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«La familia sentenció Aristóteles en su Política es el núcleo de la sociedad». Sin embargo, para que una civilización prospere también es necesario tomar en cuenta al trabajo. Ambos son elementos indispensables para toda persona. Nacemos en una familia y al llegar a la edad adulta comenzamos nuestra vida laboral.

Hasta aquí, simplemente estamos siguiendo el destino que se traza ante nosotros desde la fecundación. Pero, ¿qué tan compatibles pueden ser el trabajo y la familia?

En el presente libro, los autores analizan el tema con gran sentido crítico y reflexionan acerca de las evidencias arrojadas por una exhaustiva investigación realizada sobre valores y vida laboral y familiar entre aproximadamente 860 empresarios y profesionales de negocios.

Friedman y Greenhaus inician su análisis con una contundente evidencia: ya no basta un solo ingreso dentro de la casa. Padre y madre salen a trabajar para satisfacer las necesidades básicas. Esto obliga a que exista una mayor concentración en el ámbito laboral que, como consecuencia, provoca el descuido del núcleo familiar.

Mantener a la familia exige trabajo, cierto, pero trabajar demasiado como en el caso de quienes ambicionan más dinero fractura las relaciones familiares. Y si en casa hay problemas, el desempeño en el trabajo disminuye. Nos encontramos ante una encrucijada: ¿a qué dedicarle más tiempo, a la familia o al trabajo? El segundo es necesario para el desarrollo económico de la primera, y la familia contenta y sana estimula el éxito profesional. ¿Qué procede?

Responder a esta pregunta, según los autores, depende de que cada persona descubra su función prioritaria en la vida: la importancia que asigna al trabajo, la familia y otras funciones. (Para que el lector determine a qué grupo de prioridad pertenece, el libro ofrece uno de los cuestionarios aplicados en la investigación.)

Los autores hacen ver que el éxito profesional es tan importante como el personal; uno y otro se complementan en la satisfacción individual. De ahí la importancia de descubrir las prioridades vitales.

El éxito profesional lo relacionamos con nuestro ingreso y el lugar que ocupamos en la jerarquía de la empresa. El personal o familiar podemos entenderlo cuando las relaciones entre los miembros de una familia son de cordialidad, respeto y apoyo.

El libro destaca que la maternidad significa menos oportunidades laborales, mientras que la paternidad es una ventaja competitiva. Desgraciadamente, las empresas aún no comprenden que las mujeres productivas son esenciales dentro de una organización, por lo que la maternidad no debería ser un impedimento para ellas.

Sin embargo, también es cierto que un padre que dedica poco tiempo a su trabajo para estar con sus hijos siente que no cumple bien su función; mientras que una madre apartada de la vida laboral y dedicada a sus hijos no arrastra tantos sentimientos de culpa.

Al respecto, los autores dedican un capítulo a analizar la atención que requieren los hijos. Afirman que «la paternidad es una experiencia emocional», tanto para los padres como para los hijos. Ambos cónyuges son importantes para el desarrollo infantil y algo fundamental es la salud y educación del niño, que cuando el puesto laboral de los padres es mejor, se supone que tienen más posibilidades de solventarlas. Una vez más, trabajo y familia aparecen unidos.

La vida familiar mejorará con creces en la medida en que la pareja se apoye mutuamente para realizar sus actividades laborales. El apoyo debe ser tanto físico como psicológico y emocional. Pero, ¿cómo saber que la pareja necesita apoyo? Según los autores, sólo hay dos posibilidades: o lo manifiesta abiertamente o somos muy sensibles y comprendemos sus valores.

Sin embargo, el apoyo proviene, además del hogar, de la empresa. Es bien sabido que un empleado a disgusto en el lugar donde trabaja rinde menos. Para poder concentrarse de lleno en sus horas de trabajo debe sentir que la empresa que representa entiende sus necesidades sociales.

Las empresas que ofrecen flexibilidad para la vida íntegra de los profesionales de negocios crean entornos en los que las personas trabajan con más habilidad. Si podemos obtener esto, habremos avanzado para que la empresa y la familia sean aliados, no enemigos.