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El Cairo Nuevo

Naguib Mahfuz

Alianza. Madrid, 2007

330 págs.

El 25 de enero de 2011 una ola de más de 50 mil jóvenes inundó el corazón de El Cairo. Símbolo y engarce de la sociedad egipcia desde el siglo XIII, la Plaza Tahrir fue insuficiente para albergar el reclamo y la furia –día de la ira, le llamaron– de quienes a coro exigían la renuncia y juicio del presidente Mubarak. Ahí mismo, cien años antes, nació Naguib Mahfuz; un tipo a quien, lo supieran o no, ellos debían su derecho a alzar la voz.

Nobel de Literatura en 1988 y autor de una veintena de novelas definitivas para las letras árabes, Mahfuz retrató en su obra la cara impotente de la sociedad egipcia que, milenaria y todo, era incapaz de reinventarse; El Cairo nuevo también deja ver los rasgos de ese rostro confundido.

Una historia narrada con la pausa y serenidad árabe, sin mayores pretensiones que ponernos en las calles del barrio de Gamaleya, donde nació y creció el novelista, y recalcar que las pasiones que sacuden el alma humana también cimbran la herrumbre de la que están hechas las ciudades.

Poseedor de una narrativa generosa y, perdón que insista, calmada, Mahfuz desdobla las personalidades de tres jóvenes universitarios alrededor de los cambios que no llegan, de esos que terminaron por ahogar la Plaza Tahrir con reclamos y esperanzas. Es 1930 y el apetito de esta terna de indefinidos y torpes recién graduados es interminable; europeizados, se debaten entre su tradición y los nuevos aires de democracia, sin saber qué rumbo tomar.

El Cairo nuevo es una pieza de filigrana literaria y una advertencia: cuidado si piensas abandonar tu propia historia movido por la ambición.

Como reconoció en su discurso en Estocolmo, Mahfuz es «hijo de dos civilizaciones que en un cierto momento de la historia han formado un matrimonio feliz. La primera, de siete mil años de antigüedad, es la faraónica; la segunda, de mil cuatrocientos años, es la islámica». Algo tendrá que decirnos el hijo de una pareja así.