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Instinto de Inez
Carlos Fuentes
Novela
Alfaguara. México, 2001. 145 págs.

Instinto de Inez es un capítulo más de esa «no-vela total» que Fuentes escribe a lo largo de su vida junto a Aura, Cumpleaños, Una familia lejana y Constancia. Recoge la historia del amor de Gabriel Atlan-Ferrara por Inés Rosenzweig. Historia intrascendente, salvo en dos o tres capítulos, que da predecibles brincos en el tiempo, que no destaca por su prosa extraordinaria, que deja piezas sueltas. Hay otra historia, sobre las primitivas relaciones humanas entre un hombre y una mujer, anónimos, del más temprano recoveco de la historia, que abunda en imágenes selváticas. Fuentes intentó representar la música de La condenación de Fausto de Berlioz con imágenes caóticas, el sudor, la multitud, el olor a tierra. Y así están las páginas: sudadas, caóticas, sucias. No aparece la trama inteligente que el lector esperaría. «En Instinto de Inez hay una relación de culpa, y en consecuencia de castigo…». Fuentes es pesimista y quiere superar la culpa por la música y el canto. Ensaya una mística del amor pero cae en «la muerte de los peces-niños asesinados por sus propios padres», el amor sin esperanza. Confieso que Inez no me ató al sillón.