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Si una mañana de verano un niño
Roberto Cotroneo
Cuentos
Taurus. Madrid. 1995, 162 págs.

Inducir a la lectura por decreto o mandato es la receta más segura para el desastre. Dejar un libro en la mesa de luz, leer en voz alta a los hijos, dejarlos comprarse y comprar libros, pueden ser medios diferentes que lleven a un mismo fin. Pero no hay nada más efectivo, seguro y confiable que alimentar el amor a la literatura. Sí: hablar de los libros que leemos, contarles cómo nos apasionan o entristecen, abandonar por un momento a los hijos para seguir leyendo y contar como lo que es: un hermoso cuento por qué Remedios, la bella, se va volando entre la ropa tendida.
Ésta es la antiquísima y maravillosa receta que nos redescubre Roberto Cotroneo desde las páginas de Si una mañana de verano un niño. La sencilla historia de un crítico literario que descubre al hijo pequeño su pasión por ciertos libros. (Sesamoábrete: encontré mi alma gemela frente a la Isla del Tesoro: yo también sentí escalosfríos ante el ciego Pew y el lado siniestro de John Silver). Pero hay más: en el libro desfilan libros conocidos y desconocidos. Porque ésta es la historia de una vida que merece ser contada y que sólo cobra sentido cuando la letra impresa refleja la vida real. Más que educación sentimental o aprendizaje de la vida, el exquisito trabajo de Roberto Cotroneo es un abierto desafío para que cada lector trace sus propios trópicos y meridianos, su propio mapa, su propia existencia a la luz de las lecturas que le han dado vida.
Un libro apasionante, cómplice y retador. Anímese, recoja el guante.