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Todo el mundo habla de “la crisis”. No podemos escapar a esta frase o a la realidad de que, en México, la crisis es parte de la vida diaria. Desde el gobierno hasta las familias, todos saben qué representa; pero, en el hogar como en las empresas, es necesario buscar una solución rápida a este problema que sólo tiene dos posibilidades: salir de ella o quebrar.

En este libro, los autores exploran aspectos importantes para la recuperación de las empresas en crisis. Recurren a ideas propias producto de largos años de experiencia en el rescate de diversos negocios que experimentaron este conflicto.

Su objetivo es explicar una serie de reglas prácticas que permitan a la empresa recobrar nuevamente la estabilidad. No se puede leer la obra sin participar en ella. Por ejemplo, al final de cada capítulo los autores formulan preguntas a manera de autorreflexión y sugieren tareas a realizar, útiles para cualquier empresario. Al final, se incluyen cuatro casos que van desde una escuela hasta una firma de biotecnología, para enriquecer la comprensión de las etapas del rescate. Señalan que, en las crisis, sin importar el tipo de negocio, siempre existen fenómenos que se repiten y requieren un tratamiento similar.

¿Cómo iniciar un rescate?

Primero, es importante que un ejecutivo identifique los tipos de crisis y problemas. En general, las empresas tienen dos tipos de crisis: internas o externas. No importa dónde se haya generado el conflicto: la solución comienza por la empresa misma.

Las actuales etapas del rescate incluyen análisis, plan, acción y evaluación. No siempre es posible saber cuándo comienza una etapa y termina otra, porque como señalan los autores, el proceso es similar al paso del azul al verde en una escala cromática. Sin embargo, se deben trabajar dichas fases en orden.

Después de todo, el rescate de la empresa es como un arte prudente, como señala el libro: “en esa dirección, imperar es determinante”.

1) El análisis: su meta es conocer la visión general de la empresa y sus negocios. En otras palabras, antes de meter las manos y planear una estrategia, es importante tener un panorama claro de la probabilidad de sacar la empresa adelante.

Se compara el análisis de los rescates con novelas policiacas: un crimen no se soluciona sin conocer antes el lugar en el cual se realizó; de igual modo, una empresa no se rescata sin comprender su entorno. Se requiere un entendimiento global del negocio: información general para familiarizarse con la empresa y determinar la magnitud de la crisis.

Los autores equiparan esta etapa a la elaboración de la historia clínica de un paciente. Aunque existen datos que parecerían obvios, hay que tomar nota, porque ciertos aspectos que podrían pasar desapercibidos son, en muchas ocasiones, determinantes en el momento del rescate.

El tiempo del análisis es importante. Éste no puede apresurarse porque se corre el riesgo de cometer errores. Generalmente se lleva de tres a cuatro semanas, aun en empresas pequeñas. Dependerá de la disponibilidad de la información y la premura del problema. Sin embargo, el análisis debe ser conciso y rápido, aunque no por ello incompleto. Lo fundamental es verificar qué tan real ¾ o errónea¾ es la información recibida. Recuerde que una mala decisión puede acelerar el proceso de crisis en vez de ayudar a salir de ella.

Además se deben conocer: políticas de la empresa, con quién se comprará, qué nivel de crédito existe y cuantificar los recursos financieros, materiales y humanos. Estos últimos son los más importantes, no sólo significan una lista del personal, sino también su antigüedad y sueldo.

2) El plan: pretender el rescate sin un plan es riesgoso. La primera etapa a seguir es definir los objetivos: generar valor económico agregado, verificar si se es solvente, servir a la sociedad o comunidad en donde se ubica la empresa, y buscar un beneficio para las personas que trabajan en ella.

Existen seis actividades esenciales en la elaboración de un plan: tener muy clara la misión; identificar cuál es el espíritu y filosofía de la empresa; definir su negocio en términos precisos; realizar un autodiagnóstico; estudiar el sector; y visitar a sus clientes.

Sólo después se elaborará el plan. Se sugieren preguntas como las siguientes: ¿qué es lo que se va a hacer?, ¿quién será el responsable?, ¿qué recursos se asignarán al cumplimiento de las metas?, ¿en qué fecha se lograrán y cuál será el método a seguir?

Una parte integral del plan es lo que ellos denominan “intangibles”. Son preguntas que otros libros de empresas siempre olvidan: ¿cuáles son las virtudes de la empresa, el dueño, directivos, empleados y obreros?, ¿cómo pueden estas virtudes contribuir al rescate?

3) La acción: debe ser identificada, clara, escrita, fechada, participativa, responsable, flexible y con seguimiento. Comprende la limpieza o formación de una nueva estructura (incluye: práctica, lugar de trabajo y filosofía de la empresa), el establecimiento de normas y políticas, y la certeza de que las alianzas y compromisos internos se basan en el plan y la motivación de atacar el macroproblema definido en el análisis.

4) La evaluación: En esta etapa se puede saber si se alcanzó el objetivo: la estabilidad del negocio.

Sin embargo, a pesar de “toda la buena voluntad del mundo y los mejores planteamientos estratégicos”, si la empresa queda sin flujo, no habrá remedio posible.

De la introspección al cambio

Las ideas planteadas son prácticas y claras, pero implementarlas es responsabilidad del ejecutivo más alto de la empresa. Aunque varias organizaciones en crisis necesiten esta guía, muchos directivos no implementarían las sugerencias. ¿La razón? Las preguntas y el análisis que hacen los autores son, en su mayoría, de carácter introspectivo. Se requiere una gran confianza y humildad para saber que se manejó mal la empresa y es indispensable un cambio. Sin embargo, a través de virtudes, valores y las etapas prácticas descritas en este libro es posible rescatar a una empresa de la crisis.