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Parece sorprendente pero no lo es tanto. Amplios grupos de nuestra postmoderna y computarizada sociedad vuelven mente y corazón – ya que no los ojos- a los ángeles. Sí, los ángeles – esos seres que, junto con los demonios, la modernidad canceló como supersticiones medievales- , están de moda.

En Alemania protagonizan películas, sus libros escalan listas de mayor venta en Europa y Estados Unidos, y en algunas librerías conforman sectores completos. Hillary Clinton lleva siempre consigo un broche de oro con alas de ángeles y los tomó como motivo principal para decorar el árbol navideño de la Casa Blanca en 1993. El TIME les dedicó el tema de portada en ese mismo invierno y la artista Jill D´Agnencia siembra de aladas imágenes brillantes, los barrios afectados por los disturbios; en las esquinas, en las paredes, en los parques, en paradas de autobús y del metro y junto a los montones de basura: “La experiencia de ver un ángel – dice- o incluso, más importante (…), el acto de buscar un ángel recordará a cada persona el lugar que ocupan en la ciudad de Los Angeles…”.

El imperio de la moda se extiende y alcanza ya a nuestro país. Puebla de los Angeles, la ciudad “por ellos trazada”, estará de plácemes porque sus arquitectos vuelvan a ser reconocidos.

Esta edición de ISTMO aborda el tema a través de la pluma de varios de nuestros colaboradores. La explosión de este fenómeno parece responder a muchas causas, entre otras, el aislamiento que produce el individualismo que nos lleva a buscar al “acompañante del alma”, la eterna necesidad de encontrarse con el espíritu y, por supuesto, la instrumentalización que realizan los mercadólogos de esa misma necesidad, convertida en objeto de consumo…

En esta época en que hasta las guerras o desgracias se transforman en espectáculo, tan nuevo resulta lo inédito como lo repetido. ¿Será esta moda un fruto más del New Age? Es posible, pero también es cierto que a través de pinturas o prendedores, mucha gente puede acercar a la prosa del mundo, la poesía del corazón.