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Una compañía me contrató para hacer un estudio sobre la fresa. Debido al encarecimiento de la mano de obra puede perderse su cultivo en varias zonas del país. Si la producción se abastece de inmigrantes centroamericanos (ilegales o no) resulta más económica su producción ya que se les paga menos.

El inmigrante sería explotado pero ganaría aún más que en su país. Además, las personas emigran por voluntad propia y necesitan trabajo. ¿Es válida esta solución para mantener la producción de la fresa?

LOS ASESORES SUGIEREN

1. Es lamentable que se pierdan cosechas por esos motivos, con detrimento económico de todos. También, que existan seres humanos sin trabajo y dispuestos a «ser explotados». Es lamentable que las leyes vayan detrás de estas realidades y se nieguen a resolver las situaciones adecuadamente. Son, sin duda, estructuras viciadas por injusticias anteriores.

Ante tales situaciones, siempre ha habido personas grandes en visión y compromiso que impulsan los cambios necesarios con prudencia. Además, aquí estamos en una situación específica que afecta la supervivencia misma de la empresa y por eso, es lícito pagar salarios mínimos (incluso insuficientes) a las personas dispuestas a recibirlos por el tiempo que la situación exista.

¿Cuáles son los límites? Los que impone la solidaridad y la humanidad, buscando el modo de que las personas lleguen a resolver sus necesidades básicas, aunque sólo sean trabajadores temporales.

ARMANDO REYGADAS

ABOGADO Y CONSULTOR DE EMPRESAS

2. El problema plantea varias aristas. Por un lado, independientemente de la procedencia del trabajador está el tema de la justa remuneración. El precio a pagar por la realización de un trabajo es una cuestión compleja, pues implica evaluar la capacidad de pago de la empresa y las necesidades del trabajador. Ninguna empresa puede pagar por encima de lo que le permita mantenerse.

Por otro lado nos enfrentamos a las ganancias de la propia empresa, si sólo se sacrifica el costo de la mano de obra y no las utilidades de los inversionistas, podría generarse una injusticia ahorrando en el salario del que menos tiene, mientras se conservan o incrementan los ingresos de quienes gozan de una mejor situación económica. Por ello, la respuesta ética requiere del análisis de las distintas alternativas que tiene la empresa para rescatar su producción.

No podemos olvidar la condición del inmigrante. La contratación de inmigrantes ilegales como medio de ahorro por evitar pagos de seguridad social o por ponerlos en condiciones de desventaja respecto del trabajador nacional es inmoral y conduce a graves problemas sociales. En cambio, la contratación de trabajadores legales, siempre y cuando se les provea de lo justo para su sustento no plantea ningún problema ético.

FELIPE JIMÉNEZ

FILÓSOFO DEDICADO A LA DOCENCIA