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Soy director de una planta industrial en una ciudad pequeña. Siempre contrato varones, pero ahora acaba de ingresar una joven ingeniera con buena preparación y magnífico desempeño. El hecho ha causado revuelo, en buena parte por el conservadurismo del lugar, y ha suscitado comentarios desde irrespetuosos hasta discriminatorios.

Ella se quejó, llamé fuertemente la atención a los responsables pero sé que es un paliativo momentáneo porque el asunto sigue bajo el agua. No puedo despedirlos porque peligra la línea de producción. Una probable solución sería asignarla a otro departamento pero implica quitarle la oportunidad de aprender y trabajar en lo que le gusta y hace bien y, en cierto modo, dar la razón a los supervisores irrespetuosos. Yo soy ingeniero y no se me da la psicología ni nada que se le parezca, ¿cómo abordar este asunto?

 

los asesores sugieren

 

1

Si no hay un código, instáuralo

Me parece que no se trata de un asunto de mera psicología o del perfil profesional que uno tenga, sino de una cuestión que exige una definición clara de la cultura que la empresa desea implantar.

La situación amerita formular un código de ética que estipule la exigencia de guardar ciertos comportamientos, establezca claras sanciones –algunas de ellas drásticas– para los casos en que esos comportamientos se rompan, y luego se dé a conocer dicho código con claridad.

No basta con reconvenir a los que se han comportado inapropiadamente. Si no se desea que esta situación escale hacia una cuestión de mobbing o hasta de acoso sexual, es importante proceder de la manera propuesta. Quizá incluso, si una vez establecido el código sugerido las conductas no deseadas siguen presentándose no habrá más remedio que aplicar las sanciones correspondientes, aunque implique despedir a alguien, pues eso hará escarmentar a los demás y los llevará más fácilmente a adoptar otra pauta de comportamiento. El costo momentáneo que pueda conllevar se verá recompensado con un ambiente de trabajo más sano que a la larga favorecerá muchos otros aspectos como la productividad y el sentido de pertenencia a la empresa.

 

Tomás Viracocha

Consultor de Ética empresarial

 

2

Involucra a los mandos medios

Se trata de un reto de dirección. Para poner remedio a prejuicios que se han forjado durante muchos más años, no basta con una acción. Para ayudar a los otros a respetar a su nueva compañera, puede ser útil tener varias conversaciones con los involucrados. Una pequeña capacitación ayudará a reforzar el respeto por los otros y la necesidad de incluir a las mujeres en el trabajo profesional. También hará ver que lo relevante es hacer las cosas bien y no si se hombre o mujer. En este tipo de retos suele ser útil involucrar a los mandos medios y hacerlos responsables del éxito en la inserción de la persona en el trabajo.

 

Felipe Jiménez

Filósofo dedicado a la docencia

 

3

Evita la sobreprotección

No hace falta mucha psicología para detectar el modo machista de comportarse de algunos elementos, yo diría un tanto primitivos, más que conservadores. Pero como en todo caso de bullying el peligro sería reglamentar de más y pretender resolver el conflicto ‘desde arriba’.

Ella es la parte más importante en juego. Dale tiempo para que se ubique y que su desempeño y preparación hablen por ella. Haz saber a ella y a los supervisores, que cuenta con el apoyo de la dirección. Que no se tolerarán comportamientos impropios tales como no les gustaría que se usasen con sus mujeres o sus hijas. Si pasa un tiempo prudencial y esto no funciona habla con ella y permite que elija lo que vea mejor.

 

Armando Reygadas

Abogado especialista en Ética de Empresa

 

4

La claridad fortalece el trabajo

Estimado director, se dirigen personas y se administran cosas. Dirigir personas es problemático, pero también muy satisfactorio. Parte de esa dirección es hacerlos crecer.

Te enfrentas a fuertes costumbres culturales de la zona, pero que por bien de la empresa (y de los supervisores) es bueno cambiarlas. Cambiar una costumbre no es rápido ni fácil, usualmente al principio cuesta más trabajo. Pero cuando se tiene la convicción de que es por un bien mayor, la constancia debe ser una de tus mejores herramientas. Lamento adelantarte que no será la última vez que hables con los supervisores, no hay que reprenderlos únicamente, hay que buscar la forma de hacerles notar que el trabajo en la empresa no es de género, sino de capacidad y que en la diversidad de convivencia entre hombres y mujeres, ingenieros e ingenieras se pueden hacer las cosas mejores.

Mi sugerencia es hablar con la ingeniera para que persevere y sienta tu apoyo, y hablar con los supervisores para hacerles ver que, por el bien de la empresa, ésta es una situación que permanecerá. Tener reglas claras en tu código de ética acerca del acoso sexual y acoso laboral puede ayudar a fortalecer a tu labor.

 

Rodrigo Villaurrutia

Profesor de Ética de la empresa