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Desde esa mañana de abril en que nos dolimos con la muerte de Octavio Paz, se han dicho muchas frases con hermosas palabras, se ha honrado con buen decir a quien tanto honró al pensamiento y a la lengua. Después de mucho leer sobre Paz, y de escuchar sobre las virtudes y capacidades del autor de esa vasta obra y del hombre que allí se descubre, podemos decir con Alfonso Reyes:

Cada uno me habla de ti con un elogio diferente:

Puedo pensar que, sólo contigo, se me murió mucha gente.

Estas dos líneas, parte del hermoso poema A la memoria de Ricardo Güiraldes, encajan con maravillosa precisión ante la ausencia de Octavio Paz. Es poco usual que se reúnan en una persona, tantas y tan variadas cualidades.

Dice Gabriel Zaid en Vuelta: « ¿Cómo compaginar la inspiración y el amor con su vastísima cultura? Parecen mundos divergentes: la sensibilidad y creatividad de los poetas, la curiosidad y el análisis de los especialistas. Pero en Octavio Paz ambos mundos se comunicaban y se enriquecían, en los más diversos temas literarios, artísticos, culturales, históricos, sociales, políticos. Siempre estaba replanteando, creando. Para mí que leí todo lo suyo durante casi medio siglo, fue maravilloso ver cuántas cosas nuevas dijo todavía en su último libro (La llama doble;y lo más increíble de todo: cuánto había leído y aprendido después de los setenta años» .

Quiero imaginar la obra de Octavio Paz como un río tumultuoso enriquecido por muchos afluentes y del que parten numerosos canales a regar vastas regiones. Su espíritu inquieto ya no podrá alimentar ese río con novedades, pero la corriente sigue viva. Podemos navegarlo cientos de veces y seguiremos descubriendo nuevos rasgos de su itinerario.

En diversas ocasiones los colaboradores de istmo habían explorado ese río, ahora, rendimos también nuestro homenaje.