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Vena cava
Jorge Esquinca
Conaculta-Era. México, 2002. 89 págs.

Las tramas sencillas sobre las que se erige la poesía de Jorge Esquinca esconden un calidoscopio, de cuyos giros saltan destellos de irreverencia, humor y, cierto, profunda significación.
Por eso, a Vena cava le viene bien el adjetivo «libre», ese epíteto común que se le endilga a la poesía juguetona y volátil, que al mismo tiempo entrega renovadas ideas plenas de sentido y belleza.
Esquinca ofrece una poesía desigual, desordenada; en ella consigna el primer viaje trasatlántico en avión, el mar, alguna conversación con Elías Nandino, los días de la semana. El autor cumple a cabalidad con la consigna del arte: comunicar alguna parte de la realidad.
El lector recibirá una invitación para retomar el mundo y verlo desde una perspectiva inusual, activa. Como ha dicho el filósofo Ramón Xirau: «Más allá de su existencia física y contingente, el poema es un múltiple lazo tendido hacia la comunicación entre los hombres». Vena cava también proclama esa trascendencia. En uno de los poemas puede leerse: «Atravesar el poema. Más allá de la página: la constelación de lo posible».