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http://destapesexpress.cl/homeopathic-remedies-for En el siglo XVII surge una escritora representativa del pensamiento occidental. El derecho a saber y crear que pedía Sor Juana se hace realidad con escritoras e intelectuales mexicanas que, ya en el siglo XX, adquieren un lugar indiscutible en la historia. La liberación femenina da vida a una generación de intelectuales y artistas que no sólo crean su propia obra, sino que fundan espacios que engrandecen y diversifican la cultura y las artes.

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Sor Juana Inés de la Cruz order sleeping pills

Porrúa. México, 1989 tramadol en mexico

941 págs. http://theskillsbrokerage.co.uk/?phentermine-doctors

Sor Juana Inés de la Cruz inaugura la reflexión feminista en el continente americano con el texto Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz (1691), carta que escribió como una defensa al derecho de la mujer por el acceso al mundo del saber.

El Obispo don Manuel Fernández de Santa Cruz y Sahagún había amonestado a la monja porque escribió una crítica al sermón de un sacerdote jesuita en la Carta Atenagórica. El resultado del debate epistolar entre la monja y el Obispo, que escribe una carta con el pseudónimo de Sor Filotea, presagió el fin de la vida intelectual de la Décima Musa buy generic adipex.

where can i get xanax prescription El texto de Sor Juana es una cátedra en la escritura autobiográfica. Al acudir a las Sagradas Escrituras e intercalar citas en latín a sus reflexiones, demuestra un dominio cabal de la cultura de su tiempo e intenta recordar las instancias en la Historia de Salvación que el acceso a la Palabra de Dios está destinada lo mismo a hombres que a mujeres.

Sor Juana marca la distancia entre las sabidurías masculina y femenina a través de una imagen poderosa, la mujer relegada en la cocina:

«Pues ¿qué os pudiera contar, Señora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? […]Ver que un huevo se une y fríe en la manteca […] y, por contrario, se despedaza en el almíbar; […] ¿qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? […] si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito».

Sor Juana intenta justificarse al atribuir como don divino su propensión a la escritura: «El escribir nunca ha sido dictamen propio sino fuerza ajena […] que ni ajenas reprensiones […] han bastado a que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí».

Tres años después, obligan a Sor Juana a abandonar sus estudios. Vende su biblioteca y se consagra a la vida religiosa. Muere el 17 de abril de 1695 al contraer cólera tras cuidar a sus hermanas del convento jerónimo.

Irma González Pelayo