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Ya el poeta Manuel Gutiérrez Nájera señaló el carácter elegante y festivo de la actual avenida Franciso I. Madero en aquel verso: <<Desde las puertas de la Sorpresa hasta la esquina del Jockey Club…>> Los nombres coloniales que llevó esta arteria que parte al oeste o poniente de la Plaza Mayor fueron Plateros, San Francisco y Puente de San Francisco. La primera denominación que posteriormente se aplicó a toda la calle, se debe al hecho de que por facilidad para cumplir con las Ordenanzas de Platería y el cobro a los plateros del impuesto del quinto real (veinte por ciento), a partir de 1580 -por disposición del Virrey don Martín Enríquez de Alfianza-, los orfebres de la ciudad con taller o tienda tenían la obligación de establecer en esa calle sus negociaciones. Los otros nombres provienen del convento de San Francisco, el Grande, y de un puente que cruzaba uno de los canales que se conservaban desde los tiempos de Tenochtitlan.

Cuatro manzanas para un convento

El convento de San Francisco fue probablemente el más importante de cuantos hubo en la ciudad; hoy, su inmensa extensión es de cuatro manzanas que abarcan de Madero a Venustiano Carranza y casi de Bolívar a San Juan de Letrán. Durante muchos años, en el siglo XIII, fue la principal iglesia de México, pues la primitiva Catedral estaba en obra y posteriormente fue demolida para edificar la actual.

Esta preponderancia de San Francisco sobre Catedral se demuestra con el hecho de que en 1559, las exequias del Emperador Carlos V se hayan celebrado en San Francisco, con la asistencia del Virrey, don Luis de Velasco y Alarcón, el Arzobispo, Fray Alonso de Montúfar, O.P., los Oidores y demás cortesanos.

Dentro del perímetro de San Francisco se encontraban además, del convento con sus amplios claustros, el templo de San Francisco de Asís y varias capillas, entre éstas la Señora de Aránzazu, patrona de Guipúzcoa de la que ya no queda nada; la de San Antonio de Padua, de la que se conservan algunos muros y una cúpula decorada con azulejos, en la esquina de Venustiano Carranza y San Juan de Letrán; y la del Cristo de Burgos, igualmente desaparecida. También existían dos capillas dedicadas a San José, una denominada <<de los indios>> y otra <<de los españoles>>.

Desde 1855, bajo la presidencia de Comonfort, la comunidad fue exclaustrada y el convento fraccionado con una calle que hoy es Gante. Uno de los claustros que actualmente tiene acceso por Gante, es muy bello y está bien conservado, ahora es utilizado como templo protestante. Los restos del otro claustro se encuentran en un terreno donde estuvo el edificio Rule en San Juan de Letrán número 4 y 6, en peligro de desaparecer en cualquier momento. También subsiste la iglesia grande, con una capilla adyacente, con entrada por Madero. La fachada que da a Madero es de cantera sobre tezontle; la talla de la cantera es churrigueresca, bastante hermosa, desgraciadamente está mutilada, pues los relieves con escenas religiosas fueron raspados y ahora sus sitios están vacíos.

La capilla se encuentra a mano derecha de la entrada, hoy dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe, y antes a la advocación de Valvanera, tiene un retablo de madera tallada en estilo barroco que fue rescatado del ex-convento de Santa Catalina de Siena.

La única nave del templo grande es muy espaciosa y de amplias proporciones, los muros los decoran grandes lienzos con escenas de la vida de San Francisco, que realizó José Suárez Olvera en los años cincuenta de este siglo. En el ábside hay un retablo de estilo ecléctico, rehecho con elementos antiguos y nuevos tomados de grabados que, aunque da una buena impresión, poco es lo que queda del otrora grandioso San Francisco. El retablo principal fue uno de los primeros de estilo neoclásico en la ciudad, anterior a T olsá, lo diseñó Clapera y fue aprobado por Gerónimo Antonio Gil, entonces Director de la Academia de San Carlos; su estilo fue una transición entre el barroco y el neoclásico.

San Felipe y los azulejos

Hasta hace unos quince años existían en el patio del Edificio Cook, varios árboles que pertenecieron a la huerta del convento de San Francisco. En sus disposiciones testamentarias, el señor Cook -que construyó el edificio hacia 1920- trató de proteger dichos árboles y jardín que los rodeaba; como es de imaginarse, no se respetó la disposición de Cook y el edificio fue arrasado y, junto con él, los árboles. El terreno aplanado sirvió de estacionamiento público operado por el Departamento del Distrito Federal y hoy es un centro comercial. Así perdió la ciudad un jardín más.

Inmediatamente junto a San Francisco y en el sitio en que se alzó la capilla de Aránzazu, está el Templo Expiatorio de San Felipe de Jesús, construido por subscripción nacional a fines del siglo XIX, su arquitectura es bastante extraña para su ubicación: es una mezcla del romántico, del bizantino y estilos nórdicos, por lo que podríamos llamarle <<neorromántico>>.

Este templo es el segundo que se dedica a San Felipe de Jesús, protomártir de México y de América Española y hasta la fecha el único santo mexicano. Nació en esta ciudad y llevó el nombre de Felipe de las Casas, fue martirizado en Nagasaki, Japón, en 1597, beatificado por Urbano VIII en 1629 y canonizado en 1862.

Frente a San Francisco y San Felipe, está la Casa de los Azulejos que fue erigida por los Condes del Valle de Orizaba en el siglo XVII, la decoración de azulejos que recubren su exterior es del primer tercio del siglo XVIII; este palacio es sui generis, pues no obstante que su género es el barroco, su especie es única, al ser el sólo caso de este tipo de decoración en la ciudad. Esta casa está ligada a numerosas historias y leyendas cuya narración es muy amena, entre otras la de las carrozas que se enfrentaron en el callejón de la Condesa; la del reloj perdido en una fiesta; la de la muerte del último Conde; la del Cristo de los Desagravios; etcétera.

Del interior, donde está instalado el restaurante Sanborn´ s, queda poco original: el patio es muy bello y la escalinata de espléndidas proporciones, en el rellano de la escalera, hay unos interesantes lambrines de azulejos, decorados con motivos heráldicos que representan las armas de los Hurtado de Mendoza, Suárez de Peredo, Vivero, Aberruza, Malo, Núñez de Villavicencio, Manrique de Salas y Arias, linajes todos éstos a los que pertenecieron los Valle de Orizaba, En esta casona estuvo el Jockey Club, al que se refiere el poeta Gutiérrez Nájera.

El palacio de Iturbide

Más adelante y en la acera que mira al norte, se admira el llamado Palacio de Moncada. Esta casona, hoy sede de oficinas corporativas del Banco Nacional de México, es gemelo del Palacio de Jaral de Berrio; lo mandaron hacer los mismos dueños y asimismo fue construido por el arquitecto Guerrero y Torres. Frente a las otras casonas nobiliarias de Guerrero y Torres, ésta no es una adaptación sobre una construcción antigua sino una obra nueva: la fachada es en tezontle y cantera, de tres pisos, el tercero coronado por una hermosa terraza y loggia, elemento que hasta entonces no había en México.

El portón de acceso es grandioso y lo enmarcan dos figuras de Hércules que sostienen el balcón principal, este elemento también es novedoso en la decoración novohispana, pues antes no encontrábamos este personaje mitológico.

El patio presenta unas esbeltas y altas columnas que sostienen arcos de medio punto, y en los tramos intermedios hay medallones con personajes a la romana. Lo italianizante de toda la composición se atribuye a la intervención del príncipe siciliano Pietro Ercole de Moncada de Aragón, Branciforte y Platamone, Marqués de Villafont; yerno de la señora que ordenó la construcción y marido de la propietaria Doña Ana María de Berrio y de la Campa. Heredó el inmueble el hijo de este matrimonio, Juan Nepomuceno de Moncada y Berrio, sucesor asimismo de los títulos de sus padres y sus abuelos. Este propietario prefería la vida de cortijo a la de la corte, y pasaba la mayor parte del año en sus haciendas del Bajío, por ello, no tuvo inconveniente en facilitar su palacio a don Agustín de lturbide, como residencia, antes de ser aclamado Emperador; luego de la coronación en la Catedral siguió habitando ese Palacio y en él se desarrollaron muchos de los acontecimientos del período.

Cadáver de piedra

Otra casa interesante de esta arteria capitalina la encontramos en la esquina de Madero y Bolívar. Es una construcción inmensa de tezontle y cantera, que fue la casa del acaudalado minero José de la Borda, el mecenas de Santa Prisca en Taxco. Tan importante personaje no podía omitir el tener una casona en la corte mexicana.

En las esquinas de Madero y Motolinia, en la acera que mira al norte, hay dos elementos interesantes, uno es una cabeza de león, en donde hoy es la Optica Turati y antes estuvo la Joyería La Violeta. Esta escultura que se encuentra a dos metros del nivel actual del suelo señala hasta dónde llegaron las aguas de la inundación que sufrió la ciudad en 1629, la más grave de todas. Fue de tal magnitud, con una duración de cinco años, que se pensó mudar de asiento la capital a la cercana Villa de Tacubaya; el costo de lo ya construido en México, hizo desistir de la idea del cambio. La imagen de la ciudad en 1629, nos la pinta un poeta anónimo: <<Cadáver de piedra hundido en cristalino sepulcro>>.

En la otra esquina está la casa del Marqués de Prado Alegre; hoy sólo queda de original el exterior pues los interiores se demolieron y reconstruyeron con fines utilitarios. Son notables en la fachada -además del ordenamiento barroco del tezontle en muros y la cantera en jambas y dinteles- el blasón cuartelado con una cruz paté del Solar de Tejada, que utilizó el de Prado Alegre y una labra azteca de un círculo inscrito en un cuadro que representa un solo un chimalli (rodela o escudo defensivo). Como dato interesante menciono que el ideólogo liberal José María Iglesias, descendía de los Prado Alegre. Esta casa fue originalmente construida -para su morada- hacia 1740, por el Caballero de Santiago don José Gutiérrez Rubín de Celis, constructor también del edificio de la Aduana.

La airosa Profesa

En la intersección de Madero e Isabel la Católica, arteria antes denominada en ese tramo del Espíritu Santo y San José el Real, se alza el Templo de la Profesa, iglesia espléndida, segunda de la ciudad sobre la que sólo tiene precedencia la Catedral.

Si bien el exterior de la Profesa es airoso, adornado por dos torres y coronado por una cúpula, su interior lo es aún más, pues contiene el más logrado conjunto neoclásico, de gran categoría de la ciudad, coordinado nada menos que por el insigne Manuel Tolsá, a quien debemos el retablo mayor, la imagen de San Felipe Neri en gloria que lo corona y las bellísimas tallas de la Dolorosa, la Purísima y San Francisco Javier que se veneran en sus altares.

Tradicionalmente se han como modelos de la Dolorosa a la célebre Güera Rodríguez y de la Purísima, a su hija, la Marquesa de San Miguel de Aguayo, aunque ello es poco probable. Pero si las naves de la iglesia exhiben hermosas tallas y pinturas, el anexo de la misma alberga una importante pinacoteca que contiene más de 450 pinturas perfectamente conservadas, restauradas, catalogadas y todas en sus marcos.

La Profesa fue originalmente una iglesia jesuita: en el siglo XVIII, tras la expulsión de la orden de los dominios de Carlos III, la Real Audiencia celebró un convenio de permuta con el Oratorio de San Felipe Neri; hasta la fecha son los Padres de San Felipe quienes tienen a su cargo el templo.

Contraesquina de La Profesa existe una construcción que si bien no es colonial, es bella: el inmueble de la Joyería La Esmeralda. En ese solar estuvo la casa del Presidente Sebastián Lerdo de Tejada, quien falleció soltero ahí. La fachada actual corresponde a la que hizo la sociedad Zivy y Hauser, nombres de dos joyeros suizos propietarios de La Esmeralda. Al cierre de esa negociación, el inmueble tuvo la suerte de ser restaurado y ocupado por una casa de bolsa; luego por Banca Cremi; hoy desafortunadamente, ese banco sólo ocupa la planta baja y tanto el piso noble como el segundo se han alquilado a una academia comercial, cuyo cuidado deja mucho que desear y que ha puesto desagradables letreros en las ventanas.

Arteria prestigiosa y lucidora

En la calle de Plateros y sobre la Mayor estaba el célebre Portal de Mercaderes donde se encontraban varias tiendas.

Por la hoy avenida Madero hicieron sus entradas triunfales los dos Emperadores: don Agustín de Iturbide y Maximiliano, y por esa misma arteria regresó Benito Juárez al triunfo de la República; lo que nos señala que para tirios y troyanos ha sido arteria prestigiosa y Iucidora.

Ya fuera de <<Plateros>>, pero en las calles aledañas, podemos admirar otras construcciones. . Como el Palacio de los de Miravalle, en Isabel la en el arco de su portón aparece vacío el espacio del escudo de armas.

Este título del siglo XVII concedido a los Dávalos Bracamonte, enlazó con los Fernández de Hijar, descendientes del Rey de Aragón, don Jaime el Conquistador. La casa, en buen estado de conservación, tiene pinturas murales de Manuel Rodríguez Lozano. Otra casona interesante es la llamada de los Marqueses de Uluapa, en 5 de febrero número 18; de particular interés son los paneles de azulejos con personajes femeninos y masculinos que aún se conservan en su interior.

En la calle de Bolívar, entre 16 de septiembre y Venustiano Carranza, en la acera que mira al oriente está la Iglesia del Colegio de Niñas y lo que resta de ese plantel educativo. El Colegio lo fundó en el siglo XVI la cofradía del Santísimo Sacramento de la Catedral, con el título de Colegio de Nuestra Señora de la Caridad. La iglesia con una nave paralela a la calle de Bolívar presenta dos portadas pareadas del siglo XVIII, decoradas por estípites tempranos y bajorrelieves con el pasaje de la Visitación, misterio titular del templo. La fachada de lo que fue el Colegio es hoy solamente un telón barroco.

Luego de muchos años de abandono y agresión al Colegio de Niñas ahora ya está caminando un proyecto de instalar ahí, con toda propiedad, el Club de Banqueros que se mudará del edificio Guardiola a su nueva sede.

Durante el siglo XIX, de 1841 a 883, es decir, 42 años, fue capellán del Colegio de Niñas, el doctor en Teología, don Manuel de Icaza e lturbide a quien se debe que la iglesia haya sorteado la tormenta de la Reforma. Fue el Padre de Icaza el primero que trajo a México la devoción a la advocación de Nuestra Señora de Lourdes, y en la capilla adyacente a la iglesia, construyó la réplica de la gruta de la aparición, misma que aún hoy subsiste.