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Bajo el volcán
Malcolm Lowry
Novela
Tusquets, Barcelona, 1997. 415 págs.

Si Bajo el volcán fuera un óleo en lugar de una novela sería el Joven desnudo a la orilla del mar (Louvre), el retrato de Hyppolite Flandrin. Hecho un ovillo, hiende sus rodillas con la nariz, los muslos en el pecho. Se le ve melancólico, como también mohíno está el cónsul borrachín que vive en Cuernavaca el año 1938.
Bajo el volcán son doce horas en la vida de una pareja de divorciados que se reencuentran para la reconciliación. El cónsul tiene serios problemas de alcoholismo; Yvonne regresa a buscarlo, desesperada, un año después de haberle pedido perdón a través de una postal que nunca llegó, pero ella no lo sabe.
Bajo el volcán está construida como si fuera una pieza musical: da inicio con una overtura que marcará el ritmo y los temas de la novela entera, es ubérrima en simbolismos y contrapuntos, y también cíclica. De particular interés para el lector mexicano, aunque no es de ninguna manera una novela fácil. Es, digamos, una versión legible del Ulises, una obra maestra.
Para leerla mejor sugiero seguirla con el ojo derecho, mientras el izquierdo, se concentra en la correspondencia de Lowry. (El viaje que nunca termina. Correspondencia (1926-1957). Tusquets, Barcelona 2000).
Enrique G de la G