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	<title>Revista ISTMO &#187; Inquietudes</title>
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		<title>Usted no conoce a Ratzinger</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 22:59:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>victor_isolinodovalgonzalez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inquietudes]]></category>

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		<description><![CDATA[Benedicto XVI es la antítesis de un papa simplemente encantador que enamoró a la muchedumbre con su espontaneidad y sentido del humor, cualidades inexistentes en un hombre como él, más bien frágil y discreto. Esa fragilidad, como ha reconocido Mario &#8230; <a href="http://istmo.mx/2011/12/usted-no-conoce-a-ratzinger/"></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/12/inquietudes-originalbaja1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-60723" style="margin: 5px;" title="inquietudes-originalbaja" src="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/12/inquietudes-originalbaja1-300x102.jpg" alt="" width="300" height="102" /></a>Benedicto XVI es la antítesis de un papa simplemente encantador que enamoró a la muchedumbre con su espontaneidad y sentido del humor, cualidades inexistentes en un hombre como él, más bien frágil y discreto. Esa fragilidad, como ha reconocido Mario Vargas Llosa, «es engañosa, pues se trata probablemente del Papa más culto e inteligente que haya tenido la Iglesia en mucho tiempo, uno de los raros pontífices cuyas encíclicas<br />
o libros un agnóstico como yo puede leer sin bostezar». Y desde esta condición de hombre de ideas, Ratzinger vence la timidez; y la fragilidad, entonces, se torna fuerza.</p>
<p>Criado en el campo, forjado en la llama de la guerra y formado en la más alta reflexión, Ratzinger no concibe la fe lejos de la inteligencia, ni el amor, al margen de la razón. Esa coherencia le ha permitido conquistar, a pesar de su talante estrictamente teológico, a millones de personas por todo el mundo y encabezar la ruta del catolicismo hacia el siglo XXI (no hay adjetivos que describan acabadamente la escena de Cuatro vientos, por ejemplo).</p>
<p>Quienes opinan que Benedicto XVI es el <em>panzer kardinal</em> radical y obtuso y bajo ese prejuicio se han formado una imagen suya, deberían de leer, al menos, <em>Mi vida, </em>la pequeña autobiografía publicada en 1977. El entonces cardenal Ratzinger salpica de anécdotas una obra hechicera, entre otras, cuando en el seminario de Frisinga se dio de bruces con un tomismo rígido en las clases de Filosofía. Marcado su itinerario espiritual por san Agustín, el joven Joseph concebía la teología dentro de los registros de la apertura y la discusión y no encorsetada en el discurso de un profesor del que le impresionaba su entusiasmo, pero en el que se dejaba ver alguien incapaz de plantear preguntas, «alguien que defendía con pasión, frente a cualquier interrogante, lo que había encontrado. Como jóvenes, nosotros éramos precisamente personas que planteábamos preguntas».</p>
<p>En Ratzinger se combinan la pasión por la tradición, un aventajado dominio de la música y la convicción de que el diálogo hunde sus raíces en la reflexión libre de imposiciones; estas tres cualidades hicieron de él un teólogo peculiar, dueño de un pensamiento abierto, de una alta capacidad creativa y un método fundado en la conciencia histórica. Al verlo en el Bundestag, por ejemplo, no sorprende su fluidez al hablar del Derecho en un discurso a la vez enérgico y cálido, argumentado desde la ciencia y la historia, y del que sobresale la raíz agustiniana del pontífice. Al referirse a la supremacía de la justicia por encima de cualquier éxito político, el Papa advirtió a los diputados alemanes que ese éxito «puede ser también una seducción y, de esa forma, abre la puerta a la desvirtuación del Derecho, a la destrucción de la justicia. ‘Quita el Derecho y, entonces, ¿qué distingue al Estado de una gran banda de ladrones?’, dijo en cierta ocasión san Agustín».</p>
<p>Por eso no hemos visto el turbio escenario lleno de oscuras arbitrariedades que anticiparon los fervorosos esnobistas cuando el cónclave de 2005 le confió la sede vacante al entonces prefecto de la sagrada congregación para la doctrina de la fe. Y no lo veremos. En el referido discurso en el parlamento alemán, Benedicto XVI mostró una vez más las reglas que norman su cabeza. «Es necesario volver a abrir las ventanas, hemos de ver nuevamente la inmensidad del mundo, el cielo y la tierra, y aprender».</p>
<p>Al leer la obra de Joseph Ratzinger uno constata su reconocimiento a la primacía del amor y de la razón en la vida humana; sus libros son un homenaje al mensaje cristiano del amor. No por nada fue cautivado por san Agustín –«ama y haz lo que quieras»– en sus años de seminarista y, más de medio siglo después, puede leerse en <em>Caritas in veritate</em>, «no podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad».</p>
<p>Dicen que la Providencia dispuso que Juan Pablo II ganase el corazón de millones de personas para que Benedicto XVI llenase sus cabezas. Y dicen bien.</p>
<p>Estudió Filosofía en la Universidad Panamericana. Trabaja en la oficina de Comunicación Institucional de la misma</p>
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		<title>Su «especial» manera de celebrar la vida</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 22:58:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaruisanchez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inquietudes]]></category>

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		<description><![CDATA[La primera vez que escuché el término «capacidades especiales» para referirse a la «discapacidad» me pareció un eufemismo absolutamente descabellado. Si bien soy muy sensible al tema debido a que mi hermano forma parte de los 5 millones 739 mil &#8230; <a href="http://istmo.mx/2011/12/su-%c2%abespecial%c2%bb-manera-de-celebrar-la-vida/"></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/12/inquietudes_originalbaja.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-60720" style="margin: 5px;" title="inquietudes_originalbaja" src="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/12/inquietudes_originalbaja-300x103.jpg" alt="" width="300" height="103" /></a>La primera vez que escuché el término «capacidades especiales» para referirse a la «discapacidad» me pareció un eufemismo absolutamente descabellado.</p>
<p>Si bien soy muy sensible al tema debido a que mi hermano forma parte de los 5 millones 739 mil 270 mexicanos que padecen algún tipo de discapacidad –cifra que representa 5.1% de la población total–, llegué a pensar que el nuevo término implicaba conceder demasiado, imaginaba que para decir que alguien posee «capacidades especiales» necesitaba ser capaz de volar, predecir el futuro, teletransportarse o algo similar.</p>
<p>Hoy, tras reflexionar mucho sobre el término y después de leer el libro de Sabina Berman<em> La mujer que buceó dentro del corazón del mundo </em>(«El buen vicio», <strong>istmo</strong> 316) que relata con tremenda sensibilidad la historia de una joven con autismo… «me cayó el veinte»: a diferencia de «inválidos» y «discapacitados» –sus peyorativos predecesores– el término «personas con capacidades especiales» da por primera vez en el clavo.</p>
<p>¿Por qué? Quienes conviven con una persona que padece limitaciones físicas, mentales, intelectuales o sensoriales saben que suelen desarrollar con creces otras habilidades. Por ejemplo, los invidentes llegan a «ver» y retener a través de los oídos y el tacto mucho de lo que a veces escapa a simple vista; otro ejemplo: las personas con limitaciones para caminar o moverse, desarrollan una capacidad de observación muy por encima de la media, gracias a que no van por la vida tan de prisa; finalmente, las personas con sordera, se vuelven tan sensibles que logran percibir y dar sentido a la vibración de los sonidos en el suelo… ¿cuántas veces se ha detenido a observarlo?</p>
<p>Podríamos desmenuzar muchos casos. Sin embargo, lo que todos poseen es una sensibilidad que sin lugar a dudas califica de «especial». Basta ver cómo paladean cada experiencia, su manera de celebrar la vida, tratar a los demás, ser conscientes de cada logro –en verdad no sé cómo es que dejó de ser importante subir un escalón o peinarse solo.</p>
<p>No es mi intención ablandar el corazón de nadie, ni mi «inquietud» hacer buena publicidad a este grupo, sólo discurrir sobre la importancia de la forma en que nos referimos a las personas y lo mucho que puede esconderse detrás de cada término… tan sólo llamarles «inválidos» es incorrecto.</p>
<p>La forma en que nos referimos a los demás y nuestra ligereza para encasillarlos tras un simple vistazo… expresa mucho de nosotros, por ello creo que el término «capacidades especiales» finalmente ha hecho justicia –al menos discursiva– a los ex discapacitados y es quizá una forma de avance.</p>
<p>¿Hacia dónde? A reconocer y valorar las diferencias en lugar de referirnos sólo a dos grandes grupos: normales y «subnormales». Hacia la posibilidad de, al menos nombrarlos con respeto y ver que a pesar de las dificultades, no sólo carecen de algo sino que poseen un «extra» que nos habla de su tesón por seguir el ritmo de una vida acelerada, pero sobre todo de una capacidad inusual para arraigarse a la vida y a quienes tienen cerca, con una valentía y sensibilidad que muchos no advierten porque se limitan a ver sólo lo que no pueden hacer como los demás.</p>
<p>Pienso que si algo nos hace diferentes al resto de los animales es precisamente nuestra capacidad de apoyarnos y compensar mutuamente nuestras carencias. Ellos dejan atrás a los que no pueden seguir el mismo paso, en cambio, nuestra humanidad nos permite construir una red de apoyo en la que algunos ven con los ojos, otros a través de lentes o por medio de un bastón o las yemas de los dedos.</p>
<p>En el mundo que deseamos construir, el paso al que cada quien vive y la forma en que lo hace no sería motivo de discriminación porque lo cierto es que no importa tanto la forma sino el fondo, y sin duda la diversidad enriquece a todos.</p>
<p>*Egresada de Comunicación (Universidad Panamericana) y del Máster en Edición de Libros (Universidad de Salamanca). Se ha desempeñado como editora y colaboradora en revistas y libros.</p>
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		<title>Bradbury tenía razón</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Sep 2011 19:05:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>victor_isolinodovalgonzalez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inquietudes]]></category>
		<category><![CDATA[316]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Lo duda? Mírese y admítalo: para usted, concentrarse por una hora y memorizar el dato más ínfimo le resultan tareas imposibles. Ya sea dedicarle toda su mañana a una sola tarea o retener el nombre de quienes le acompañan en la junta, su atención prolongada es nula. Sí, usted pertenece al 72% de la población que se distrae fácilmente durante su trabajo, en especial, por culpa de cualquier cachivache conectado a internet. <a href="http://istmo.mx/2011/09/bradbury-tenia-razon/"></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em> </em></p>
<p style="text-align: right;"><em><a href="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/09/inquietudes-isolino.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-60002" style="margin: 5px;" title="inquietudes-isolino" src="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/09/inquietudes-isolino-268x300.jpg" alt="" width="268" height="300" /></a>Es extraño que se escriba tanto y se lea tan poco</em></p>
<p style="text-align: right;">Dr. Samuel Johnson (1783)</p>
<p>Casi 60 años después, hemos llegado al estado de las cosas predicho por Ray Bradbury (1920- ), destacado escritor americano del género de ciencia ficción, en <em>Farenheit 451</em>.</p>
<p>Recordará ese mundo perfecto donde el Estado consigue deshacerse de los libros (funesta herramienta para pensar); a cambio, la autoridad dispuso en cada hogar una pantalla en la sala para reproducir constantemente su señal. Dada la seguridad, los bomberos ya no apagaban incendios, sino que atendían emergencias de libros que rondaban por ahí, moviendo la mente de los incautos. ¿El epígrafe de la novela? «451°F. La temperatura a la que arde el papel».</p>
<p>Y aunque los bomberos aún no se dedican a quemar libros, la profecía de Bradbury se ha cumplido. Hoy, ya no hay libros (no fue necesario quemarlos, bastó dejar de leerlos) y la señal perpetua nos llega vía <em>smartphone;</em> el sueño totalitario se cumple: incapaces de reflexionar, nos convertimos en simples operarios.</p>
<p>¿Lo duda? Mírese y admítalo: para usted, concentrarse por una hora y memorizar el dato más ínfimo le resultan tareas imposibles. Ya sea dedicarle toda su mañana a una sola tarea o retener el nombre de quienes le acompañan en la junta, su atención prolongada es nula. Sí, usted pertenece al 72% de la población que se distrae fácilmente durante su trabajo, en especial, por culpa de cualquier cachivache conectado a internet<sup>1</sup>.</p>
<p>¿Por qué sentimos un ansia por saberlo todo; pero no conservamos nada en la cabeza? ¿Por qué no podemos leer de corrido 145 páginas sin divagar? ¿Por qué echamos mano de la calculadora para sumar 872 y 9321? ¿Por qué sentimos que se nos oxida el cerebro?</p>
<p>El ensayista Nicholas Carr se hizo estas mismas preguntas y confesó que, a diferencia de años atrás, su concentración se pierde apenas leer dos o tres páginas. Su ensayo «Is Google making us stoopid?» (<em>The Atlantic </em>301) creció hasta convertirse en <em>The Shallows: what the internet is doing to our brains?,</em> un repaso de cómo las nuevas plataformas fortalecen ciertas áreas del cerebro en detrimento de otras, lo cual me lleva a concluir que ni la devaluación de la ortografía ni la estrechez del horizonte cultural de muchas personas son una coincidencia; dicho con Alessandro Barico, vivimos una nueva invasión bárbara.</p>
<p>Baricco apunta: «los bárbaros lo son respecto a aquello que se considera la civilización, una civilización que se siente devastada en sus valores esenciales: la duración, la autenticidad, la profundidad, la continuidad, la búsqueda del sentido de la vida y el arte (…). En lugar de todo esto, triunfan la superficie, lo efímero, el artificio, la espectacularidad, el éxito como única medida de valor (…). Vivir se convierte en un<em> surfing, </em>en una navegación veloz que salta de una cosa a otra como de una tecla a otra en internet».</p>
<p>El simulacro define los límites del territorio bárbaro que habitamos hoy y que rebasó con creces a la ficción de Bradbury; un espacio donde los únicos códigos válidos son los de la superficialidad, la rapidez y el espectáculo, donde, como se ha quejado Alejandro Llano, «lo que se valora es el brillo, la prestada claridad, el reflejarse y el resbalar de las luces artificiales por la superficie de objetos niquelados».</p>
<p>No sé si hoy somos más tontos; al menos parece que estamos convirtiéndonos en chimpancés amaestrados, cuyos pulgares danzan sobre las diminutas teclas de un teléfono para funcionar, impedidos para resistirse a los mandatos del amo. Las conversaciones claudican ante el poderío del iPhone y nuestra mayor obsesión, Twitter.</p>
<p>Recordará usted que en<em> Farenheit 451,</em> Montag, el protagonista, da con el grupo rebelde encargado de preservar a los libros del fuego, memorizándolos (uno es <em>El quijote,</em> aquel es la <em>Ilíada</em><em> </em>y así). Al final, me parece que Bradbury seguirá teniendo razón: volveremos a la tradición oral, volveremos a nuestra memoria y empezaremos de nuevo.</p>
<p>__________</p>
<p><sup>1</sup> <em>Energy: The x factor in engagement, productivity and performance.</em> A white paper by the Energy Project. 2011.</p>
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		<title>Sexting: acoso y redes sociales, peligrosa combinación</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Sep 2011 18:57:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>israel_reyna</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inquietudes]]></category>
		<category><![CDATA[316]]></category>

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		<description><![CDATA[Su deseo de ser popular la llevó a aceptar la maliciosa propuesta de su compañero: tomarse fotografías provocativas. La chica en principio no accedió, pero después de mucha presión del joven y de los «sabios» consejos de sus amigas, aceptó con una condición: sólo él podría verlas. Sin embargo, el chico nunca tuvo la intención de conservarlas y las repartió entre sus amigos, quienes las difundieron rápidamente por las redes sociales más visitadas.  <a href="http://istmo.mx/2011/09/sexting-acoso-y-redes-sociales-peligrosa-combinacion/"></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/09/inquietudes-israel.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-60008" title="inquietudes-israel" src="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/09/inquietudes-israel-300x198.jpg" alt="" width="300" height="198" /></a>Con apenas 14 años, Laura estaba muy interesada en crecer, hacerse notar y salir con compañeros del colegio, inquietudes muy comunes entre jóvenes de su edad. Comenzó a tener contacto con uno de sus compañeros de escuela, dos años mayor que ella y considerado el «más popular». La trataba como una niñita boba y Laura hacía lo imposible por llamar su atención, pero él sólo se divertía. Un día, su nuevo amigo comenzó a presionarla para que demostrara que no era una niña inocente, como parecía; si quería salir con él tendría que comprobar que ya era una mujer.</p>
<p>Su deseo de ser popular la llevó a aceptar la maliciosa propuesta de su compañero: tomarse fotografías provocativas. La chica en principio no accedió, pero después de mucha presión del joven y de los «sabios» consejos de sus amigas, aceptó con una condición: sólo él podría verlas. Sin embargo, el chico nunca tuvo la intención de conservarlas y las repartió entre sus amigos, quienes las difundieron rápidamente por las redes sociales más visitadas.</p>
<p>Tales acciones definitivamente no consiguieron que Laura tuviera la popularidad deseada y la hicieron víctima de <em>ciberbullying, </em>obligándola a soportar insultos, burlas y el acoso de otros jóvenes, quienes al ver sus fotografías, la tacharon de «chica fácil». Basta con leer un poco sobre el tema para encontrar miles de situaciones parecidas.</p>
<p>Esta nueva forma de relacionarse entre los jóvenes se conoce como<em> sexting</em>. El término se compone de dos palabras en inglés<em> sex</em> y <em>texting</em>, pues comenzó con los mensajes de texto vía celular. Hoy, el poder de las nuevas tecnologías ha detonado el problema a niveles alarmantes, ya no sólo hablamos de texto y fotos sino también de material en video.</p>
<p>Según una encuesta realizada por la  Alianza por la  Seguridad en Internet (ASI) a 10 mil estudiantes de entre 12 y 16 años, casi 8% ha enviado imágenes de desnudos y semidesnudos propias; 36.7% conoce a alguien que haya enviado imágenes y más de 10% ha participado en mensajes de texto con contenido sexual. El estudio menciona también que en México hay más de 11 millones 600 mil personas entre 6 y 19 años, lo que significa que alrededor de 4 millones conoce a alguien que ha participado de estos mensajes.</p>
<p>Estas cifras son alarmantes. Los jóvenes deben tener muy claro que al enviar una fotografía suya jamás volverán a controlar su destino. Podría parar en cualquier lugar y poner en peligro la reputación del fotografiado, sin contar las complicaciones legales que acarrea su difusión. Según la Unidad de Investigación Cibernética de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, el <em>sexting</em> podría calificarse como pornografía infantil, delito que se persigue de oficio.</p>
<p>Se han reportado casos de jóvenes que tienen fotografías comprometedoras de sus parejas y las obligan a diversas actividades sexuales bajo la amenaza de publicarlas. «Juegan con el poder» y tal vez ni siquiera noten que están cometiendo un delito.</p>
<p>Tan sólo en Facebook hay más de 750 millones de usuarios y la cifra se incrementa cada día. Es importante que sociedad y gobierno entiendan el poder de estas redes pero también sus peligros y dediquen esfuerzos a la prevención de este problema antes de que se convierta en el cáncer de nuestros jóvenes.</p>
<p>Los esfuerzos de los padres y las escuelas por prevenir estás prácticas son insuficientes. Hoy más que nunca las familias deben inculcar valores en sus hijos, pues si bien las personas que participan de esta distribución son responsables del daño que ocasionan, la responsabilidad está en la persona que decide realizar este tipo de fotografías y subirlas a la red a disposición de todo el mundo. Definitivamente es momento de actuar desde todas las trincheras.</p>
<p>Recomiendo visitar los sitios www.ciberbullying.com y http://asi-mexico.org/sitio/index.php. Además, el sitio www.pantallasamigas.net ofrece información y videos de apoyo para prevenir a los jóvenes y a sus padres sobre estas prácticas.</p>
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		<title>¡Ahí vienen los viejos!</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jul 2011 15:01:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>victor_isolinodovalgonzalez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inquietudes]]></category>
		<category><![CDATA[315]]></category>

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		<description><![CDATA[Admítalo: nada nos preocupa más que un anciano pretenda atendernos en alguna transacción económica o servicio. Sea un taxista que claramente roza los 70 o un ejecutivo de banco (si es que aún existe la persona que se atreve a contratarlos) el asunto claramente saldrá mal: o no nos escuchará o se le olvidará algo o lo que sea; es que hay una edad en la que ya, cada quien a su casa para no entorpecer la eficacia a la que estamos llamados. <a href="http://istmo.mx/2011/07/%c2%a1ahi-vienen-los-viejos/"></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/07/inquietudesisolino.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-59610" style="margin: 5px;" title="inquietudesisolino" src="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/07/inquietudesisolino-300x103.jpg" alt="" width="300" height="103" /></a>Admítalo: nada nos preocupa más que un anciano pretenda atendernos en alguna transacción económica o servicio. Sea un taxista que claramente roza los 70 o un ejecutivo de banco (si es que aún existe la persona que se atreve a contratarlos) el asunto claramente saldrá mal: o no nos escuchará o se le olvidará algo o lo que sea; es que hay una edad en la que ya, cada quien a su casa para no entorpecer la eficacia a la que estamos llamados.</p>
<p>Afortunadamente, nuestra sociedad democrática, siempre respetuosa e irrestricta observadora de las buenas costumbres, ha encontrado fórmulas que nos permitan referirnos a ellos sin atender a su penoso estado: adulto en plenitud, tercera edad, adulto mayor… (¿ya escuchó el anuncio del INEGI?: «No soy viejo, soy un adulto mayor»).</p>
<p>No por nada la vejez ha aterrado al género humano desde siempre. Ahí está el doctor Fausto subastando su alma por juventud para enamorar a la febril Gretchen.</p>
<p>Pero hoy, cuando la humanidad ha dado por fin con la clave de la juventud, cuando por fin la ciencia médica y la nanotecnología nos permiten retrasar el proceso de envejecimiento, existen unos cuantos descarados que se atreven a presumir sus canas y su vejez y, lo más peligroso, están de moda.</p>
<p>Hace unos pocos días, me topé con una lista formada por varios de estos adultos mayores en nomellamesadultomayor.com, todos vivos para mi sorpresa y todos famosos. ¿Los conoce? ¿Sabe por qué están en boga? Copio y pego los 8 primeros:</p>
<p><strong>1. </strong><strong>Alexander Ferguson (Glasgow, 1941). </strong>70 años. En 2011, Fergie –como se le conoce en el mundo del futbol– cumple 25 años como director técnico del Manchester United. En su palmarés hay de todo: ligas, copas, copas de Europa, copas de campeones.</p>
<p><strong>2. </strong><strong>Gabriel Zaid (Monterrey, 1934). </strong>77 años. Impulsor de una economía sustentable basada en la sensatez, su pensamiento sigue provocando a propios y extraños.</p>
<p><strong>3.</strong><strong> </strong><strong>Vicente Leñero (Guadalajara, 1933).</strong> 78 años. Recién llegado a la Academia Mexicana de la Lengua, ha escrito más de 30 trabajos entre novelas y obras de teatro.</p>
<p><strong>4. </strong><strong>Elena Poniatowska (París, 1932).</strong> 79 años. Su crónica sobre los eventos de 1968 la catapultó a la fama. Acaba de publicar <em>Leonora,</em> novela sobre el surrealismo en México alrededor de la fallecida Leonora Carrington.</p>
<p><strong>5.</strong><strong> Roberto González Barrera (Monterrey, 1930).</strong> 81 años. Uno de los empresarios más importantes de México, su última conquista: la integración de Ixe y Banorte.</p>
<p><strong>6.</strong><strong> </strong><strong>Benedicto XVI (Baviera, 1927).</strong> 84 años. En las décadas recientes no ha habido un teólogo como Joseph Ratzinger. Su inteligencia se combina con la pasión por la música.</p>
<p><strong>7.</strong><strong> Isabel II (Londres, 1926).</strong> 85 años. Es quizá la mujer más poderosa del mundo. Durante la crisis financiera mundial, su figura ha mantenido la cohesión social en Inglaterra. Oportunamente, decretó un plan de austeridad para la casa real.</p>
<p><strong>8. </strong><strong>Manoel de Oliviera (Oporto, 1908). </strong>103 años. El cineasta más reconocido, no sólo por su longevidad, sino por el peso de su influencia en el cine; ha recorrido todas las modas y es figura indispensable en los festivales fílmicos de mayor prestigio en el mundo.</p>
<p>La lista completa no cabría en este espacio, pero coincidirá conmigo en que la selección es elocuente. La vigencia de dichos personajes es, al menos, sospechosa. Porque, ¿qué razón habría para que ellos marcaran la pauta en nada? Es imposible que donde gobierna la eficacia quepa la vejez.</p>
<p>Mire, el más joven, Ferguson, nació hace 70 años. Para dimensionar esa época añeja me permito recordarle que por entonces Alfonso XIII estaba vivo y en México, por cada dólar, nos daban $4.85 pesos, de los viejos que, hoy, ya no valen nada.</p>
<p>_______________</p>
<p>*Estudió Filosofía en la Universidad Panamericana; actualmente coordina la oficina de Comunicación institucional de la misma institución.</p>
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		<title>Compromiso = + felicidad y + salud</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jul 2011 15:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aceprensa</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inquietudes]]></category>
		<category><![CDATA[315]]></category>

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		<description><![CDATA[Las ventajas de llevar una vida comprometida, han llamado la atención de los científicos que consideran que los esfuerzos invertidos en realizarse, por ejemplo, mediante tareas de servicio a los demás o voluntariado, facilitan mantener en forma las capacidades cognitivas y reducen la posibilidad de padecer alzheimer, osteoporosis y otras enfermedades cardiovasculares. Según un informe que publica The Wall Street Journal, las personas que luchan habitualmente por unos ideales gozan de mejor salud mental y viven más tiempo que aquellos que buscan a toda costa felicidades a corto plazo. <a href="http://istmo.mx/2011/07/compromiso-felicidad-y-salud/"></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>M. Ángeles Burguera</strong></p>
<p><a href="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/07/inquietudesangeles.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-59609" style="margin: 5px;" title="inquietudesangeles" src="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/07/inquietudesangeles-300x218.jpg" alt="" width="300" height="218" /></a>El tener un objetivo en la vida, un fin que oriente la existencia a lo largo de los años, resulta un factor importante para prevenir algunas enfermedades e incluso retrasar la muerte en las personas mayores. Ésta es la principal conclusión de varias investigaciones puestas en marcha en los últimos diez años. Los médicos aseguran que una vida plena y con sentido aporta beneficios psicológicos y de salud física que no pueden compararse a los que se derivan de la felicidad material inmediata que proporciona el placer: una buena comida, un rato de diversión o sentimientos positivos.</p>
<p>Las ventajas de llevar una vida comprometida, han llamado la atención de los científicos que consideran que los esfuerzos invertidos en realizarse, por ejemplo, mediante tareas de servicio a los demás o voluntariado, facilitan mantener en forma las capacidades cognitivas y reducen la posibilidad de padecer alzheimer, osteoporosis y otras enfermedades cardiovasculares. Según un informe que publica<em> T</em><em>he Wall Street Journal</em><em>,</em> las personas que luchan habitualmente por unos ideales gozan de mejor salud mental y viven más tiempo que aquellos que buscan a toda costa felicidades a corto plazo.</p>
<p>Una investigación sobre los factores que influyen en la salud durante el periodo que va de la mediana edad a la vejez, realizada por el Instituto del Envejecimiento de la Universidad de Wisconsin, demostró que la felicidad o plenitud que acompaña a una vida coherente y con sentido reduce además la incidencia de otros factores de riesgo que suelen asociarse a la enfermedad, como el bajo nivel educativo. En una muestra de siete mil personas, la coincidencia de un fuerte sentimiento de plenitud y un bajo nivel educativo aparecía acompañada siempre de menores niveles de interleukin-6, un marcador asociado a la enfermedad de alzheimer.</p>
<p>A unas conclusiones semejantes llegó David Bennett, director de un centro médico en la Rush University, tras realizar un estudio entre personas mayores de ochenta años. Bennett concluye que, además de prevenir el alzheimer, los que viven con objetivos claros también son menos proclives a perder movilidad, consiguen cuidar su casa o manejar las cuentas por sí mismos, y su vida se prolonga más que la de aquellos que no tienen un fin vital claro. «La gente quiere ser feliz, pero la vida tiene desafíos; la felicidad depende en gran parte de cómo te enfrentas a ellos», explica.</p>
<p><strong>DOS TIPOS DE FELICIDAD</strong></p>
<p>Sin embargo, los dos tipos de felicidad que los psiquiatras y filósofos distinguen –la puramente material o la derivada de un impulso interior que configura el obrar– no tienen por qué verse enfrentadas y más bien suelen entrelazarse en la vida de las personas. «La lucha por mantener objetivos altos o trabajar con competencia suele producir sentimientos de felicidad, pero los que buscan de manera prioritaria recompensas en dinero o reconocimientos sociales, a menudo no son tan felices», asegura Richard Ryan, profesor de la Universidad de Rochester.</p>
<p>Los investigadores también coinciden en afirmar que una búsqueda ansiosa de la felicidad puede conducir a un resultado no deseado, incluso llegar a hacer daño en lugar de aportar un beneficio. «No hay nada malo en intentar ser felices», señala el doctor Diener, profesor retirado de la Universidad de Illinois que es consultor para Gallup en estos temas. En su opinión, las encuestas muestran que una persona corriente tiende a ser más positiva que neutra, pero también cabe el peligro de obsesionarse con la felicidad. Rumiar demasiado sobre uno mismo puede convertirse en un círculo vicioso y procurar ser feliz por todos los medios «puede convertirse en una carga psicológica».</p>
<p>Para Diener, el hecho de que la gente se queje a menudo de no tener tiempo, expresa que lo que se siente al intentar conciliar familia, trabajo y otras actividades quizá no es tan malo. Para mejorar la felicidad, «les diría que dejen de preocuparse por ellos mismos y se centren en conseguir los objetivos que se han fijado».  <strong><em>Aceprensa</em></strong></p>
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		<title>Las redes sociales son una conversación</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jul 2011 14:59:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>joseluis_lopezaguirre</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inquietudes]]></category>
		<category><![CDATA[315]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay que aprender a fracasar con sabiduría, afirma el autor de The One to One Future y Rules to Break &#038; Laws to Follow y agrega que el papel de la tecnología como una nueva dimensión en los negocios, no sólo permite crear el mayor valor posible para el cliente y para el producto, sino además ofrece la oportunidad de satisfacer las necesidades específicas (presentes y futuras) de los clientes mediante las relaciones online basadas en la confianza.
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/07/inquietudesluislopez.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-59611" style="margin: 5px;" title="inquietudesluislopez" src="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/07/inquietudesluislopez-300x100.jpg" alt="" width="300" height="100" /></a>No tiene desperdicio lo que dijo Don Peppers, principal autoridad mundial en Customer Relationship Management, cuando en junio pasado ofreció una fructífera conferencia en la Expo  Bancomer Santa Fe salpicada de ejemplos, casos y experiencias, sobre cómo incorporar el valor de los medios sociales <em>online</em> en la empresa para aprovechar al máximo la interacción con los clientes.</p>
<p>Es innegable que estos medios (Facebook, Twitter; sitios para publicar y compartir contenidos como YouTube, Fickr y poderato; blogs, wikis, marcadores sociales como Del.cio.us y diggo y cualquier otra plataforma social establecida en el ciberespacio) están revolucionando el saber y el quehacer humanos. La comunicación, el conocimiento, la política, la vida social, la gestión empresarial y la economía, entre otras disciplinas, son remodeladas por este vertiginoso fenómeno tecno-social, con efectos tanto positivos como negativos.</p>
<p>Don Peppers, considerado «one of the Top 50 Business Brains», afirma que en este dinámico sistema económico, los modelos de negocio están obligados a evolucionar hacia propuestas más flexibles, interactivas y altamente organizadas.</p>
<p>Hay que aprender a fracasar con sabiduría, afirma el autor de <em>The One to One Future y Rules to Break &amp; Laws to Follow</em> y agrega que el papel de la tecnología como una nueva dimensión en los negocios, no sólo permite crear el mayor valor posible para el cliente y para el producto, sino además ofrece la oportunidad de satisfacer las necesidades específicas (presentes y futuras) de los clientes mediante las relaciones <em>online</em> basadas en la confianza.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>CINCO PRINCIPIOS </strong></p>
<p><strong>BÁSICOS SOBRE </strong><strong><em>SOCIAL MEDIA</em></strong><strong> </strong></p>
<p>¿Cómo utilizar las relaciones con los clientes para crear valor?</p>
<p><strong>1. </strong>Reconocer la naturaleza impredecible de los medios sociales <em>online</em>.</p>
<p><strong>2. </strong>Evitar la tentación de controlarlos, resulta imposible.</p>
<p><strong>3. </strong>Comprender que los medios sociales no son un canal más de comunicación, sino una conversación.</p>
<p><strong>4.</strong><strong> </strong>Ser humildes, abiertos, honestos y transparentes.</p>
<p><strong>5.</strong><strong> </strong>Construir la confianza con el cliente por adelantado.</p>
<p>La confianza, uno de los activos más poderosos genera interacciones más intensas, duraderas, eficaces y productivas con los clientes, porque los productos y las marcas no son confiables, pero las personas sí pueden serlo. Se fortalece a medida que aumentan la frecuencia y el volumen de las interacciones, características naturales de los medios sociales<em> online.</em></p>
<p>Peppers enumeró los usos de los medios sociales en modelos de negocio para la era digital:</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>1. </strong>Generar ruido (<em>buzz</em>) para incrementar las ventas en todos los canales que utiliza la empresa. Para ello, aprovechar a usuarios con prestigio y capacidad de influir.</p>
<p><strong>2.</strong><strong> </strong>Comprometer a las personas que apoyan la marca, servicio o producto (empleados, directivos, familiares, clientes, proveedores).</p>
<p><strong>3.</strong><strong> </strong>Mejorar los resultados de búsqueda para la marca, servicio o producto. El tráfico de los medios sociales <em>online</em> genera mucho más resultados para los motores de búsqueda.</p>
<p><strong>4. </strong>Conocer, capturar y gestionar las preferencias y necesidades de los clientes para satisfacerlas a través de la atención y el trato personalizado. Este paso es el más crítico para tener éxito en los medios sociales online.</p>
<p><strong>5. </strong>Anticiparse y recuperarse de conflictos y problemas mediante el monitoreo de los medios sociales <em>online</em> y una actuación proactiva, honesta y transparente.</p>
<p><strong>6. </strong>Utilizar servicio de multitudes o <em>crowd service</em> para mejorar la experiencia del cliente; promover que clientes ayuden a otros clientes y se conviertan en super usuarios de los medios sociales <em>online </em>de la empresa.</p>
<p>Terminó diciendo que si el progreso y la innovación surgen a partir de las relaciones sociales, las empresas debieran ser capaces de aprovechar las interacciones sociales virtuales para fomentar una cultura de la innovación a través del compartir, crear redes e influir en los medios sociales <em>online</em>. Sigue a Don Peppers en twitter en: @DonPeppers</p>
<p>___________</p>
<p>* Profesor investigador de la Escuela de Comunicación y Coordinador del Grupo de Investigación en Redes Sociales Online (GIRO) de la Universidad Panamericana</p>
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		<title>De libros y emociones</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jul 2011 14:58:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosario Camargo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inquietudes]]></category>
		<category><![CDATA[315]]></category>

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		<description><![CDATA[Ahora, las grandes librerías tienen muchos empleados, se acerca uno y te pregunta qué buscas. Se dirige a una computadora, registra nombre de autor y título y te muestra la pantalla. Si le preguntas si ya leyó el libro, te ve con cara de what y te dice que no, pero que se han vendido siete volúmenes, que vale tanto, y que de ese autor les queda otro título. No hay plática ni comentarios.  <a href="http://istmo.mx/2011/07/de-libros-y-emociones/"></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/07/inquietuescamargo1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-59656" style="margin: 5px;" title="inquietuescamargo" src="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/07/inquietuescamargo1-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>No hay cosa más deliciosa que recibir un libro por correo. Se toma el paquete, se busca un lugar apartado sin intromisiones, se contempla por un rato con el fin de retrasar el momento de rasgar el envoltorio, justo para avivar el deseo, y por fin se abre. Qué placer tenerlo en las manos, contemplar la portada, acariciar la pasta y comenzar a hojearlo. Si conocemos al autor, saboreamos su próxima lectura, si no, nos preguntamos cómo será su estilo. Y luego, la incógnita del contenido, de su historia, de los personajes. Los libros se disfrutan como un buen cognac, calentado entre las manos para irlo bebiendo a traguitos.</p>
<p>Por otro lado, cada vez son más raros los libreros que sí saben de libros: te acogen con una sonrisa pues han detectado en ti al lector y cliente. Se acercan, ven en qué estante te detienes y preguntan: ¿Ya leyó esto o lo otro? ¿Conoce la biografía de fulano o de zutano? ¿Le interesan los libros de suspenso? ¿Tiene la última novela de tal autor? ¿Conoce esta antología de la poesía de Carlos Pellicer? Pero quizá ya eres su amiga, conoce tus gustos y te sale a recibir con un volumen en la mano, que casi le arrebatas y se entabla una amena plática sobre el autor. Francamente no dan ganas de salir de la librería y pasas allí toda la tarde.</p>
<p>De esos libreros quedan pocos, tal vez en algunas «librerías de viejo». Ahora, las grandes librerías tienen muchos empleados, se acerca uno y te pregunta qué buscas. Se dirige a una computadora, registra nombre de autor y título y te muestra la pantalla. Si le preguntas si ya leyó el libro, te ve con cara de <em>what </em>y te dice que no, pero que se han vendido siete volúmenes, que vale tanto, y que de ese autor les queda otro título. No hay plática ni comentarios. Si tiene el libro, lo localiza rápido y te lo entrega con una tarjetita con su nombre o contraseña, para que lo registre la cajera. Claro que en aquella inmensidad, con millones de libros, cuándo los pobres vendedores van a tener tiempo, de leer esas toneladas de papel impreso. Por eso muchas veces prefiero las librerías pequeñas con atención personal.</p>
<p><strong>UN RECUERDO Y UNA IMAGEN</strong></p>
<p>Cierto que las grandes librerías tienen un rincón con sillones cómodos, donde puedes sentarte a hojear los libros que te interesan y pasar unos minutos agradables. Allí solemos encontrar al clásico «gorrón o gorrona», que no hojea los libros sino que los lee plácidamente de cabo a rabo, en frecuentes –si no diarias– visitas a las librerías…</p>
<p>Estoy convencida que obtenemos el gusto por la lectura de la propia familia. Mi papá me aficionó desde niña a los libros. Según iba yo creciendo, me regalaba libros adecuados, sobre todo cuentos y novelas de personajes históricos. Ya adulta, para dar una tregua a la  Etnografía y Antropología, me aficioné a los de historia novelada de Larry Collins y Dominique Lapierre y los de suspenso con fondos reales de Frederick Forsyth.</p>
<p>Un recuerdo precioso que retengo y vuelvo a gozar, es un día de Reyes: me desperté tempranísimo y busqué los paquetes que me traían, aparte de los chocolates rellenos de cereza y licor. En una esquina de mi habitación, con un enorme listón dorado, se hallaba un pequeño librero –que olía a cedro– con su puerta de cristal, donde descansaban los 20 tomos de <em>El tesoro de la juventud </em>y en la parte superior se alineaban cinco enormes libros de cuentos preciosamente empastados en rojo. Uno de los mejores regalos que he recibido en la vida.</p>
<p>Y una imagen reciente que también me produce gozo, es la de dos niños pequeños –cinco o seis años–, que en una «librería de viejo», sentados en un mínimo banquito, pasaban lentamente las hojas de un deteriorado libro ilustrado de cuentos de Grimm y de Anderson. Ignoraban el ambiente de su alrededor, disfrutaban la lectura absortos. Me dolí de no llevar mi cámara y pensé que un Renoir o un Manet, hubieran bosquejado rápidamente la escena…</p>
<p>Bienvenido sea ese tipo de «gorrones…», seguramente futuros grandes lectores.</p>
<p>____________</p>
<p>*Periodista y coordinadora de Educación Continua para Adultos Mayores (ECA) en la Facultad de Pedagogía de la UP. Autora de Estreno sol cada día.<strong></strong></p>
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		<title>La culpa la tiene Gaudí</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Mar 2011 01:37:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>victor_isolinodovalgonzalez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inquietudes]]></category>
		<category><![CDATA[313]]></category>

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		<description><![CDATA[La actitud que suele adoptarse hoy en día hacia la práctica de quedarse en la cama es tan hipócrita como poco saludable. Gilbert Keith Chesterton Usted bien sabe que la lentitud es hoy el pecado por excelencia. Pasaron los días &#8230; <a href="http://istmo.mx/2011/03/la-culpa-la-tiene-gaudi/"></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>La actitud que suele adoptarse hoy en día </em></p>
<p style="text-align: right;"><em>hacia la práctica de quedarse </em></p>
<p style="text-align: right;"><em>en la cama es tan hipócrita como poco saludable.</em></p>
<p style="text-align: right;">Gilbert Keith Chesterton</p>
<p><a href="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/03/InquietudesIsolino.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-58832" style="margin: 5px;" title="InquietudesIsolino" src="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/03/InquietudesIsolino.jpg" alt="" width="205" height="139" /></a>Usted bien sabe que la lentitud es hoy el pecado por excelencia. Pasaron los días gloriosos para la gula, la avaricia, la envidia, la ira, la vanidad o la lujuria; hoy, los atentados contra la prisa y la eficacia son el enemigo a vencer y deben ser impedidos en aras de una sociedad mejor.</p>
<p>Piense en un día cualquiera en la oficina: si usted no contesta ese «correo» en menos de 12 horas, malo; la desgracia más funesta es que su computadora o la «red» estén lentas y, si por alguna razón extraña, usted invirtió más de media hora para comer, malo también.</p>
<p>Con la rapidez como señera certeza, los gurús del mundo moderno nos han facilitado las cosas mediante la provisión de los instrumentos adecuados para no perder el tiempo en tonterías. No hablo sólo del microondas, que ya de suyo es una maravilla, sino del sinnúmero de aparatos y plataformas que dejarían boquiabierto al mismo Asimov.</p>
<p>Gracias a los teléfonos inteligentes, por ejemplo, hemos alcanzado el don de la ubicuidad: entre usted y la oficina ya no hay obstáculos y puede resolver el lío de marras desde su cama aunque sean las 2 am. Imagine que la solución a ese problema del trabajo llega a su cabeza a mitad de la madrugada. ¿Qué hacer? Estire su mano a la mesa de noche y ordene.</p>
<p>Otro elocuente ejemplo son el Twitter y el Facebook. A ellos usted debe la posibilidad de informarse e informar en un santiamén, de ver y ser visto; se acabó la época del reposo y la oscuridad. La eficacia es la medida de todas las cosas. Ande, admítalo: nada como la rapidez.</p>
<p>¿Lo duda? Mire el caso desastroso de la iglesia dedicada a la  Sagrada Familia en Barcelona. El templo aún sigue en construcción y empezaron a levantarlo ¡en 1882! ¡Hace 128 años! ¡Ciento-veinti-ocho-a-ños! ¡Siglo y medio! ¡Por Dios! Y, claro, a Gaudí no le pueden pedir cuentas, porque el señor ya murió.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>DÉME TRES AÑOS, NO MÁS</strong></p>
<p>Hoy las cosas son distintas y no hay tiempo que perder. ¿Quiere usted una catedral? En un año acabamos. ¿Quiere usted cinco estadios para la copa del mundo de futbol que está organizando? Déme tres años, no más.</p>
<p>Competencia y libre mercado y que los rezagados se pongan la pila. Erradiquemos de una buena vez y para siempre los largos plazos. El triunfo del conejo blanco y Henry Ford ha llegado y lo importante es correr, lo de menos es a dónde. El futuro está ahí, delante de nosotros, y no podemos dejarlo ir. ¿La paciencia todo lo alcanza? ¡Pamplinas!</p>
<p>Sin embargo, a pesar de las denodadas empresas a favor de la rapidez, hoy sobreviven los insensatos defensores de la pausa. Este tipo de rebeldes se refugian en las bibliotecas, a cuyo amparo, dicen, piensan. Se pasan horas enteras leyendo y cavilando, sin producir absolutamente nada, como si las ideas y no el tiempo, fueran oro.</p>
<p>Mire la recomendación de Alejandro Llano, uno de estos desatinados. «La mayor proporción de educación cívica posible para un adolescente se encuentra en la sosegada lectura de la <em>Antígona</em> de Sófocles, de la <em>Ética a Nicómaco</em> de Aristóteles, de las Confesiones de san Agustín, del<em> Quijote</em>…». ¿Sabrá este señor que el <em>Quijote</em> es un libro viejo cuyas ediciones actuales constan de más de mil páginas? ¿Quién querría dedicarle tiempo a un mamotreto de hace 500 años cuando podría estar vendiendo algo o trabajando en lo que sea? Consígase un resumen, caballero.</p>
<p>Usted y yo debemos encabezar la cruzada en contra del ocio, que es la madre de todos los vicios, y allanarle el camino al negocio –no ocio– que es el padre del éxito y el dinero. El impresentable Carl Honoré encabeza un movimiento a favor de la lentitud (hágame usted el favor) y afirma sin empachos que «la lentitud nos permite ser más creativos y más felices». ¿No le parece todo esto un vulgar descaro?</p>
<p>___________________</p>
<p>* Estudió Filosofía en la Universidad Panamericana; actualmente coordina la oficina de Comunicación institucional de la misma institución.</p>
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		<title>Cuando la chata y la narizona coinciden</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Mar 2011 01:36:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mauricio Sanders</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inquietudes]]></category>
		<category><![CDATA[313]]></category>

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		<description><![CDATA[En años recientes, la ONU formó la Comisión para el Empoderamiento Legal de los Pobres, que contaba entre sus miembros al economista peruano Hernando de Soto, a Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de los Estados Unidos, y a Ernesto &#8230; <a href="http://istmo.mx/2011/03/cuando-la-chata-y-la-narizona-coinciden/"></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En <a href="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/03/inquietudesSanders.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-58842" style="margin: 5px;" title="inquietudesSanders" src="http://istmo.mx/revista/wp-content/uploads/2011/03/inquietudesSanders.jpg" alt="" width="205" height="224" /></a>años recientes, la ONU formó la Comisión para el Empoderamiento Legal de los Pobres, que contaba entre sus miembros al economista peruano Hernando de Soto, a Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de los Estados Unidos, y a Ernesto Zedillo, entre otros. Su tarea consistía en fomentar mecanismos para favorecer la pequeña propiedad privada entre los pobres del mundo. Resulta interesante que los documentos de esta comisión coincidan, en cuanto a la institución social de la propiedad, con las encíclicas de carácter social que ha emitido la Iglesia católica a partir de 1878. Ambos documentos están de acuerdo en que el derecho a la propiedad privada es un derecho fundamental.</p>
<p>La ONU y la  Iglesia están de acuerdo en que el derecho a la propiedad, cuando está bien definido, se asocia con el crecimiento económico y la cohesión del tejido social; promueve el bienestar público y el bien común.</p>
<p>Quisiera explicar por qué me parece tan interesante que estas dos instituciones coincidan en el concepto de propiedad privada y en las ventajas que ofrece como institución social. Utilizaré una imagen crasa: digamos que la Iglesia es chata y la ONU, narizona. Podría decir alta o chaparra, flaca o gorda, mientras deje claro que son muy diferentes, por su origen, historia, objetivos y la naturaleza de sus miembros.</p>
<p>En algunas cuestiones, la nariz de la Iglesia es demasiado corta. En otras, la de la  ONU es demasiado larga. Lo que para una institución podría parecer un naricísimo infinito para la otra podría parecer apenas una naricita. Esta divergencia de pareceres entre lo que se considera un perfil clásico puede causar problemas, pero ofrece soluciones. La ONU y la Iglesia difieren en muchos temas; pero cuando coinciden es mucho más probable que apunten hacia la verdad.</p>
<p>En cuanto a la propiedad privada, tanto la chata como la narizona opinan que es el aspecto normal de la humanidad y consideran que es la justa proporción. Uno podría desconfiar si dos hombres de muchísima nariz, encontraran que a alguien le falta un palmo de narices o viceversa. En ambos casos, podría tratarse de un error de perspectiva sobre un apéndice nasal bien proporcionado.</p>
<p>Sin embargo, cuando los dos extremos coinciden en un mismo juicio, parece que hay sustento suficiente para pensar que hemos encontrado la verdad. Ni la ONU quiere amarrar una nariz de payaso sobre un rostro que le parece chato, ni la Iglesia quiere practicarle cirugía plástica a una faz que le parece narigona. Ninguna de las dos instituciones pretende abolir la propiedad privada ni concentrarla aún más.</p>
<p>Si es interesante que ambas instituciones concuerden en el concepto de propiedad privada y sus ventajas sociales, lo es aún más que coincidan que hoy la institución está enferma de lo mismo y que la propiedad debe difundirse y extenderse.</p>
<p><strong>LA NARIZ IDEAL</strong><strong> </strong></p>
<p>Parece que dos instituciones respetables hoy están de acuerdo en que el sistema de organización social, basado en la libre empresa, propicia la acumulación de la propiedad en cada vez menos manos. Como civilización, no encontramos otra manera de incrementar economías de escala que fomentar unidades de producción cada vez más grandes, con la idea de disminuir los costos unitarios de producción.</p>
<p>Estamos organizando las actividades humanas como si naturalmente fueran monopólicas, a pesar de que la inmensa mayoría no lo son. Nuestra civilización, genera organizaciones económicas que existen precisamente para evitar la libre empresa de los demás: los monopolios.</p>
<p>La chata y la narizona coinciden en cuán anómalo es que relativamente tan pocos hombres posean sus medios de producción, por lo cual dependen de un salario para vivir y de la voluntad de quienes pagan ese salario. Lo deseable sería que la propiedad estuviera distribuida entre un número grande de familias, de manera que el control de los medios de producción esté en la clase media y sea esta clase la que dé el tono general a un Estado donde la independencia y la seguridad se combinen con la libertad. Si la chata y la narizona coinciden en la misma idea de nariz ideal, quizá sea que tienen razón.</p>
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<p>*Es ante todo un atento lector. Ha publicado: <em>Nostalgia del vapor</em> (Verdehalago, 1999), <em>El corazón </em>(Verdehalago, 2003); <em>El humo blanco </em>(Jus, 2003); <em>Tierra salada</em> (Anzuelo, 2005), y <em>Reino del Norte </em>(Los libros de Homero, 2008).</p>
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