Ofrece una recompensa inmediata. La micro-decisión se toma hoy, no «algún día». Con esa determinación experimentaremos una sensación de éxito y la habilidad para crear una ruta de mejora personal, a partir de las prioridades de cambio. De igual forma, las metas de auto-mejora son transgeneracionales y comunes a todas las culturas.

 

4.   Es personal, diseñada por ti y para ti a partir de tus hábitos, actitudes y contexto. Salir más temprano en la mañana implica resolver una serie de problemas personalísimos como encontrar las llaves, tener monedas para el autobús, etcétera. Una examinación personal, de principio a fin, revelará aquellos hábitos que nos destruyen a fin de romper con ellos. La observación de nuestras acciones es una de las claves del éxito.

 

5.   Tiene resonancia en nuestras vidas, siempre y cuando utilicemos un lenguaje positivo. No es lo mismo decir «debo comer lentamente» a «la comida es deliciosa y debo disfrutar su sabor».

Si el lenguaje positivo no funciona, puedes optar por la «tolerancia cero» y cortar el hábito de manera drástica, o bien, interiorizar el adagio «hazlo una vez y bien»  como al poner un horario límite para revisar correos electrónicos o mantener, cada día, tu escritorio libre de papeles.

Mensajes micro-resolutivos como los anteriores, los diseñas a partir de tus creencias, valores, actitudes y preferencias.

 

6.   Detona ante un estímulo. Ante las micro-soluciones, reaccionamos del mismo modo que despertamos ante el sonido del despertador. La asociación entre conducta y estímulo genera un hábito. El estímulo para tu micro-decisión ya existe, descúbrelo.

 

7.   No más de dos micro-decisiones a la vez. Hacer algo nuevo y diferente demanda energía. Manifestar la micro-decisión es fácil, pero no así cambiar la conducta; implica cierto cuidado en los detalles y mayor autocontrol. Si pretendes cambiar muchas conductas en un corto tiempo, te desanimarás muy pronto.

Un hábito no es tal hasta que es frecuente, es decir, se adquiere gradualmente hasta que respondamos repetidamente a un contexto determinado. Sólo así alcanzará un nivel neurológico. Normalmente se requieren hasta ocho semanas para que una nueva conducta se sienta natural en nuestro comportamiento.

 

Una vez comprendidas las siete pautas, ponlas en práctica, realiza varias pruebas «de manejo». Registra aquello que inhiba el flujo de los mensajes adecuados para el desarrollo de tus micro-decisiones y que se asocian a la propia motivación. Si aún no eres testigo del triunfo, re-piensa, re-encuadra y re-programa una a una tus micro-decisiones.

Una micro-decisión es tan angosta que el fracaso no cabe en ella. El valor que agregues a tu vida al sustituir conductas negativas por positivas te impulsará a seguir el camino. Pues el hombre es un ser vectorial con magnitud, dirección y sentido. Caroline L. Arnold concluye con este mensaje: «Nunca es tarde para ser quien quieres ser».

 

 

¿Por dónde empezar?

Micro-decisiones que enriquecen tu vida personal

 

Descanso

Hábito arraigado: Difícilmente dormimos las 8 horas aconsejables. Es muy común realizar otras actividades en vez de prepararnos para ir a dormir, como revisar el correo electrónico o hacer uso de redes sociales.

Micro-decisión: establece un ritual para dormir el tiempo que necesitas.

 

Actividad física

Hábito arraigado: Hoy el sedentarismo es un mal que aqueja a la mayoría. Platón dijo: «La falta de actividad destruye la buena condición de cada ser humano».

Micro-decisión: saltar diario por 4 minutos para empezar a movernos; si tienes un perro, sácalo a pasear para que camines.

 

Dieta y nutrición

Hábito arraigado: Muchas personas suelen pasar por alto el desayuno, pensando que no se trata de un alimento indispensable.

Micro-decisión: refuerza su importancia y no salgas de casa sin desayunar.

 

Orden

Hábito arraigado: Por causa de la acelerada vida cotidiana, a menudo pasamos por alto la importancia de colocar las cosas en su lugar.

Micro-decisiones: conservar la mesa despejada después de comer, colgar la ropa en el armario o en un perchero al llegar del trabajo, lavar cada traste que se utilice.

 

Relaciones personales

Hábito arraigado: Nos mantenemos aislados de los demás y generamos un ambiente negativo. Newton dijo: «Para cada acción hay una reacción, e igual en sentido contrario».

Micro-decisiones: Callar cuando estamos enojados (para no herir u ofender al interlocutor), procurar no levantar demasiado la voz durante una discusión, buscar no «ponerse a la defensiva» cuando algo no es de mi agrado, evitar quejarse todo el tiempo.

 

Finanzas personales

Hábito arraigado: Hacemos gastos innecesarios y no detectamos por qué.

Micro-decisiones: optar por sacar dinero en cajeros que no cobren comisión y tener una mejor administración de los estados de cuenta para analizar gastos.

 

Puntualidad

Hábito arraigado: Dormimos «cinco minutos más» o hacemos esperar «sólo diez minutos» a las personas.

Micro-decisiones: más vale 15 minutos antes que uno más tarde; «tolerancia cero» en retrasar el momento de levantarnos; investigar previamente la ruta que se va a tomar y el tiempo en recorrerla.

 

Organización

Hábito arraigado: Atender asuntos urgentes antes que los importantes. Perder tiempo repitiendo tareas.

Micro-decisiones: Asignar una hoja a mis pendientes prioritarios. Cero papeles en mi escritorio.