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La lectura sí se relaciona con el ingreso

Aunque Buenos Aires se venda a sí misma como la capital cultural de la región, un sondeo encargado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad concluye que 53% de los porteños le huye a los libros. Las mujeres leen más que los hombres. Los pobres leen menos que los sectores medios y altos. Y más de la mitad de los jóvenes de entre 18 y 25 años admite que simplemente no lee libros. El estudio revela además que en 71% de los casos, se compran los libros en las librerías es decir, el poder adquisitivo determina el acceso.

¿Cómo lograr que la gente lea, si comprar un libro es un lujo para pocos? «Para compensar la falta de acceso a los libros trabajamos con las bibliotecas populares», explicó Gustavo López, secretario de Cultura del Gobierno de la Ciudad. «Estamos mejorando su oferta de títulos e intentando acercar al público a las bibliotecas a través de actividades como el teatro, las conferencias y la provisión de los diarios del día».

Daniel Divinsky, director de Ediciones de la Flor, dice que se están haciendo «diferentes esfuerzos para aumentar las tiradas y ofrecer precios más bajos, pero mientras no haya más lectores esa diferencia sólo la podremos hacer exportando».

«Que otros se jacten de las páginas que han escrito: a mí me enorgullecen las que he leído», decía Jorge Luis Borges. Pero está claro que no hay que ser Borges para poder disfrutar de un libro. También, que los libros no pueden ser un lujo ni un objeto incómodo en un país que se piense soberano.

El Clarín, 05/06/05