Suena casi a utopía la propuesta que llevamos en este número de istmo. Como estamos y estaremos de fiesta todo el año por nuestro aniversario, es muy buen momento: queremos ¾ con o sin circunstancias a favor¾ envolver nuestra vida diaria en un ambiente de belleza, de estética.

Una de nuestras colaboradoras, Gloria Tomás nos regala en estas páginas una frase redonda: «aprovechar bien el tiempo es asunto relacionado con la ética, hacerlo con elegancia está relacionado con la estética».

Normalmente se cataloga a la estética como algo superfluo, un añadido, el elemento que corona, una vez resueltas todas las necesidades básicas. Pero, a poco que abramos los ojos, vemos que no es así, no es cuestión de tiempo ni de dinero, es mucho más una actitud. Se requiere, en medio del trabajo y de la prisa, salvar la falsa separación entre lo práctico y lo estético, encontrar la armonía, unirla a las actividades cotidianas y convencernos que la dimensión estética del hombre no es capa superflua.

Dice Gabriel Zaid: «lo innecesario es una apremiante necesidad del hombre: la que integra todas las demás» aunque la ignoremos, la dimensión estética «siempre se da en la vida humana, todo lo que se realiza está más o menos logrado estéticamente».

Armonía es la palabra clave, sirve para descubrir la belleza. La armonía nos permite reconocer una obra de arte, percibir lo que une esa realización con el mundo en su totalidad y con una individualidad humana concreta. Es un camino que hace más habitable el mundo. Sin sofisticaciones ni imposiciones podemos reforzar o adquirir el gusto por lo bello y disfrutar hondamente.

Agrega Gloria Tomás: «si en todo lo creado existe una luz que irradia bien, belleza, verdad, cuánto más puede recibirse esa claridad por el camino del arte Las manos de un artista son como antenas, a través de ellas se captan los sentimientos profundos, los reales, y son emitidos, quizá a través de la piedra, de las notas, del verso».

La estética, no es una especialidad ni es propiedad de nadie, está en la naturaleza, en las personas, en el arte, en donde queramos. Disfrutarla sólo requiere una fórmula llena de imaginación, un ritmo de vida marcado por nosotros mismos. La magia de la estética puede redistribuir nuestras horas y darles nuevos bríos.