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Cuando hablamos de malinchismo, todos pensamos en ese «apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio», como dice el diccionario y de paso achacamos a la Malinche una suerte de acusación por «traidora»… Pero el origen de la palabra es otro. El término surgió a partir del apodo de doña Marina (Malinalli Tenépatl o Malintzin), amante de Hernán Cortés. Cuando él la recibió como tributo de guerra, los indígenas lo nombraron «Malinche» o «el dueño de Malinalli». Si nos remitimos a la historia, ese apego a lo extranjero provendría de Cortés y no de la Malintzin (Crespo, 2007).

Al morir su padre, la joven «traidora» fue vendida y dada por muerta para traspasar su herencia al hijo del segundo matrimonio de su madre. Malinalli fue a parar a Tabasco y, finalmente, a manos de Cortés.

Con información del libro Contra la historia oficial

de José Antonio Crespo