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Podríamos pensar que las capacidades de innovar, incidir y servir sólo se pueden exigir a las personas y, con relación a las empresas, a lo más serían cualidades deseables o convenientes. No es así, se trata de atributos esenciales a todo tipo de empresa que, si se cumplieran, resolverían muchos problemas de nuestro agitado mundo.

Alejandro Llano afirma en este ejemplar que innovar es la responsabilidad social más propia de la empresa. Y aclara de entrada que no es válido entender la responsabilidad como un «pero», sino que va implícita en la misma libertad. Por otro lado, la empresa es un auténtico motor de innovación y, en este tiempo, la institución mejor equipada para suscitar realidades que promuevan una mejor calidad de vida.

Más que ser creativos en herramientas tecnológicas, que al fin y al cabo se rigen por reglas, la innovación de que habla Llano se refiere a la conducta y al trabajo de los hombres. Esto supone el ejercicio creativo de la inteligencia y la capacidad de decisión, que a su vez requieren estudio, reflexión, diálogo, imaginación, espontaneidad, iniciativa, prudencia y juventud interior.

Curiosamente, a pesar de los repetidos fallos y escándalos, los dirigentes que conservan más autoridad en esta sociedad de bienestar son los empresariales, sobre todo si se comparan con los líderes políticos o religiosos, muy disminuidos.

Arturo Picos analiza este hecho y se pregunta si los empresarios son concientes de los valores o ideologías que sustentan muchos cambios sociales, y cómo algunos apuntan a la felicidad y otros a la infelicidad humana. La acción de los líderes permea a toda la sociedad y, si deriva de una conducta centrada en principios, la afectará en sentido positivo.

Por otro lado, Álvaro Pezoa habla de un tópico, corazón del mundo empresarial y fuente del éxito económico y del bien humano y social: el servicio. Lo describe como detonador de la riqueza potencial que anida en las empresas y aguarda a ser descubierta y desarrollada. El buen-servicio en la actividad empresarial precisa el trabajo «bien hecho» técnica y moralmente, es decir, con buenos hábitos operativos técnicos y con virtudes morales. Al acentuar la disposición de servicio y la donación personal en el trabajo, la humanización de la empresa se irá produciendo de forma natural.

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Los lectores de ISTMO muy pronto descubrirán cómo la revista intenta aplicarse a sí misma estas tres características de innovar, incidir y servir. Trabajamos para renovar el contenido: desde el diseño de nuevas secciones útiles y prácticas, hasta el envoltorio que implica la presentación gráfica. Todo para que la pluma de nuestros colaboradores logre incidir más en la sociedad y este medio de comunicación sirva para hacerla más humana.