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Para volvernos locos

Recientemente se han descubierto psicopatías y demencias en la mitad de los adictos a drogas. Jugar con drogas está de moda entre los jóvenes que olvidan que tarde o temprano se paga un alto precio en salud. Nadie se sorprende si un médico advierte de que la adicción a las drogas genera deterioro físico importante y pérdida de la vida social y laboral. Un toxicómano muestra enseguida inestabilidad emocional, pero pocos saben que su dependencia produce daños psicológicos y neuronales irreversibles, que ya comienzan a apreciarse en gran cantidad de las personas jóvenes que acuden a tratamientos de desintoxicación.

Los psiquiatras de los Centros de Atención a Drogodependientes (CAD) de Murcia, España, apuntan, como ejemplo de patologías duales ya demostradas, trastornos del estado de ánimo, descontrol de los impulsos, depresión y cambio de personalidad. Esperan que en 15 ó 20 años afloren multitud de demencias en personas de mediana edad, adolescentes que ahora consumen muchas drogas y mezclan sustancias. La mitad de los adictos analizados en los CAD, unos mil, sufren enfermedades psiquiátricas graves, como esquizofrenia, trastornos psicóticos y cuadros fóbicos.

La solución no es fácil, el informe Neuroscience of psychoactive substance use and dependence que acaba de publicar la Organización Mundial de la Salud (OMS) analiza cómo los efectos de las sustancias placenteros o paliativos no bastan para explicar la dependencia, que se da por una compleja interacción de factores sociales, ambientales, biológicos y genéticos.

Destaca que la dependencia de sustancias es mayor en personas con enfermedades mentales que en las sanas. Además de los factores culturales y sociales más conocidos, los últimos estudios están probando la importancia del factor genético. Las diferencias genéticas también influyen en la toxicidad de las sustancias, la intensidad de los efectos psicoactivos, el grado de tolerancia, los síntomas de la abstinencia, las posibilidades de desarrollar enfermedades mentales, etcétera.

El consumo de sustancias psicoactivas tanto legales (alcohol y tabaco) como ilegales (cannabis, anfetaminas, cocaína, opiáceos) podría tener más efectos en las personas portadoras de una mayor vulnerabilidad genética a la dependencia. El informe cita estudios que prueban una «importante heredabilidad» en la dependencia del alcohol y el tabaco y concluye que las sustancias psicoactivas, con independencia de su status legal, tienen similares mecanismos de acción en el cerebro, pueden causar dependencia e importantes enfermedades y discapacidades.