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Universidades japonesas: reducción, evaluación y competencia

Las universidades japonesas han iniciado reformas profundas para sostener el esfuerzo nacional de investigación. Según la ley de reforma de las universidades públicas que entró en vigor el 1° de abril, se reducirá su número para poner el énfasis en la calidad de la educación más que en la cantidad. Desde 2002, 24 universidades han hecho acuerdos de fusión para convertirse en 12, y otras 3 se fusionarán en una sola para 2005. Esta reducción es inevitable ante el descenso de estudiantes, pues la población de 18 años, que alcanzó un máximo de 2.05 millones en 1993, se prevé que disminuirá a 1.21 millones en 2009.

La reforma introduce el principio de competencia entre universidades; a través de una evaluación encomendada a una entidad externa a ellas y al Ministerio de Educación se medirán los logros en docencia, investigación y la visión de futuro de cada centro. Universidades públicas y privadas competirán por la financiación pública de proyectos de investigación, en campos definidos como prioritarios por el gobierno, que seleccionará 30 universidades para que figuren entre las más prestigiosas del mundo por su investigación. El objetivo último de la reforma es dar a las universidades un papel motor en la investigación en simbiosis con el sector privado, para hacer del archipiélago una gran potencia mundial de investigación. Las autoridades japonesas lo consideran capital para no perder competitividad en la economía mundial. En 2003, dedicaron a la investigación 3.18% del PIB frente a 2.79% de EE.UU.

La reforma ha despertado resistencias por parte de miembros del cuerpo académico, que se oponen al cambio de estatuto de las universidades nacionales y temen que se relegue la investigación básica y la que no es rentable. Pero la reforma va adelante por la creciente convicción de que el sistema de enseñanza superior se ha quedado anticuado para responder a las necesidades de un país que quiere un puesto de vanguardia en el mundo. En México parece que apenas empezamos a tomar en cuenta la investigación para aplicar tecnología en simbiosis con las empresas públicas o privadas. Y aunque no ambicionemos ir a la vanguardia, ya metidos en la carrera no podemos parar.

Hay que ir por más.