La amarga Pasión de Cristo

Ana Catalina Emmerich

Madrid. Voz de Papel, 2010

327 págs.

No a todos gustó La Pasión de Cristo de Mel Gibson, pero todos quedamos impresionados por la crudeza de las imágenes. El guión fue tomado con bastante fidelidad de la ahora beata Ana Catalina. Monja agustina, quien durante la Cuaresma de 1823 pudo ver con todo lujo de detalles la Pasión de Cristo.

El ilustrado Clemente Brentano recogió la narración que a lo largo de cuarenta días fue desgranando, desde su lecho, la muy enferma Emmerich. El antaño agnóstico Brentano llevó ese relato, añadiendo sus propias anotaciones, a la imprenta en 1833. Voz de Papel ofrece una traducción de la edición íntegra del filólogo alemán. El prólogo está a cargo del cardenal Antonio Cañizares.

Desde el punto de vista histórico es interesante que una mujer totalmente analfabeta haya descrito lugares y formas de vida del siglo I de nuestra era que, en muchos casos, fueron confirmados por descubrimientos arqueológicos e históricos posteriores. Desde el punto de vista religioso, como bien hace notar el cardenal, «Las visiones de la beata Ana Catalina no son el credo ni los evangelios, pero robustecen nuestra fe, estimulan nuestro amor y fortalecen nuestra esperanza». No es poco.