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Hace tres años, ante un problema de abastecimiento en tiempo y forma a nuestros centros de distribución, y con la incapacidad e insuficiencia de recursos en ese momento, desarrollamos el formato de proveedores logísticos confiables con el cual integramos a cuatro empresas externas a nuestra organización.

En este periodo, sólo una funcionó de acuerdo a los requerimientos, por lo que nos vimos nuevamente obligados a desarrollar procesos internos, capacidades e inversión de recursos para resolver el problema de abastecimiento generado. Informamos a nuestros proveedores y a los proveedores logísticos que dejarían de prestar el servicio, que ahora daríamos nosotros con nuestra nueva estructura.

El problema es que la empresa que sí realizó el trabajo conforme a lo requerido y que en su momento realizó inversiones, desarrolló capacidades y todo un programa para satisfacer nuestras necesidades de abastecimiento en tiempo y forma, enfrenta ahora esta nueva situación con riesgo de desaparecer. Por otro lado, algunos de nuestros proveedores han manifestado su interés en seguir surtiéndonos a través de esa empresa, porque la calidad de su servicio (precios y atención) en algunos casos es mejor que la nuestra.

Me pregunto si en este caso ¿el mal menor afectar a esa empresa justifica el bien mayor resolver nuestro problema de abastecimiento conforme nosotros lo concebimos-sin su participación?

Los asesores sugieren

En ética es peligroso y sospechoso el recurso al uso de los términos mal menor y bien mayor. Suele argumentarse erróneamente en las corrientes teleológicas, que el fin o la intencionalidad es el criterio máximo de moralidad, sin considerar si la acción es, en sí misma, buena o mala.

Esta visión finalista se ancla en el utilitarismo ético que sostiene que el bien o el mal dependen en última instancia de los efectos que se sigan a la acción. Puede distinguirse el consecuencialismo ético que profesa que la eticidad está en que la suma final de bienes supere a los males que se sigan de una acción concreta; y el proporcionalismo ético que afirma que una acto es éticamente bueno si existe proporción entre los bienes que se consiguen y los males que se evitan. Con esta visión, actuar es temerario, puesto que el criterio que pueda usarse para medir esa suma o proporción entre «bienes» y «males», es bastante relativo, además de que lo ético dependería de un cálculo técnico de la proporción entre bienes y males, en donde es muy fácil errar.

En el caso planteado, no parece haber ningún problema ético en que la empresa establezca los criterios y requerimientos para sus proveedores. Sin embargo, la formulación de la pregunta puede denotar una ética incorrecta y peligrosa.

Debe tenerse en cuenta, por último, que hay una obligación ética no absoluta de ayudar a los proveedores en tiempos difíciles. Responsabilidad que puede derivarse de una larga historia de esfuerzos de cooperación y lealtad.

Pablo Riba Gargollo

Abogado y consultor de empresas

 

Desde luego, nunca se puede hacer el mal para conseguir el bien. El mal, por definición, es justamente lo que siempre ha de evitarse. Deberán estudiarse los compromisos adquiridos con la empresa proveedora hace tres años y tratar de cumplirlos. Que las tres restantes empresas no lo hayan hecho no justifica que su empresa se comporte del mismo modo. Por otro lado, tal como el problema está planteado parece que estamos en una situación de ganar-ganar: la empresa proveedora responsable, que desarrolló sus capacidades, proporciona un mejor servicio (precios y atención) que la suya y puede desarrollar a otras. Quizá debería usarse esa capacidad desarrolladora como recurso alternativo para su empresa, y hacer ganar a todos.

Armando Reygadas

Abogado y consultor de empresas