La gente lo conoce en la plaza como «el rey» y a David Silveti le sobra humor para no creérselo. El amor y la añoranza por los toros ha formado en su familia, con este hombre de ojos claros, la única tercera generación de toreros mexicanos.

 

Con veinte operaciones -vestigios de ternura de sus toros- y treinta y siete años, afirma que su mejor faena la realizó al casarse con su esposa Laura.

Para acariciar su miedo, antes del encuentro con los toros, David Silveti modela una fantasía: entrar al ruedo -con la plaza llena-, darse media vuelta, tomar un taxi y regresar a su hotel.  La risa que provoca la imagen le devuelve la intuición de ser -sólo»- un artista con vocación de toros que dibuja, con vena  profunda, el infinito revuelo en la afición taurina

20 cirugías y una vocación

¿Cómo manejas el miedo?

 

Antes tenía miedo de tener mido: te sudan las manos, aumenta la palpitación, a veces tiemb las… Si le das entidad, remueve todos tus pensamientos. He toreado estando &$o que no sé hacerlo, por sentirme presa del miedo y he pensado: .Dios mío, cómo quisiera no ir a torear y estar en otro lugar -donde fma-, no aquí*.

 

Sin embargo, al estudiarme percibo que el miedo, lejos de ser algo &agradable, es una herramienta útil: si no lo tuviéramos estaríamos muertos.

 

Gracias a él desarrollo recursos técnicos taurinos para ejercer mi actividad. Cuando tengo miedo me digo que va  bien la cosa.  Lo malo acontece cuando no lo siento, ahí es cuando pasa algo anormal; pareciera que voy de paseo al campo cuando, la verdad es que me jugaré la vida. Ese «cachito» de miedo me permite estar alerta y realizar cosas que pueden salvarme.

 

Eso es lo emocionante de esta profesión: tratar de manejar convivir y aceptar todas las emociones en un apasionante proceso interior.

 

 Además  pasa el tiempo y ves la realidad en otra dimensión, y aunque sigues siendo torero, tus propósitos cambian.   En la plaza eres lo que en algún momento el espectador quiere ser y hace como una traslación de su personalidad en ti; por eso cuando  triunfas se manifiesta  tanto a tu favor, porque él ha triunfado.

 

El toreo tiene cantidad de elementos que requerirían  cada uno, horas y horas de estudio y eso es muy divertido: jamás podré decir que sé todo acerca de esta siempre hay algo qué profundizar. Lo más curioso es que, incluso a través de entrevistas, reencuentro cosas que había dejado de pensar, y en la plaza no hay corrida en la que no aprenda, como torero o como espectador.  El toreo tiene una dinámica fortísima por eso está tan lejos de volverse rutinario.

 

Siempre ocurren situaciones nuevas; por ejemplo, creo que los toreros   nos hemos jugado más la vida  en los medios de transporte que delante del toro.

 

El arte a que has dedicado la vida exige la presencia constante de la muerte, ¿qué significa para ti?

 

A diferencia de las demás artes, la materia prima con la que uno trabaja puede causar la muerte. Tengo ya veinte cirugías y muchas de ellas podrían haber sido en el vientre o en el cuello El artista se entrega por completo y sabe que, en la medida en que lo hace, es imposible calcular;

simple y sencillamente se da y eso implica todo. Los toros que me han lastimado han sido precisamente los buenos; con los malos resulta difícil salir corneado  porque no te entregas con facilidad.

 

Sé que la muerte, en un plano espiritua4 es un paso de la vida actual a las vida eterna. Me parece maravilloso tener la oportunidad de ejercer, con  todo lo que implica, una vocación como la mía. Fuera de eso, la cercanía con la muerte es parte  de mi trabajo. El torero se enfrenta  a situaciones

límite de forma continua a diferencia de muchas personas que se plantean estas circunstancias una o dos veces en su existencia; aquí hablamos  de mi trabajo ordinario.  Precisamente porque existe vocación, puedes sobro pasar o convivir con esas sensaciones de miedo, incertidumbre o gozo intenso.

 

Vida de toros

 

¿Qué  opinas del toreo como forma de crueldad hacia los animales?

 

No creo, definitivamente,  que sea una crueldad  con  el toro. Mira,  el protagonista central

de la fiesta no es el torero, el toro. Si no fuera por la existencia de un animal que cuando te acercas, en

lugar de huir, defiende su territorio,  el toreo no existiría; no cualquiera animal  hace eso, es condición especifica del toro bravo.

 

Gracias a la fiesta de los toros , hoy existen más toros bravo  en el mundo que en toda historia, en comparación con otras razas de animales que incluso están a punto de extinguirse porque han sido descuidadas.

 

Pocos animales viven tan a gusto, aunque sea sus cuatro anos, como un toro bravo: se le anima, se le cuida, se le dan los mejores alimentos, vive en el campo, se respeta su estilo de vida, el ganadero se preocupa para que tenga los elementos necesarios y crezca  y se fortalezca lo  más  posible. Esto sucede con el toro bravo a diferencia del manso  que es sacrificado en el matadero; esos toros  viven cuando mucho un año, el bravo cuando menos cuatro  hablamos en términos cuál vive más.

El toro bravo puede  lograr con su comportamiento en la plaza, cosa que no sucede con ningún otro animal, que su nombre quede inmortalizado.  Existen  hasta la fecha nombres de toros admirables que

hicieron una gran faena. Fuera de «Mister Ed», o «Lasie» , por ejemplo, cuyos nombres existen todavía, los demás animales se mueren y se acabó. El toro bravo tiene la oportunidad de que su  nombre se inmortalice y, además, mundo es excelente se le perdona la vida, se le indulta.

 

Un toro está en Posibilidad de regresar a su casa por muy bueno o por muy malo; tiene oportunidad de no ser tocado si él no quiere atacar; sólo que en ese caso es tratado como los demás toros.

 

Se le «pica»  porque entonces el torero tiene la oportunidad de torearlo más  cerca, más despacio y con más arte. Ese es el objetivo, descongestionarlo, no tratar de hacerlo sufrir, no es el propósito.

 

Además como profesional del toreo, estoy inmensamente  agradecido por la existencia de esta raza hermosa  con esa particular forma de reaccionar que permite vivir a muchos y desarrollar  una vocación que da para mantener numerosas  familias que vivimos de los toros. Y no solamente me refiero a los toreros, los ganaderos o  los empresarios, también a los «taqueros» que están fuera de las plazas, las personas  que venden «esquimos»  dentro de ella, la gente que vive del campo, los transportistas de toros, los publicistas y muchos más involucrados  en la fiesta.

 

Fiesta  de arte y espíritu

 

¿Qué expresas cada tarde en el ruedo?

 

En un sentido humano es la posibilidad de realizarme como persona y cumplir mi función dentro de la sociedad:  servir.  En última  instancia ése el propósito de la fiesta, hacer pasar a la gente un rato agradable en donde pueda  percibir realidades que ordinariamente no capta;  provocar  emociones es parte, muy hermosa , de mi actividad sensual, intelectual, espiritual.

 

Soy feliz porque vivo apasionada e intensamente mi profesión. Por otro lado, es mi trabajo; de ahí saco dinero para mantener a mi familia

 

En un plano distinto,  es mi oportunidad de &r un buen ejemplo y servir a Dios.  Lo hago a través del toreo como otros lo hacen mediante la medicina, al manejar un taxi o al servir una mesa de restaurante.

 

¿Cuál es el sentido espiritual de la fiesta de los toros?

 

El toreo, como toda actividad artística, comprende un plano sensual  −de los sentidos que trastoca tu cuerpo; otro intelectual en cuanto dominas a un animal al ejercer una técnica especifica −en la que te entrenas durante mucho tiempo−; y un plano espiritual en donde, como torero,  algo -momentos de

belleza, arte…- comunicándote  con la gente en un terreno más profundo.

 

El dominio del arte del toreo requiere el manejo de la técnica necesariamente, como ocurre en la pintura o en la danza  por ejemplo pero sólo después de dominarla es cuando puedes dar paso a tu

expresión artística.  Sin embargo, existen toreros  que han logrado “pellizcar” al publico −en el término gitano taurino−  hacerles sentir algo sin ser muy buenos toreros.  Y hay otros que a  falta de entrega, son demasiado «cerebrales» y logran un toreo menos espiritual menos artístico.

 

La fiesta está entrelazada con el fenómeno religioso. ¿Es profundo o se queda en el santiguarse antes de salir al ruedo?

 

Cuando un torero se viste para salir al ruedo sabe que se puede morir;  no como algo teórico, sino «de a de veras».    Es alguien que entiende que dentro de unas horas puede haber muerto o estar lisiado para siempre. Si en algún evento de tu vida −algún accidente de automóvil o un sismo terrible− te sientes realmente cerca de la muerte, la primera reacción, por lo menos la de un importante porcentaje de personas, será acudir a Dios, por conveniencia o necesidad. Creo que los toreros tenemos un sentido auténtico de acercamiento religioso en los momentos límite de nuestra carrera porque percibimos que sólo a El es a quien, en última  instancia, se puede recurrir; te das cuenta que existe elementos fuera del alcance de tu mano. En este sentido el torero sí es auténtico.

 

Pero ocurre que falta mucha de cultura religiosa  en este medio;  muchos toreros somos supersticiosos  o fetichistas por el manejo tan cercano con la muerte y por la influencia  gitana.  Es chistoso: sé que es real el momento en que el torero se santigua, pero suele suceder que, pasada la corrida  al torero se le olvida continuar esa relación con quien pidió ayuda. Creo que es parte de la poca cultura , porque cuando un torero aprende a acercarse a Dios con un poco de formación, entiende muy bien lo que es entregarse a El, porque sabe lo que es darse por completo para  torear.

 

Tradición torera

 

¿Qué pasa si tus hijos deciden ser toreros?

 

Desde luego les ayudaría en todo lo que estuviera a mi alcance. Trataría de asegurarme que su concepto de la profesión fuera real que no les atrajera el oropel de la fiesta, sino que percibieran que implica compromiso, responsabilidad, vocación que exige entrega, dedicación, sacrificio disciplina, estudio, esfuerzo. El toreo tiene costos tan caros que, si no tienes vocación humanamente  no puedes explicarlo.

 

Cuando yo digo que tengo veinte operaciones, la gente  que estoy loco. Pero sigo en el toreo porque tengo  vocación. En latín “ vocare”  es «llamado a», y mientras Dios me preste vida, mis piernas funcionen, el valor no se me acabe y me dé ilusión, seguiré toreando.

 

A pesar de que he pasado  nueve años  de mi vida haciendo rehabilitación, si se me preguntara nuevamente volvería  a elegir ser torero.  Me siento agradecido por la oportunidad de serlo. Cuando me visto de torero lo hago con gran ilusión y cariño porque se el costo de ponerme el traje de luces ha sido muy alto.

 

Tienes 37 años y 21 dedicados al toreo, ¿qué harás cuando llegue el momento de retirarte?

 

Soy una persona hiperactiva, me encanta descubrir cesas nuevas. Cuando estoy en el mar con un visor y veo sus maravillas me digo que sería increíble dedicarse a eso.  Cuando leo sobre el movimiento de la bolsa me parece interesante captar su funcionamiento o cuando veo a un buen abogado y percibo cómo aplica las leyes y ayuda  a tanta gente, me siento identificado  con su forma de trabajar. Hay muchas cosas que me gustaría realizar  pero no tengo disponibilidad, por el memento, de aprenderlas, y mientras más camine el tiempo, será más difícil  hacerlo.

 

Quizá me encamine a labores en el campo a través de la agricultura; también me gustaría ejercer  algún trabajo de tipo social donde Pudiera contribuir eficazmente  al auxilio de  los demás. Tal vez permanezca dentro del  toreo como empresario, ganadero o apoderado. Me parece que sería bueno fundar una escuela del toreo.  Hay muchas posibilidades.

 

Todo lo que se acerque al cuidado de la belleza a mi me parece fundamental. En el t oreo no se diga que: tú sepas que las muletas son rojas porque, desde que se hizo la primera, así fue, por ejemplo, fascinante. Me gusta que cada elemento de la fiesta  tenga su personalidad. el capote, el color del ruedo, el tendido de la arena, la vestimenta del torero…

 

 Actualmente los sastres cosen para los toreros con muchos materiales plásticos para que su vestimenta sea más fácilmente lavable pero nunca he usado una cosa así. Mi ropa se lava a mano como se lavaban antes los vestidos, porque este rito tiene algo de místico: un torero se ofrece en su arte, puede morir.

 

Es maravilloso que no  sólo se respeten esos elementos de valía sino que se exalten. Son parta de la fiesta  que están ahí por algo y que se han definido con la sangre de muchos toreros.  Saber que una mujer cosió un vestido de torero  con un trabajo y un material admirables porque sabía  que se lo pondría alguien que iba a jugarse la vida es algo que va más allá de la tela que cose.

 

Jamás Podría torear vestido de pants. Cuando voy al campo, por ejemplo, algunos compañeros se visten así  con tenis porque es más cómodo, y tienen razón, pero yo necesito vestirme de torero, desde luego

no con mi traje de luces, pero me parece que si no soy capaz de respetar mi profesión no puedo respetarme  a mi mismo.

 

De los grandes atractivos o de las grandes riquezas que posee el toreo es,  precisamente −harta en el caló que utiliza el público para hablar de toros o a  la forma en que nosotros nos expresamos−, el halo de tradición que rodea a la fiesta.

 

Todo esto es magnífico  y me divierte muchísimo que el toreo sea así.  Me encanta