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El editor de la serie, R. Edward Freemen señala en el brevísimo prólogo del libro Ethics and Excelence (1), que el texto está dirigido a ejecutivos (Business executives), especialistas en ética (Ethicist) y académicos de la dirección de empresa (Management Scholares). El autor, Robert C. Solomon, por su parte, advierte que el libro evita esa mezcla de escritura sosa y estilo de porras deportivas «<¡adelante!», «¡tú puedes!», etcétera), tan común en la literatura sobre negocios. Intención que, a mi juicio, logra.

El mismo autor señala que el libro tiene un sentido práctico, pues está escrito y planteado teniendo en mente temas de corporación y negocios, pero no resulta práctico en el sentido de facilitar recetas y fórmulas hechas a los diferentes problemas éticos. Pretende, más bien, obligar al lector a resolver problemas concretos surgidos de planteamientos éticos. Solomon logra este segundo propósito, y con ello, puede decepcionar a quienes buscan una especie de «vademecum de ética de los negocios».

Una tercer advertencia -propósito del autor- es que «ser práctico» no implica abstenerse de cierta especulación teórica. «En las páginas que siguen haré un poco de filosofía. También daré una cierta cantidad de nombres y discutiré sobre aquéllos cuyos pensamientos han perfilado nuestras concepciones actuales, entre ellos, Aristóteles, Adam Smith y John Stuart Mill» (p.9).

Este tercer rasgo del libro -cabalmente cumplido- hace del texto una obra que requiere de un mínimo interés académico, y sobre todo, precisa de «serenidad» para no asustarse ni prejuiciarse por los nombres y conceptos que aparecen con frecuencia. Platón, pleonexia, John Rawis, Hobbes, Hume, son palabras que pueden encontrarse y que -acostumbrados aun estilo tecnocrático y práctico- pueden desilusionar al CEO o MBA que lea este libro.

El lenguaje de la guerra

Ello no obsta para que el estilo sea «fresco» y típicamente anglosajón, de lectura amable y con giros coloquiales.

Ethics and Excellence puede dividirse en dos partes: la primera (sección I, caps. 1-9), es una crítica a las metáforas que se usan en los negocios, tales como «guerra», «juego», «competencia»… Metáforas tan desafortunadas como difundidas.

Muestran, en primer lugar, una autoestima deteriorada entre los hombres de negocios; mientras políticos, académicos y médicos -por ejemplo- «doran» sus profesiones con metáforas que, desgraciadamente, en ocasiones, poco tienen que ver con la realidad («servidores de la verdad», «servidores de la humanidad doliente»…), los hombres de negocios no tienen inconveniente en llamarse, y dejar que se les llame, con imágenes de agresividad, guerra y lucha.

No sólo se trata, evidentemente, de una deficiencia en el cuidado de la imagen del Businessmen. Hay algo más: el uso de estas metáforas fortalece y retroalimenta actitudes poco éticas en el mundo de los negocios. Dicho de otra manera, por hablar continuamente de la empresa en términos maquiavélico-darwinistas terminamos conformándola con nuestro modelo lingüístico.

Esta parte está muy bien lograda y, cara aun público inmerso en los negocios y con cierta prevención contra los textos académicos, es lo más atractivo del libro (excepto el capítulo 8 cuya discusión si Adam Smith pone el egoísmo como principio absoluto- es más erudita).

La segunda parte corresponde a las secciones II y III (caps. 10-26), la vertiente constructiva, no meramente crítica del libro. Solomon explica la competencia como fuerza moral que nos hace ser más honestos con nosotros mismos y llega hasta el análisis de las virtudes como condición de posibilidad de una verdadera vida corporativa.

Sentido de comunidad y cooperación

Solomon echa mano de la ética aristotélica. El nervio de estos capítulos es que las virtudes son el marco teórico adecuado para la ética de los negocios. La unidad de las virtudes («el sistema de las virtudes humanas»), el areté como excelencia, la sociabilidad humana, la justicia como virtud príncipe, son algunas de las ideas que Solomon aprovecha.

El entorno empresarial contemporáneo (rivalidades entre gerentes, búsqueda de prestigio, aridez emocional) ha generado un clima de ansiedad y presión que se refleja, por ejemplo, en la predilección por las metáforas guerreras y «darwinistas». El propósito explícito de Solomon es proporcionar un antídoto contra estas ansiedades y presiones (cfr. p. 265). Y el antídoto es un planteamiento ético: «… en los próximos años algunos de los ingredientes más importantes tanto para el éxito como para la sobrevivencia de la empresa, serán las virtudes aristotélicas; un sentido de comunidad y cooperación, y no la ficción legalista de la corporación como una competitiva máquina de hacer dinero, la búsqueda de la excelencia y no sólo los beneficios (profits) a corto plazo…» (p. 266).

Solomon advierte, sin embargo, que «ética y excelencia, comunidad e integridad no son meros medios para alcanzar la eficiencia y eficacia. Son fines sin los cuales la corporación habrá perdido su alma» (p.266).

Desde el primer momento, el autor se sitúa en un marco teórico aristotélico con franca simpatía por Santo Tomás. No se le escapan las dificultades provenientes del ataque de ambos autores a la economía política; cara -claro está- a la empresa contemporánea. Solomon es un poco ambiguo al respecto y prefiere centrarse en los puntos no problemáticos de la ética aristotélica (teoría de las virtudes).

También se observa en el libro una simpatía por Adam Smith y por Hume, a quienes exonera del cargo de considerar que el hombre es egoísta por naturaleza. Por otro lado, su desagrado por Hobbes es patente.

En conjunto, la obra está bien lograda. El autor es positivo y sabe aprovechar la filosofía sin forzar anacrónicamente a Aristóteles. Mi opinión, sin embargo, debe ser tamizada teniendo en cuenta que un Aristotelian Scholar siempre me cae bien.

Ethics and ExcelIence está compuesto por una introducción y 26 capítulos, escritos con cierta organicidad. Los capítulos son breves, y aunque pueden entenderse aisladamente, yo no recomiendo la traducción y publicación de ellos fuera del contexto, pues perderían fuerza y algunos quedarían como artículos más retóricos que de fondo (algo muy propio de la literatura de negocios, como advierte el mismo Solomon).

(1) SOLOMON, Robert C. Ethics and Excellence Cooperation and Integrity in Business Oxford University Press, Oxford-New York, 1992, 288 págs.