Desconozco la razón por la que uno de los directores dio orden a un gerente subordinado mío de reportar a la Dirección General una producción considerablemente más alta que la real. Al revisar la información con el Director General mi jefe, surgió la diferencia porque yo, sin saberlo, presenté la producción real. Cuestioné al gerente al respecto y, tras muchos pretextos y excusas, confesó que había recibido de un director la orden de alterar la información.

Después de aclarar a mi jefe el asunto, recibí la orden de despedir al gerente, a lo que me negué rotundamente. En mi opinión, si hay que despedir a alguien, es a quien dio la orden, no al que la ejecutó. Sé que mi negativa no ha sido del agrado de mi jefe y del Director en cuestión que, entre paréntesis, son grandes amigos, también soy consciente de que son muy probables futuras represalias hacia mí por esa «insubordinación». Llamé la atención al Gerente y prometió no volver a acatar ese tipo de órdenes, sin embargo me pregunto si debo permanecer en mi postura, ateniéndome a las posibles consecuencias u obedecer la orden de despido y evitarme problemas.

Los asesores sugieren:

1. La verdad incomoda. Pero es el fundamento de toda relación humana y profesional. Pienso que usted ha actuado bien, corrigiendo al gerente y dándole una nueva oportunidad. Además de evidenciar una falsificación de información que la mayor parte de los sistemas jurídicos garantizan1.

Crear un buen grupo de colaboradores en los que estos principios se cumplen es muy importante para todo director, actuando siempre según el principio áureo: «Tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen». Aunque cause problemas.

Armando Reygadas

Abogado y consultor de empresas

2. Existe culpa tanto en el Director como en el Gerente por alterar la información. El caso del Gerente se agrava por ejecutar una orden de alguien que, en principio, no puede dársela y la falta de lealtad con usted al ocultarle que ha alterado los números. En mi opinión, habría que despedir tanto al que dio la orden como al que la ejecutó, sin embargo, pueden existir algunos atenuantes que nadie mejor que el jefe directo conoce.

Quizá la postura más sensata sería reflexionar a su jefe sobre la culpa que tiene el Director que dio la orden y, por tanto, que la sanción debería ser similar, es decir, si el Director General está dispuesto a darle otra oportunidad al Director que dio la orden, ¿por qué no es posible darle la misma oportunidad al que la ejecutó?

De cualquier manera me parece que deberían entablar un diálogo mayor para conocer las causas que llevaron a alterar la información y descubrir si no hay otros aspectos en la relación de dicho Gerente con el Director.

Felipe Jiménez

Filósofo dedicado a la docencia

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1 Ibidem, pp. 264.