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El éxito en puestos foráneos o en asignaciones laborales en el extranjero, no depende sólo de habilidades técnicas o conocimientos administrativos del ocupante. Una variable a menudo ignorada, subestimada, y con efectos de largo alcance en el éxito del ejecutivo, es la familia. Cualquier directivo en el área gerencial estará de acuerdo en que el desempeño individual, a nivel corporativo, se ve afectado por la dinámica familiar y, sin embargo, a este importante factor de éxito apenas se le otorga una atención superficial.

Educar niños sanos y felices es un reto que desafía fronteras y límites culturales de los padres. Pero la paternidad fuera de la propia cultura, en donde los sistemas de apoyo para la incorporación están ausentes, magnifica aún más los resultados de la paternidad tradicional.

La asignación foránea de cualquier familia, inicia y concluye con el mismo acontecimiento: el traslado. Dentro y fuera de sí, este proceso puede causar mucha tensión; pero es aún más importante la forma en cómo se lleve a cabo.

Los padres pueden jugar un papel positivo y decisivo si integran a los hijos, incluso a los más jóvenes, de preescolar o primaria, en las etapas anteriores a la planeación del cambio. Wallach y Metcalf, codirectores de la Asociación de Servicios Comunitarios de El Cairo, han identificado varias formas para reducir la ansiedad del traslado en niños pequeños.

Comunicación y sentimientos compartidos

En primer lugar, es importante hablar abiertamente en casa, sobre la decisión de mudarse y discutir sobre ella después de haberla aceptado. Una de las mayores preocupaciones de los padres es que los hijos se enteren del cambio por fuentes ajenas al núcleo familiar. Entre mayor sea el hijo, se sugiere más tiempo para orientarlo con el propósito de facilitar la adaptación.

Un secreto de las familias sólidas es la comunicación y los sentimientos compartidos. La familia “expatriada” no es excepción. Los padres bien intencionados a menudo dirigen sus esfuerzos a señalar, y aun a exagerar, las ventajas del cambio. No obstante, es igualmente importante que ambos progenitores exterioricen libremente su tristeza por dejar amigos, lugares familiares y rutinas habituales. Compartir estos sentimientos sin reserva es una forma de legitimar la propia ambigüedad de los hijos, y a nivel más profundo, brinda la oportunidad de modelar en ellos un importante concepto universal: el de dualidad en la naturaleza.

Al mismo tiempo, es importante no sobrecargar al hijo con temores mayores a su propio alcance. En general, los niños son fuertes si están preparados y apoyados por los padres, y probablemente se ajusten al cambio con más facilidad de la esperada.

El arte de escuchar es una cuestión central para una comunicación exitosa. A menudo, en la precipitación del cambio, al tiempo para escuchar se le concede una baja prioridad en la lista de pendientes. Aunque aparezca disfrazado de enojo un sentimiento frecuente en los hijos durante esta etapa de transición, aparece la duda sobre sí mismos y la disminución de su autoestima con relación a la habilidad para labrarse una identidad personal en su nuevo ambiente.

Banco de recuerdos

Los padres pueden ser de mucha ayuda dándole nombre al “dragón” del temor y colaborando a hechizarlo en una gran variedad de formas concretas. Impulsar al niño a compilar una lista de los nombres, direcciones y faxes de sus amigos, puede aliviar su temor a ser olvidado. Apartar un poco de tiempo para practicar el envío de un fax o la grabación de una carta en cassette para un amigo antes de partir, pone en movimiento este patrón. La tradicional fiesta de despedida, ya sea en la escuela o en casa, no es una idea asombrosamente original, pero cuando se combina con un libro de autógrafos o con una pizarra grande donde los amigos anoten mensajes de despedida o, en el caso de los niños más jóvenes, pintar un dibujo, proporcionará al hijo menor un banco de recuerdos visible del cual echar mano durante el tiempo real del traslado.

Los niños a menudo sienten una impotencia relacionada con las decisiones y movimientos fuera de su control. Es importante ofrecerles, en estos momentos, un sentido de control aun sobre los elementos más simples de sus vidas; hacer un esfuerzo para que juntos revisen sus posesiones y decidan qué va y qué se queda, sin dejar de escuchar nuevamente sus sentimientos. El pequeño espacio reservado en una caja de empaque del equipaje puede tener poco valor comparado con el sentimiento de poder que tiene un niño cuando se siente parte del proceso de toma de decisiones.

La oportunidad del cambio

A esta altura de la transición, conviene empezar a dirigir conversación y pensamientos hacia lo que se encuentra en el otro extremo del cambio. Hablar al niño acerca de cómo quiere decorar su habitación, el color con que le gustaría pintarla, etcétera, suena irrelevante, pero le da al miembro joven de la familia el sentido de control en el gran esquema del cambio.

Nada favorecerá más que proveer a cada persona con mapas, guías e información acerca de la nueva localidad, así como arreglárselas para hablar juntos acerca del tipo de actividades comunes por compartir y de oportunidades individuales disponibles. Establecer esta prioridad como familia puede transformar la resignación en gran expectación.

El mayor dragón del temor en los hijos, especialmente en los adolescentes, es la imposibilidad de encontrar un nuevo grupo de amigos. No hay que esperar a desempacar la última caja del embarque para ayudarlos a encontrar su lugar de pertenencia. Escuela, iglesia, scouts, deportes, clases de interés especial, son lugares donde puede encontrarse una identidad renovada.

En los 50, el psicólogo Abraham Maslow construyó la pirámide de las necesidades humanas. En su centro ubicó las necesidades de pertenencia y el sentimiento de aceptación. Por debajo de ellas, las necesidades fisiológicas y de seguridad, ambas dependientes de la habilidad de los padres para satisfacerlas. Hasta cierto punto, la familia también proporciona una base para configurar el sentimiento de aceptación. Sin embargo, los hijos tienen que salir del hogar y del clan para experimentar esas necesidades por sí mismos. El papel de los padres se convierte entonces en un sistema de apoyo. Es importante para cada ser humano cubrir las necesidades de pertenencia y, así, ascender en la pirámide hacia el nivel de la autoestima.

A pesar de los obstáculos que este tipo de movimientos presentan a la familia, suelen ofrecerle, simultáneamente, oportunidades para alcanzar nuevos niveles de éxito. La victoria profesional de los padres no subsiste independientemente de sus miembros más jóvenes. Las transiciones suaves pueden dotar de experiencias más alegres a todos los integrantes, y el hechizo puede convertir al dragón del temor y la resignación en fuente de participación y entusiasmo (traducción: Ivonne Moncada Ramos, M.A.).