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¡Levantaos!, ¡Vamos!
Juan Pablo II
Plaza y Janés. México, 2004. 216 págs.
 
La jovialidad del Papa no deja de asombrar. Su nuevo libro lo demuestra.
En estos recuerdos autobiográficos reflexiona sobre el origen de su vocación, acerca de la actividad episcopal, el compromiso científico y pastoral y el quehacer de todo obispo. La narración comienza y termina en el Cenáculo. En esta exploración del sentido vocacional, el Papa descubre que sólo desde el ángulo de la Cruz se puede comprender cabalmente la llamada. Las palabras de Jesucristo, justo cuando irrumpe Judas para apresarlo, («surgite, eamus; ecce, qui me tradit, prope est») invitan a la Cruz. Es un «Vamos a la Cruz» alegre, nunca trágico.
Las páginas sobre México y «Morenita mía» repercuten con una melodía particularmente amable en oídos nacionales. Allí, los mexicanos quedamos en definitiva hermanados con los polacos y con aquella otra imagen tan venerada de la «Virgen Negra» de Czestokowa. El Papa lega en estas páginas muchos años de búsqueda, Cruz y alegría.